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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Fraternidad esquiva

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
martes, 24 de enero de 2006, 02:02 h (CET)
Se acordarán ustedes del lema tan aireado de "Libertad, Igualdad, Fraternidad". Es más bien habitual encajarlo como una frustración al considerarlo en un doble sentido. Uno, eso de erigirse en estandarte de grandes conceptos, con frecuencia resulta confuso; por mucho que se trate de la "grandeur" francesa, no pasa de ser una actitud pretenciosa, una presunción. Y dos, si lo entendemos únicamente como ideal utópico va quedando mejor; sin embargo, cuando la utopía es muy difícil de alcanzar, esa misma lejanía nos va habituando a valorarla como una decoración insustancial, no pasa de ahí.

Hoy son otros los ambientes y los asuntos preferidos en los debates, ni lemas, ni ideales, ni gaitas. Norbert Bolz titula su libro de reciente aparición, "Vuelo sin visibilidad, con espectadores", y hace referencia a la negligencia o distorsiones presentes en nuestras cavilaciones diarias. Volar se vuela, en las muchas facetas de la vida, en el sexo, en la política, en lo económico, en la crispación, hasta en las actividades más insospechadas.

La perspicacia de Bolz apunta a esa visión neblinosa, y con ella, al desconocimiento de la meta en ese viaje vital. Por eso sobran los lemas como el mencionado. No se buscan otras luces; no sólo eso, se alardea de no hurgar entre los posibles significados. Ahora se defiende el pragmatismo rimbombante, pero romo, sin dirección. Por eso esacasean las ilusiones, no es su lugar entre semejantes acompañantes. Habrá que estar atentos y mirar con cuidado, porque también la desidia cuando ejercemos de espectadores, o sufridores, incrementará la niebla.

Las deficiencias en cuanto a igualdad o libertad tendemos a reclamarlas de los entramados institucionales. Su consecución la vemos más dependiente de otros, y quizá por ello más lejana. ¿Qué ocurre con la FRATERNIDAD? ¿Cómo eludir aquí el factor personal? De una u otra manera, las deficiencias son evidentes para los tres conceptos.

Centrándonos en la idea de fraternidad, requiere un sentimiento e implicación, siendo por ello muy exigente. Sobre todo, conlleva una relación de comunidad, de colaboración sincera en la vida común. Desde los núcleos familiares, grupos juveniles, y en los grados más diversos de colaboración. Va muy unida a la hospitalidad, camaradería y amistad. Se trata de una implicación sentida, cotidiana, considerando la proximidad de las otras personas. ¿Notamos y ejercemos esa sintonía?

Qué le vamos a hacer, son más populares otras actitudes. Bien porque tengan más morbo, por evitar el compromiso con otras personas, y otras atraerán por aquello de evitar las cercanías que siempre molestan un poco. Muchas son las vías para esquivar la fraternidad, casi siempre para empequeñecer sus aportaciones.

Las respuestan tienden demasiado a esperar la existencia de víctimas, si fueran lejanas mejor, trás el abandonismo comunitario de los más próximos, trás el desinterés estructural hacia las circunstancias de los cercanos; esto se ve aplacado por una serie de proclamas sobre la solidaridad. Calman el reconcomio por la pasividad y el no haber actuado a tiempo. Tampoco se atiende con demasiado celo a la eficacia de la ayuda, se calma la tensión por el desliz previo, sin más. No compromete, ni de lejos, como lo exige la fraternidad. Es como un sucedáneo edulcorante y benéfico.

Uno puede pertenecer al club contra la lapidación, o contra la pena de muerte en Pensilvania, pero permanecer indolente ante extorsiones graves en nuestros entornos que causen más víctimas. Con el abandono de la consideración fraterna, sí se permiten esas formas acomodaticias de aplicar la bondad y sentimientos dulces sólo en los lugares y gentes que interesen.

Otra escapatoria gira en torno a la excusa o equívoco de la pertenencia a una agrupación, como uno ya se manifestó a favor de una proclama, en pro de un determinado grupo, como ya paga los impuestos; uno ya no se siente impelido a mayores actuaciones de reforzar la colaboración con los demás.

Suele decirse, hay lo que hay, somos lo que somos, pues así será. Álvaro Valverde ponía estas palabras al inicio de uno de sus poemas: "Párate aquí, contempla / los paisajes que han ido conformando / el rostro que ahora tienes / ...". Por ahí va la cosa. Podemos efectuar un ejercicio de ese estilo. Sigamos prescindiendo de las cualidades y podremos apreciar el rostro que nos quede. Sin respetos, sin cortesía... sin FRATERNIDAD... llegaremos a ofrecer una imagen que debe ser lamentable.

No es necesario estar enamorado, ni es necesario ser amigos, tampoco tener las mismas intuiciones políticas; la mayoría de los condicionantes no van a ser imprescindibles en la cuestión que hoy nos preocupa. No se trata de una complicación enrevesada. Por una vez, estamos ante una realidad sencilla, de una facilidad asombrosa.

El meollo de la fraternidad exige la nítida consideración de simples personas humanas. Eso debiera bastar para originar una benevolencia natural entre los del mismo orígen. Despues surgirán todas las diferencias, pero partimos del mismo punto. Si la genética de una mosca o de un ruiseñor se distingue tan poquito de la humana, ¿Qué pasará cuando hablemos de las diferencias entre las personas?

Desde estas consideraciones aún nos extrañará más lo distantes que nos mostramos de la fraternidad.

Pero en los tiempos que corren convendrá progresar más y buscar nuevos lemas. Algo así como Desigualdad, Encorsetamiento y Competitividad.

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