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El niño del fútbol bonito

Diego Blázquez
Redacción
martes, 17 de enero de 2006, 23:20 h (CET)
Desde que se lesionara Raúl hace casi un par de meses, Guti se ha convertido en el estandarte madridista, en el gran capitán de los blancos. Ha pasado una aguda crisis, junto a sus compañeros, coincidiendo con los últimos coletazos de Luxemburgo como técnico del club de Chamartín. Pero, el madrileño ha vuelto ha sonreír, o sería más justo decir, que la vida le está devolviendo el guiño que él mismo le ha hecho a la madurez y a la estabilidad. Pocos halagos ha recibido, porque muchas críticas siempre se ha llevado, en muchos casos merecidas, pero tan merecidas fueron aquellas como lo es reconocer que el catorce del Madrid es quien, en un principio, muchos deseamos que fuera.

De él siempre se ha dicho que era un jugador irregular, que hacía un partido muy bueno, y tres muy malos; que era un futbolista que sólo se iba del juego; que siempre estaba de mal humor; que era un niño rico inconformista; que era demasiado delicado, por no decir otras cosas que todos hemos oído sobre Guti. Sin embargo, detrás de ese futbolista caprichoso, arrogante, malhumorado e inconformista, siempre ha habido un chaval que sabía como se jugaba a esto del fútbol; un chaval que siempre ha dejado muestras de su enorme calidad, de su desparpajo y de su saber hacer en un terreno de juego. Pero pocos han sabido verlo, y menos han sabido darle continuidad y tranquilidad. Porque es muy difícil ser regular cuando sólo juegas un partido al mes, es muy difícil estar metido al cien por cien en un encuentro cuando no tienes tranquilidad y en cada acción te estas jugado el puesto; es muy difícil estar feliz cuando sabes de tu valía, pero no hay sitio en tu equipo de toda la vida para demostrarlo.

El pasado domingo se pudo ver a un Guti, muy consolidado, muy seguro de sí mismo, muy liberado, muy cómodo y con mucha tranquilidad y confianza en todo lo que hacía. Contra el Sevilla fue el mejor del encuentro, con el permiso de Zidane. Pero del francés lo que nadie se esperaba es que tuviera ese bache de juego, porque lo que hizo el galo anteanoche fue volver a ser ese Zidane de dos temporadas atrás. Lo del canterano es diferente, lo del otro día ya viene de lejos. Sin hacer ruido se ha convertido en un jugador imprescindible para el fútbol del Madrid, en un hombre fuerte de la plantilla blanca, en un jugador maduro que se ha olvidado de meterse en disputas innecesarias, en un capitán que ordena y tranquiliza a sus compañeros, pero sobre todo, en un futbolista continuo, sin altibajos, que da gusto ver, y que cada vez que tiene el balón la gente se detiene expectante a contemplar su nueva maestría en forma de certero pase o asistencia de gol maquinada unos segundos antes que el resto. Porque Guti es de esos jugadores que piensa y que lee el fútbol antes que la mayoría, de los que hoy escasean en un fútbol que se ha vuelto demasiado físico y previsible. Guti es de esos jugadores que, en los tiempos que corren, están en peligro de extinción.

El Madrid debería empezar a preocuparse en serio por él, y empezar a cuidarlo. Porque el ahora capitán madridista ha llevado a cabo un meritorio proceso de madurez que se está viendo reflejado en lo futbolístico, y apuesto lo que sea a que también en lo personal. Él ha hecho el esfuerzo de cambiar y de evolucionar, haría bien el club en empezar a recompensarle como se merece; a darle la continuidad que se está mereciendo; a hacerle sentirse tan importante como en su momento lo hicieron con Raúl. Porque los creadores de juego escasean. El exigente Bernabéu ya se ha rendido ante la evidencia. Contra el Sevilla se pudo oír una sonada ovación que el jugador nunca había escuchado en su casa.
Contra el Sevilla se pudo oír el cántico de “Guti ale, Guti ale, forza Guti, Guti ale...” que antes sólo cantaba una minoría, y que anteanoche coreó todo el estadio. Por su parte, la prensa también se ha rendido en elogios hacia el futbolista. Las portadas de los diarios deportivos llevaban ayer la imagen de Guti a toda página. El mundo del fútbol ya ha decidido. Lo que pocos sospechábamos temporadas atrás ya es realidad. Sólo falta que su equipo, al que tantas horas ha dedicado, lo empiece a confirmar en lo que ya es, y si de paso encuentra un hueco en la selección, mejor.

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