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El nudo gordiano iraní

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 18 de enero de 2006, 23:59 h (CET)
Geopolíticamente emparedado, como jamón y queso en un sándwich, así se encuentra el país gobernado por clérigos musulmanes chiitas entre dos regiones (Iraq y Afganistán) invadidas por una coalición internacional mangoneada por la gran política norteamericana. Allá a lo lejos, sin solución de continuidad sobre territorios árabes, y hacia donde el sol se pone sobre el milenario país de los persas, se encuentra, desde hace medio siglo, la nueva Israel sionista armada hasta los dientes, y con potencial defensivo nuclear. En 2001, Irán dependía en un 84,8% del petróleo y el gas natural subyacentes. Tan sólo estos tres o cuatro cabos mencionados, (geografía, religión, Israel y petróleo) ya constituyen de por sí, un embrollado nudo.

Por el motivo que fuere, un estado tan rico en recursos energéticos, ha sentido la necesidad de disponer, también, de la que proviene de la fisión nuclear. ¡Lo que faltaba! De este modo, la trabazón iraní se embarulla hasta límites insolubles. Ocurre, que, esa necesidad atómica resulta sospechosa de esconder el deseo de montar armas nucleares disponibles tan sólo en el cerrado club integrado en la Organización internacional de la Energía atómica (OIEA), y por lo que se piensa en emplazarlo ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Se puede opinar acerca de qué es antes, si el huevo o la gallina: ¿Quiere defenderse de un eventual ataque “defensivo” israelí, o pretende amedrentarlo desde el poderío árabe?

Alejandro Magno, a partir de Grecia, allá por el confín de los tiempos, invadió y asentó un gran imperio sobre estas mismas tierras, trazando la legendaria “ruta de la seda” que conducía a China (el quinto en discordia, a mucho no tardar). Alejandro, en sus comienzos, se encontró ante el legendario Nudo Gordiano que ha quedado para la historia como análogo de un problema complejo, de cuya resolución depende un gran bien (en este caso el bienestar de la población iraní) y que se solventa por medios expeditivos. El asunto sucedió en una ciudad de Asia Menor al inicio de su aventura imperial, cuando hubo de enfrentarse a un yugo enlazado de tal modo al carro, con cabos indistinguibles e imposible de desatar. Al ver que no se podía, lo cortó de un tajo con su espada diciendo: "Tanto monta desatar, como cortar...". Pero, esto, ocurrió en la antigüedad, el mundo ha cambiado mucho, y da escalofríos pensar en sables que de manera expeditiva resuelven atadijos.

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