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Rusia y Occidente en los comicios de Ucrania

Edouard Lozansky
Redacción
miércoles, 25 de enero de 2006, 00:29 h (CET)
Era prematura la alegría de cuantos respiraron con alivio después de firmado el acuerdo ruso-ucraniano sobre los suministros de gas, ya que para Ucrania su conflicto de gas de año nuevo con Rusia devino una grave crisis política interior. A estas alturas es prácticamente imposible vaticinar los resultados de las elecciones parlamentarias a celebrarse en marzo próximo. Al mismo tiempo, Rusia y el Occidente no han de repetir los errores cometidos durante la campaña presidencial electoral de año pasado, sino conceder al pueblo ucraniano la posibilidad de decidir su suerte sin injerencia desde fuera. Para Rusia es también importante impedir el empeoramiento de las relaciones tanto con su vecino próximo como con Norteamérica y Europa.

Lamentablemente en el mundo existen muchas fuerzas interesadas en tal empeoramiento que utilizarán cualquier posibilidad de alcanzar sus objetivos. Baste echar un vistazo a algunos títulos típicos de los medios de comunicación mundiales: “Política mafiosa de Putin”, “Putin y nueva versión de la “guerra fría”, “El bloqueo del gasoducto devino tragedia para Rusia y triunfo para Ucrania”, “Presidente Putin: fuera las manos de Ucrania”, “La guerra de gas ruso-ucraniana es el error principal del Kremlin”, etc. Conviene señalar que lo enumerado no es más que parte insignificante de centenares de comentarios procedentes de todos los confines del planeta en defensa de los abnegados “líderes color naranja” contra las invectivas de Moscú que intenta (sic) impedir al pueblo ucraniano realizar su añoso sueño de pasar a ser parte del Occidente.

No obstante, prestemos oído a lo que dicen estos días los propios líderes de la “revolución color naranja”. Yúschenko recalca su visión positiva de las relaciones estrechas con Rusia, también estos dos últimos meses. Se refiere en términos optimistas a su futuro ”nos hemos definido respecto a los principios que son claros y transparentes. Ucrania no va a violar ni una sola letra de los acuerdos firmados con Rusia”.

Conviene señalar la tempestad de indignación y las manifestaciones humillantes cuyo blanco es el ex canciller alemán Gerhard Schroeder porque éste, según escribió en su artículo de fondo “The Wall Street Journal”, hizo “un flaco servicio a Europa y a su propio país, apoyando el proyecto de tender el gasoducto por el fondo del Báltico, condenado premeditadamente al fracaso, al margen de Ucrania y los países bálticos”. Algunos “versados en historia” compararon incluso ese proyecto con el pacto Molotov-Ribbentrop.

Sin embargo, el señor Anatoli Kinaj, secretario del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad, uno de los partidarios más allegados de Yúschenko, puso a estos críticos en una situación sumamente embarazosa, habiendo declarado que Ucrania estaba dispuesta a participar activamente en las obras del gasoducto Norbáltico. Además, según todas las evidencias, la nueva canciller de Alemania Angela Merkel no se propone renunciar a ese proyecto y, por esta razón, el influyente “Wall Street Journal”, al tildarlo de condenado al fracaso, socava a ciencia cierta su propio prestigio.

Actualmente, en Ucrania se creó una situación bastante complicada. Según evidencian los sondeos sociológicos fidedignos, el partido de Yanukóvich va delante con el 31% de votos, mientras que el partido de Yúschenko tiene solamente el 13%. De tal modo, es muy probable que Yulia Timoshenko pueda decidir el desenlace de los comicios de marzo adhiriéndose a tal o cual bloque. Algunos políticos, por falta de ideas mejores, intentan ganarse puntos atizando la histeria antirrusa, a lo que obedecen las ocupaciones de las entidades hidrográficas de la Marina Rusa de Mar Negro.

En estas condiciones, Rusia ha de conservar tranquilidad y dignidad y, en la medida de lo posible, no dejarse involucrar en estos conflictos obviamente provocadores. Está claro que sea quien fuere el nuevo líder de Ucrania, considerará las relaciones amistosas con Rusia como prioridad principal.

Un comentarista británico quien asistió a la reciente inauguración de Nazarbáev en Astaná, sin hacer secreto de su actitud marcadamente negativa hacia Rusia, manifestó: ”Ha sido un momento sumamente decepcionante para Yúschenko y Saakashvili, porque el señor Putin, este símbolo del “imperialismo ruso” por liberarse del cual ambos luchaban, se encontraba al lado y era de sobra evidente que los dos tenían más necesidad de Putin que este último de ellos”.

Tales palabras han de servir de bálsamo para el Kremlin y sugerirle la verdad obvia que a veces la mejor política es inacción. Esto fue justo tanto con respecto a las elecciones ucranianas pasadas como ahora.

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Edouard Lozansky es presidente de la Universidad Americana en Moscú, para RIA Nóvosti.

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