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Etiquetas:   El espectador   -   Sección:   Opinión

Zapatero no será nuestro Churchill

Jorge Hernández

domingo, 22 de enero de 2006, 03:31 h (CET)
François-Marie Arouet, conocido como Voltaire, marcó un importante punto de inflexión hace casi tres siglos al basar la lucha contra la intolerancia, expresada en tres vertienes: la tiranía, el fanatismo y la superstición, en el lema ‘aplastemos la infamia’. Con esa premisa se gestó la Ilustración. Hoy sin embargo, parece que las luces molestan a los ojos de quienes viven en la oscuridad. El mismo espíritu en torno a la legitimidad del uso de la fuerza para defender la democracia está en Hobbes, quien declaró que la libertad tiene unos muros de protección que hay que defender y no precisamente mediante ese pacifismo de patio de colegio que predica Zapatero que a mi personalmente me recuerda a John Lennon en una cama tocando la guitarra.

Hay una recomendación que el propio Hobbes hace a los buenos estadistas: ser sociable con el sociable, y temible con el temible, pero Zapatero parece empeñado en incumplir los dos preceptos, de ahí que pretenda expulsar al Partido Popular de la vida pública y al mismo tiempo ‘trapichee’ con los dos independentismos más peligrosos de Europa. Porque a la vista está que este señor trata mejor a un partido ilegalizado incluido en la lista europea de organizaciones terroristas que al principal partido de la oposición.

Y claro, Zapatero se enfrenta ahora a los dos problemas mollares de la legislatura (en Cataluña y en el Pais Vasco), después de haberse pasado casi dos años evadiendolos. España en cierto modo se juega en estos días su propia existencia, algo parecido a lo que le ocurría a la Inglaterra de los años 40 ante la Alemania hitleriana, con la diferencia sustancial de que, afortunadamente, nuestra tesitura no es de preguerra, razón por la que hay que evitar que aparezcan iluminados con tentaciones de vincular el uso de la fuerza al de las armas, básicamente para evitar que los Ibarreches de turno, encuentren justificación al victimismo. ¿Será capaz de superar Zapatero el trance? Yo, y creo que muchos, somos pesimistas. Kaplan decía que lo que convierte a Winston Churchill en uno de los grandes estadistas del siglo XX es su sentido orgulloso del pasado de su nación que alimenta al mismo tiempo una concepción idealizada del destino por el que luchar, ideas-fuerza muy presentes en todos sus discursos. Fijense que sentido orgulloso del pasado, aunque inventado, tienen Carod Rovira e Ibarreche y hasta Josu Ternera, pero el que no lo tiene es precisamente Zapatero, que, como buena parte de la izquierda española, tiene un sentido avergonzado del pasado de su nación, por eso él no será nuestro Winston Churchill, porque carece de fe en el proyecto que dirige.

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