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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

Agendas de amor imposible

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
sábado, 21 de enero de 2006, 01:04 h (CET)
El capricho se viste de moda. Ahora toca que las agendas de nuestros escolares se europeícen de una Europa que parece condenada a la decadencia, vaciada por dentro, sin fuerza espiritual alguna, forzada a someterse a unos trasplantes y empastes que anulan su identidad y fisonomía. Por narices, durante el curso 2006/2007, se van a repartir unos pomposos dietarios europeos, entre alumnos de Cuarto de Enseñanza Secundaria Obligatoria. Sólo ellos van a ser los privilegiados o predilectos a ser educados. Como si fueran los únicos consumidores irresponsables. Al parecer, la formadora e informadora agenda, opta a ser un breviario educador. Dicen que la edición española ha sido adaptada por la Escuela Europea de Consumidores y el Instituto Nacional de Consumo, con ayuda de la RED de Educación al Consumidor. Otra cosa es que sea adoptada para el uso debido por el colegial en exclusiva y la use como manual de confesor donde dibujar los pecados.

El docente cartapacio ofrece información básica sobre gestión de dinero, publicidad, simbología del etiquetado, publicidad, derechos de los consumidores, cómo gestionar un crédito y presentar una reclamación, así como nociones sobre seguridad en Internet con el objetivo de actuar como “herramienta práctica que los jóvenes pueden utilizar para conocer sus obligaciones y derechos como consumidores”. O sea, todo un memorándum de buenas proposiciones. Palabritas del niño Jesús. Porque nuestros adolescentes están más enganchados que nunca a la llamada “sociedad de consumo”. El caldo de cultivo es propicio. Desde todos los frentes de la comunicación y desde todas las fuentes del poder se reciben los parabienes. El “bienestar” materialísticamente entendido tiende a imponerse como único ideal de vida, un bienestar que hay que lograr como sea, a cualquier condición y precio. En el lote se puede vender de todo, incluido el cuerpo y hasta el alma.

Lo insaciable de esa sociedad de consumo es que no hace a las personas felices. Sus resortes son tan fuertes que los cebos son irresistibles. La gran tentación está ahí. Sólo si consumo, existo en ese estatus social en el que puedo demostrar el poder. Todo para poder más y más… A un deseo ilimitado de posesión y disfrute se añade otro más. Esto hay que decirlo así de claro a los adolescentes y no darle, por un lado, baños de publicidad donde se estimulen los apetitos y, por el otro, dietarios que predican lamentos por la pérdida de virtudes. Esta forma de predicar es como querer cegar de un ojo para que el vecino ciegue de los dos.
Por eso, estará muy bien lo de las agendas, no seré yo el que lo ponga en duda, ni le ponga grilletes, pero el mejor medio para conseguir una sociedad de consumidores responsables y conscientes de sus derechos, pasa por otras visiones educativas de humanización muy distintas a las actuales. Tener, poseer, disfrutar, ganar, alcanzar éxito, deslumbrar a los que me rodean, son los valores que molan en los libros escolares y en la atmósfera de la vida diaria. La austeridad no cotiza. Nadie quiere ser menos que el otro. Y el otro quiere ser más que uno. Y el uno quiere ser el rey de la selva. Es el romance de la envidia brutal. Lo que toma cuerpo. Por consiguiente, y volviendo al catecismo de las agendas, por muy escolares y europeas que las etiqueten, pienso que van a quedar en papel mojado, porque el corazón del adolescente está poseído por las cosas. Lo que el adulto le siembra por decreto a su vista y a diario. Por cierto, este diario de estupideces si que marca.

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