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Kioto pierde perspectivas

Tatiana Sinitsina
Redacción
miércoles, 18 de enero de 2006, 00:19 h (CET)
El año saliente, que para el Protocolo de Kyoto había comenzado con fanfarria triunfalista, poco a poco fue cambiando de tonalidad, y ahora se oyen sólo tonos menores. La suerte de este primer proyecto internacional, que se propone disminuir el efecto antropógeno sobre la atmósfera y impedir con ello el cambio climático, se va complicando cada vez más. Los pronósticos para el año entrante son poco alentadores pues los expertos no disimulan los temores acerca de que el destino del este proyecto único, que persigue objetivos buenos y nobles, "pende de un hilo".

A juicio de Serguei Kuraiev, miembro del Centro Ecológico de Rusia, quien asistió recientemente a la Oncena Conferencia de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) que se celebró en Montreal, motivos para sentirse pesimista a este respecto más que sobran. “Basta mencionar la terca actitud de la Administración estadounidense que no quiere ni oír la locución “Protocolo de Kyoto” -, dice Kuraiev -. Ya antes de llegar a Montreal los norteamericanos manifestaron que no iban a tocar el programa de la Primera Conferencia de los Estados Partes del Protocolo de Kyoto. Una actitud lenta, suavemente hablando, de la parte rusa en lo referente al desarrollo de la base institucional para el Protocolo de Kyoto también desempeña su papel nefasto -, recalcó Serguei Kuraiev.

No obstante, en Montreal se ha logrado dar un paso adelante. Sobre el telón de fondo de los acalorados debates en que se enzarzaron los Estados partes del Protocolo de Kyoto, debates en que se cruzaron los intereses de 150 Estados que a menudo tienen motivos opuestos y no quieren ceder ni un palmo de su actitud en las negociaciones, se ha logrado adoptar a duras penas los Acuerdos de Marrakech que, como instrumento adicional del Protocolo de Kyoto fundamentan cláusulas como las referentes al registro de las emanaciones de gases de invernadero, la forma de ejecución de los proyectos de realización común, el comercio de las cuotas, etc. Se establecen también las cuotas adicionales para las potencias forestales (tomado en cuenta sus sumideros de oxígeno), lo cual se refiere directamente a Rusia.

No cabe duda de que la adopción del conjunto de los Acuerdos de Marrakech deja un camino expedito para el Protocolo de Kyoto como convenio internacional vigente de la ONU. Pero, los compromisos concretos de cada país, sin los que el documento no podrá entrar en vigor, siguen siendo objeto de discusiones.

Muy difíciles resultaron ser los debates sobre el inicio de las negociaciones sobre el segundo período de los compromisos sobre el Protocolo de Kyoto que comenzará después de 2012. Aparte de carecer de propuestas más o menos concretas al respecto, los países no tienen comprensión única del formato y la orden de estas negociaciones. Cierto consenso fue logrado en forma de la decisión de crear un especial grupo de trabajo que se ocupe en los compromisos futuros y desarrollar el mecanismo de su adopción por los países que aún están ajenos a los mismos.

La opinión general es que el Protocolo de Kyoto por fin ha obtenido en Montreal la posibilidad de entrar en plena vigencia. Pero, la cuestión es ¿hasta qué punto vale esta vigencia sin países como EE.UU., China y la India que son los mayores emitentes de gases de invernadero y contaminantes de la atmósfera? No se ha de esperar que se adhieran al proceso de Kyoto, siendo insuficiente el entusiasmo de la Unión Europea, aunque apoyada a este respecto por Rusia. Los norteamericanos arguyen que adoptan medidas propias internas para disminuir emanaciones, mientras que la rígida postura de la India y China reside en que estos países, que han tardado en su desarrollo, tienen que rescatar el tiempo perdido a toda costa. Todo ello deja pocas perspectivas para el Protocolo de Kyoto.

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Tatiana Sinitsina es comentarista de RIA Novosti.

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