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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Zaplana, el IVEX y las putas

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 20 de enero de 2006, 01:20 h (CET)
Para aquellos que no sepan o hayan olvidado los nombres del titular de esta columna les recordaré quién es quién. Eduardo Zaplana, actual vocero del Partido Popular en los escaños de las Cortes, llegó a Benidorm limpio de polvo y paja, es decir, sin una de las antiguas pesetas. Casó bien con una rica e influyente de la localidad, alcanzó las cimas de alcalde gracias al voto cautivo de una tránsfuga a la que todavía pagamos el sueldo los valencianos -a ella y al marido- y llegó a la cúspide de ser el máximo representante de los valencianos, pero como esto no le gustaba y sabía que tarde o pronto sus chanchullos saldrían a la luz, se hizo nombrar Ministro de Trabajo para seguir medrando en Madrid, ciudad en la que debe pensar quedarse ya que compró, gracias a un buen crédito de la CAM parecido a ese que la derecha le atribuye a Montilla, aunque esta vez sólo fue para él y no para el partido, un piso enorme en la Castellana mientras dejaba en estado de quiebra la 'Terra Mítica' de sus sueños.

El IVEX según reza a día de hoy su web 'es el instrumento de la Generalitat Valenciana encargado de la internacionalización del tejido empresarial de nuestra Comunidad'. Hace un tiempo uno era el Presidente de esta Comunidad, País o antiguo Reino y el otro era un organismo al servicio de los empresarios del citado territorio. Hasta ahí nada que objetar. Está muy bien que los poderes públicos se preocupen de dar salida en otros territorios a los productos que se producen en un determinado lugar. Al fin y al cabo en una estructura capitalista como la que nos vemos obligados a movernos estas son las reglas del juego. Y ya tenemos la pareja de juego en esta partida de cartas donde algunos, Zaplana y sus amigos, iban con las cartas marcadas.

Julio Iglesias, que como cantante puede llegar a merecerme algún respeto, era consciente que su voz ya no era lo que fue antaño. Había que comenzar a hacer caja por otros medios y los mejores eran halagando al poder mientras se metía cabeza en el negocio de la construcción. El cantante, como Zaplana, comenzó su andadura en Benidorm. Un lejano festival de la canción le lanzó a la fama con el tema 'La vida sigue igual' cuando una inoportuna lesión le apartó de la portería del Real Madrid. Y con su amigo Eduardo Zaplana pensó que la vida podía seguir igual, y que ambos podrían seguir percibiendo gabelas de los fondos públicos. Uno sería el truhán y el otro el señor de la canción que más se oye en los karaokes.

Julio acudió a poner su voz en el mitin que cerraba la campaña del PP y de Aznar en la ciudad de Valencia. Allí, en el viejo Mestalla, se juntaron centenares de autobuses con jubilados que tan sólo buscaban un día de asueto y merienda con los trinos del meliodoso Julito y las arengas de Aznar y Zaplana. Como pago a todo ello el cantante recibió la bicoca de ser la imagen y la voz de la Comunidad Valenciana en el resto del mundo. Pero no lo hizo como Antonio Banderas que, por realizar el mismo trabajo para Andalucía, tan sólo cobró un jamón y una botella de aceite de oliva. Nuestro Julio, amigo de sus amigos y de su cuenta corriente, firmó un contrato, a pagar en las islas Bahamas- paraíso fiscal- de 375 millones de pesetas, así son estos españoles tan patriotas que se van de aquí para no pagar impuestos. Este contrato, llamado A, es el que se presentó ante las Cortes Valencianas. Pero ahora se ha conocido, y denunciado por los antiguos directivos del IVEX que existía otro contrato, ocultado a los representantes del pueblo valenciano, que elevaba la cantidad a percibir por el cantante hasta los 990 millones de pesetas.

Ahora que todo esto comienza a salir a la luz pública muchos valencianos nos sentimos engañados, timados o como ustedes quieran definir el hecho. Nos parece que el que fue nuestro presidente autonómico, el Sr. Zaplana, tan sólo fue un trilero que aprovechó su puesto para pagar, con dinero público, los favores que sus amiguetes le habían hecho. Por no hablar de los contratos que, durante el mandato de Zaplana, se otorgaron a la empresa de José Luis Roberto, capo de la organización fascista “España 2000”, organizador de combates de “Valetudo” y asesor de la agrupación de Empresarios de Locales de Alterne, más conocidos como “puti clubs”. Eduardito tienes muy malas compañías, pero eso tú ya lo sabes.

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