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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Ruido de sables o dolor de corazón?

Federico Ferrando (Valencia)
Redacción
viernes, 20 de enero de 2006, 01:20 h (CET)
Si hay algo contra lo que nadie puede luchar es contra los sentimientos. Toda persona tiene sentimientos que van madurando y asentando a lo largo de su vida. Primero fue el General Mena, y le siguieron una ingente legión de generales, coroneles, ttes., coroneles etc. retirados. Algunos particulares hemos escrito en la prensa nuestro apoyo al General Mena o la discrepancia acerca de sus asertos.

Hoy nos ha sorprendido la valiente y arriesgada carta del Capitan de Infantería D. Roberto González Calderón que no hace más que expresar los sentimientos del alma en lo referente a la Patria España, a la familia, la Iglesia, y a todo el resto de principios que ha visto peligrar con el desarrollo de las leyes a lo largo de todos estos años.

Asegura el Capitán González que va a ser, cuanto menos, impedido en su ascenso militar, teniendo familia, esposa e hijos, que sobreviven del sueldo del Capitán de la Legión.

Ya aseguraba D. Javier I de Borbón-Parma y Braganza, en 1966 que España requería la puesta en marcha de un sistema jurídico foral como mejor medio para curar los separatismos, y el cauce seguro y vivo de la Unidad Nacional. Con ello, los diferentes Reinos y Principados de España podrían desarrollarse en libertad y progreso sin necesidad de dar crédito a nacionalismo alguno. La Constitución de 1978 no lo consideró así y hoy recogemos de sus dictados estas inquietudes del alma de nuestro Ejército, que, disciplinariamente, hará lo que se le ordena.

De todas formas, el papel de la Monarquía ha de ser más decisivo, como decía el parlamentario valenciano D. Antonio Aparisi y Guijarro: “yo creo la Monarquía, porque España la ha amado siempre… Si mañana se derrumbase el Trono a despecho de los siglos que lo rodean, creedme, en entendimiento humano no ha entrado la idea de la horrenda confusión que reinaría en este país”.

No son “ruidos de sables”, son los dolores del Alma y del Corazón de quienes tanto aman a España que la sirven como medio de vida para su defensa, son los dolores del Alma de tanto español que ve cómo se aprovechan circunstancialmente algunos políticos para romper lo que Dios nos ha regalado: nacer en este país para crear un proyecto común y engrandecerlo por el progreso, sobre todo humano, de sus moradores.

Son dolores del Alma.
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