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El teléfono, secreto de confesión
Eduardo Cassano
Una vez más, Dionisio Rodríguez se ha vuelto a librar de la cárcel. La fama le llegó con la fuga que protagonizo “El Dioni” en 1989. Se llevó 300 millones de pesetas del furgón blindado de la empresa donde trabajaba. El dinero no apareció y ahora, lejos de seguir en la cárcel, es una estrella mediática del mundo “freaky” del espectáculo.
Esta semana ha vuelto a ser noticia, esta vez por un asunto de drogas. Sobre él pesaba una condena de cuatro años, por implicación en una red de tráfico de drogas en la zona de Malaga. El Tribunal Supremo ha decidido anular la condena, al considerar nulas las llamadas telefónicas en las que se demuestra su culpabilidad, pero parece que esa no es manera de proceder.
La justicia española ha vuelto a ser clara, se ha vuelto a equivocar. Es posible que haya una ley que impida intervenir el teléfono de la gente, para preservar su intimidad, perfecto. Pero “El Dioni” es culpable, se sabe, pero no se le puede condenar. ¿Cuándo se van a revisar las leyes para que éste, o el de Farruquito, dejen de existir? Si hay una ley, deberían contemplarse ciertas excepciones para aplicar correctamente la justicia.
A mí no me gustaría saber que me pinchan el teléfono, como a cualquier persona. Por aquello de la intimidad yla libertad. Pero, un suponer: ¿si una persona confiesa por teléfono ser el autor de un crimen, y la línea está intervenida, por qué no se le puede condenar? Yo no sé que es peor, si invadir la intimidad de un sospechoso, pero evitar un delito, o esperar a que ocurra y dejar en libertad quien lo ha cometido, aún sabiendo quien ha sido.
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