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Michelle Bachelet: primera presidenta de Chile

Patxo Palacios
Patxo Palacios
miércoles, 18 de enero de 2006, 00:19 h (CET)
Se consumó lo que ya apuntaba la primera vuelta de las presidenciales en Chile y el país sudamericano tendrá a la primera mujer presidente de su historia.

Con un ajustado 53,49% de votos sobre su adversario, el candidato de la agrupación de derechas, Piñera, que obtuvo el 46,50%, la líder de la ‘Concertación de Partidos por la Democracia’ entró ayer a formar parte de la historia del país. Bachelet formó ya parte de sendos gobiernos de Ricardo Lagos, como ministra de Salud primero y más tarde de Defensa.

En su gestión cabe destacar la reforma para evitar largas esperas en hospitales o su bravura a pie de obra en las graves inundaciones que asolaron Santiago en 2002.

Esta mujer de 54 años vivió también en carnes propias el horror de la dictadura de Pinochet al serle arrebatado, torturado y asesinado en la cárcel a su padre, el general de brigada de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, que había dirigido en el gobierno de Allende las Juntas de Abastecimiento y Precios. Ella misma estuvo también encarcelada.

Madre de tres hijos de distinto padre, soltera y agnóstica en un país mayoritariamente católico, esta socialista se impuso a Sebastián Piñera, un empresario multimillonario, no directamente involucrado en la dictadura, pero con mucho menos cartel que su oponente.

Pese a la desaceleración económica del último lustro, propiciada por la crisis asiática principalmente, Chile ha experimentado un crecimiento sostenido desde 1997 (7% de promedio). La economía chilena es reconocida internacionalmentepor su competitividad, su bajo nivel de corrupción y su liberalización. Liberalización que iniciaron con éxito en el mandato de Pinochet los Chicago Boys, unos 25 economistas de la Universidad Católica, que obraron el ‘Milagro de Chile’ como bautizara el mismo Milton Friedman; éstos aplicaron un programa de privatización y reducción de gasto fiscal para resolver la alta inflación y dificultades económicas del gobierno de Salvador Allende. Redujeron el gasto fiscal, reestructuraron el aparato estatal, liberalizaron el mercado laboral, eliminaron controles en diversos sectores de la economía (fundamentalmente la agricultura), e impusieron el libre ingreso de inversiones y divisas. En una etapa posterior vino la reforma de la seguridad social y la privatización definitiva de las empresas claves de la estatal, así como la reprivatización de los bancos después de la crisis de 1982.

El horror de la dictadura de Pinochet tuvo en la gestión económica su único punto positivo. Estos economistas pusieron, sin duda, las bases de un crecimiento económico prácticamente continuado en los últimos 30 años.

Junto con México, Chile es hoy en día el único país de América Latina que cuenta con un Tratado de Libre Comercio con la UE y otro Tratado similar con EE.UU.

Asimismo, firmó otro Tratado de libre comercio el año pasado con N.Zelanda, Singapur, Brunei y China como puente comercial entre Sudamérica y el Asia Pacífico.

Observando el indicador económico del Foro Económico Mundial, Chile ocupa el primer lugar de América Latina en competitividad global y en índice de crecimiento.

Este debería ser el camino a seguir para sus vecinos Venezuela y Argentina y olvidar sus demagogias populistas; esas gestiones torpes, burócratas, ineficaces y no pocas veces corruptas, incapaces de gestionar con criterio y que sólo saben culpar a Washington y al ‘neoliberalismo’de todos sus males. Es ciertamente lamentable que países con los recursos naturales y humanos de Venezuela o Argentina arrastren el subdesarrollo, problemas sociales y atrancamiento económico que soportan. Y Chile no tiene más recursos naturales, no.

A las atrocidades de la dictadura de Pinchet y sus secuaces, le sucedió una transición ejemplar, con sendos gobiernos de centro-derecha de Patricio Alwyn y Eduardo Frei.

Desde hace una década larga, Ricardo Lagos ha venido dirigiendo gobiernos socialistas de centro izquierda, que tendrán continuidad en el gabinete de Michele Bachelet . La nueva presidenta intentará, seguro, continuar la senda del progreso y el crecimiento del país.

Esperemos, igualmente, que su nuevo Gobierno sepa reconocer - hoy la Constitución no lo hace - a los pueblos indígenas que forman parte de sus raíces; los mapuches, quechuas y demás siguen suponiendo el 5% del país y explican en gran medida el carácter mestizo del chileno medio – mezcla de sus ancestros indios y de los colonizadores españoles (vascos, andaluces, extremeños).

De momento, parece que su primera medida va a ser la composición paritaria hombres / mujeres de su gobierno. Les suena, ¿verdad?, esperemos que la nueva presidenta huya de medidas populistas y acierte en sus decisiones.

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