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Etiquetas:   Los leones y los días   -   Sección:   Opinión

Cambio de rumbo en el país vecino

Sergio González

viernes, 27 de enero de 2006, 04:46 h (CET)
La fuerte división existente en el seno de la izquierda lusa ha provocado la llegada por primera vez en la democracia portuguesa de un partido de centro-derecha a la presidencia del Estado. Los candidatos asumieron en un principio que la llegada a la segunda vuelta de las elecciones pendía de un hilo, toda vez que los sondeos de opinión apuntaban a una contundente victoria del ex primer ministro socialdemócrata Aníbal Cavaco Silva. En los comicios presidenciales celebrados cinco años atrás la “palma” se la llevó el socialista Jorge Sampaio, pero en esta ocasión un tecnócrata iniciado en las labores agrícolas fue el que entrará por la puerta del Palacio de Belem. Su experiencia política se puede considerar fructífera, ya que se mantuvo durante diez años al frente de la presidencia de Gobierno, cohabitando por aquel entonces con uno de los grandes derrotados de la jornada electoral del pasado domingo, el padre de la democracia lusitana, Mario Soares. Su 50% de los sufragios le ha valido alcanzar el mínimo establecido para no tener que enfrentarse al candidato unificado de todos los partidos de izquierdas.

Por el contrario, el gran perjudicado fue el Partido Socialista, que ha visto como ha perdido el gran emblema que aún le quedaba en el seno institucional portugués. El apoyo que recibió el ex presidente de la república Mario Soares, no sirvió para que el también militante del “partido de la rosa”, Manuel Alegre, obtuviera porcentajes superiores (20%) a los logrados por el primero de los citados (14%). El pulso que le hizo a la ejecutiva del actual primer ministro, José Sócrates, se vio recompensado con un apoyo mayor del que muchos esperaban durante la campaña electoral. El poeta y ex militante del Partido Comunista durante la dictadura de Salazar puede haber forzado una grave crisis en el interior de la cúpula progresista, toda vez que no contó con el respaldo de ningún destacado dirigente.

Así pues, el octogenario dirigente político, Mario Soares, va a verse obligado a retirarse una vez más, como ya lo hiciera en 1996 tras haber sido relevado en su puesto por el propio Sampaio. En estos comicios, la fuerte amistad que unía a los dos postulados a la presidencia del país se ha visto muy deteriorada, toda vez que pusieron por encima de los criterios amistosos, otros de carácter reivindicativo y fuertemente egoístas.

El resto de partidos de la izquierda parlamentaria vio como sus votos eran meramente simbólicos, ya que el que tuvo un índice de apoyos mayor fue el presidente del Partido Comunista, Jerónimo de Sousa, quien, con el apoyo del Premio Nóbel de Literatura José Saramago, logró alcanzar un meritorio 8% de las papeletas depositadas en las urnas. El dirigente del Bloco de Esqerda (BE), Francisco Lousá, supo capitalizar la división existente en el seno de la izquierda lusa para arrastrar para sí un 5% de los votos emitidos, porcentaje mayor del que esperaban a priori. Por último, el abogado radical Antonio García Pereira tuvo un apoyo que no alcanzó un punto porcentual de los sufragios.

Las elecciones siguieron produciéndose a lo largo del planeta, ya que un día más tarde fueron los canadienses quienes fueron convocados a las urnas para decidir quien debía ser el nuevo jefe de gobierno. Los doce años consecutivos de presidencia liberal no servían de acicate para seguir respaldados en esta contienda. El ministro de Economía en el gobierno de Jean Chretien y actual primer ministro, Paul Martin, se enfrentaba a un proceso electoral donde tenía todas las de perder, ya que varios meses atrás vio como su efímero gobierno de quince meses caía tras prosperar una moción de censura planteada por el Partido Conservador.

De esta manera, los comicios dieron como resultado una victoria pírrica de los conservadores de Stephen Harper, quienes alcanzaron el 36% de los sufragios, para apoderarse de 124 escaños en el parlamento norteamericano de los 308 miembros que componen la Cámara Baja. Por el contrario, el descenso de los pupilos de Martin fue menor del esperado, puesto que llegó a la meta de los 100 diputados (103 escaños), muy por encima de los 60 previstos en los estudios de opinión, con un porcentaje de votos que se extendió hasta el 29%. Los escándalos de corrupción que afectaron al Partido Liberal han provocado el trasvase de una gran parte de los votantes tradicionales de centro hasta el polo derecho de la política canadiense. Las ricas regiones orientales, con la provincia de Alberta como emblema, dieron mayoritariamente su apoyo a los moderados, mientras que las atlantistas y urbanas, entre ellas Ontario, fueron más proclives a la progresía tradicional. El separatista Bloque Quebequés (BQ), que sólo se presentaba por la provincia occidental, no pudo capitalizar el voto protesta contra los liberales y vio reducida su presencia hasta los 51 escaños, tres menos que en la anterior legislatura. Por el contrario, uno de los grandes beneficiados fue el izquierdista Partido Nuevo Democrático (NPD), que vio como alcanzaba un considerable número de asientos en el parlamento de Ottawa, con sus decisivos 29 parlamentarios.

Así pues, la política del estado de “la hoja de arce” parece haber cambiado sustancialmente, toda vez que las ideas del nuevo primer ministro son bastante conservadoras y muy cercanas a lo defendido por el presidente del vecino Estados Unidos. Su clara apuesta por el llamado “escudo antimisiles” ideado por George Bush, y su opción contraria a la permanencia de los matrimonios homosexuales y el aborto en un país tradicionalmente liberal le ha llevado muchas críticas en los últimos tiempos de una sociedad que no comparte los métodos impuestos en la primera potencia mundial. No obstante, parece difícil que un partido que no ha alcanzado el número de escaños necesarios para mantenerse en un parlamento durante mucho tiempo, toda vez que no tiene a priori ningún aliado claro con el que sacar adelante su política.

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