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Interdependencia energética responsable

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 18 de enero de 2006, 00:19 h (CET)
Las fuentes de suministro energético, en sus grandes dimensiones, son elementos que, junto a la reciente tecnología de las comunicaciones hacen tomar conciencia al hombre, de que pertenece a una sola raza, y de que, también, en realidad habita en una sola aldea, el globo terráqueo. El gas que necesita la Unión Europea se encuentra, en su inmensa mayoría bajo el suelo ruso o de África del norte. Si se mira el mapa del viejo continente, con suficiente alejamiento, resultan muy cercanas ambas fuentes. Luego, hay que acercarse un poco más y ver las artificiales fronteras que el hombre ha añadido en su historia, y se comprende la interdependencia establecida entre ellos por tal motivo.

Tanto Rusia como Argelia, tienen enormes bolsas de gas bajo sus pies, y siendo un producto energético de primera categoría, se transforma en incalculable tesoro para administrar y regular entre suministradores y necesitados. La reciente “guerra relámpago” del gas, entre Rusia y algunos países de la Unión, que lo reciben de ese país, y como consecuencia de sus diferencias políticas con Ucrania, es un buen ejemplo la interdependencia energética en esta vasta región del planeta. Si los unificados países europeos requieren el gas ruso, los gobernantes de la extinta Unión Soviética necesitan la poderosa moneda europea con la que se cobra. La dependencia entre los rusos y la Unión Europea es recíproca. Se necesita su energía y, ellos, el mercado, la tecnología y financiación de casi quinientos millones de europeos sin fronteras. En la actualidad, alrededor del 50% del gas y el 30% del petróleo que se importa en la UE, provienen de Rusia, y tanto Alemania, como Austria, y Eslovaquia y dependen en un 40% del gas ruso.

Es aciago vivir a expensas de que, cada invierno, el vecino que suministra el gas cierre la espita, y, con ello, coaccione para mejorar el precio a que lo vende. En el mejor de los casos es imitar a la poderosa OPEP, que, a su antojo, aprieta las clavijas del precio del petróleo al resto del mundo. A menos, que, el regionalismo en boga en España extendiera sus modales y se aplicasen ridículas “guerras”, como la del cava, que tan poco dicen de quien las defiende, como de quien se siente víctima. Y, mientras, las necesidades energéticas no cesan de aumentar. En origen, la Unión Europea importaba el 10% de su energía. En la actualidad, más de la mitad de la que consume. Y se predice, a escala mundial, que las necesidades en los próximos 25 años, ascenderán un sesenta por ciento.

Sea como fuere, la mencionada interdependencia es de desear que en lugar de pugnas, dé lugar a acuerdos que garanticen el desarrollo en común. Tan sólo se trataría de meter en la cabeza de los necios –pedir la luna- el irrefutable hecho de que la contribución al bien común es una tarea universal, y, para lo que hay que garantizar el suministro de energía como elemento clave del crecimiento económico.

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