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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Dust: el regreso del outlaw

Herme Cerezo
Herme Cerezo
lunes, 8 de mayo de 2006, 05:17 h (CET)
“Hay una historia oficial que narra los hechos según los intereses de quien la escribe, hay una épica que mitifica a los protagonistas de los “grandes hechos” para ejemplarizarlos y hay una leyenda que muestra a los hombres tal como nos gustaría que fuesen... De la mezcla de estas tres formas de relatar surgió de la pluma de Jean Michel Charlier, la vida de un teniente de caballería U.S.A. que los dibujos de Jean Giraud convirtieron en el mejor Western (para mí) que se ha realizado en toda la historia del cómic”. Con estas palabras, el crítico Juan Antonio de Blas iniciaba su artículo sobre el teniente Mike S. Blueberry, publicado en la revista “Sunday” en junio de 1980). Con esas mismas palabras, a mi juicio, plenamente vigentes, inicio yo mi comentario sobre “Dust”, el último álbum de este legendario outlaw del Oeste americano.

Recuerdo perfectamente mi propia imagen barbilampiña, sentado en un sillón, comiendo pipas y leyendo las cuatro planchas semanales de Blueberry, que editorial Bruguera publicaba en sus tebeos “Bravo”, “Mordadelo” y “Super Pulgarcito”. Eran páginas exiguas, cicateras (a dos colores, el original francés siempre fue en color), que sabían a poco, a muy poco, y que releía una y otra vez a la espera de la siguiente entrega.

Mike S. Blueberry, a través de sus más de cuarenta y cinco álbumes, ha sufrido en sus carnes los entresijos del far-west: los problemas en la frontera mexicana, las guerras indias, la fiebre del oro, la Guerra de Secesión, la expansión del ferrocarril, los atentados presidenciales ... Todos sus episodios vienen envueltos en pedazos de la historia estadounidense, que le sirven de pretexto y de telón de fondo al protagonista para involucrarse y, lo que es peor, verse involucrado en mil y una tramas de las que siempre ha salido indemne pero perjudicado. Blueberry representa al anti-héroe, una figura escasamente retratada del Oeste americano, un medio en el que la vida humana valía poco, más bien nada, pendiente del azar de una partida de póquer o del duelo de unos revólveres ligeros de cascos.

Giraud (alias “Moebius”, su otro yo) utilizó la imagen del actor francés Jean-Paul Belmondo para crear el rostro del protagonista. Su grafía ha evolucionado enormemente con el paso del tiempo. Los primeros álbumes muestran un trazo más elemental, aunque minucioso. El dibujante francés siempre se ha preocupado por arropar a su personaje con los escenarios más adecuados para sus correrías. Los últimos presentan unas figuras más estilizadas, alargadas (en algunas escenas de “Dust”, uno puede llegar a pensar en “El Greco”) y una escala cromática distinta, más cálida y suave. El fondo plano, sin paisaje ahora, salpicado por manchas de colores, realza el dramatismo y la tensión de la acción. Los encuadres de las escenas son auténticos modelos de cómo visualizar un western. Giraud maneja con gran maestría el zoom, la panorámica, el primer plano, el dibujo de paisaje, la viñeta larga, corta, de media página. Es indudable que Blueberry ha bebido del cine de género (“Grupo Salvaje”, “Wyatt Earp”, “Pat Garreth y Billy the Kid”, “Mayor Dundee”), pero cabe plantearse si no existirá también una influencia de la serie en el lenguaje cinematográfico.

Por su parte, Charlier, el guionista, ha asentado por derecho propio sus reales en el mundo del cómic, documentando exhaustivamente todas las aventuras de nuestro héroe, perdón, de nuestro anti-héroe, enredándole en complejas marañas e inculpándole de mil y un crímenes que jamás cometió. En este sentido, su manejo del equívoco es ejemplar. Nada ha escapado a su imaginación. Por las páginas de Blueberry han desfilado todos los arquetipos del Oeste: tahúres, asesinos profesionales, banqueros facinerosos, políticos corruptos, militares exacerbados, predicadores de levita larga y gesto adusto, bailarinas de piernas largas (con liguero, afortunadamente), buscadores de oro, prostitutas, cazarrecompensas, apaches, ligas antivicio, conspiradores ..

Aunque Blueberry no siempre ha sido dibujado por Giraud (Wilson y Blanc-Dumont han ilustrado algunos álbumes) y Charlier tampoco ha sido siempre el guionista (Corteggiani, Vance y Rouge le sustituyeron durante algún tiempo), el binomio Giraud-Charlier es el que mayor jugo ha sabido sacarle a su propia criatura.

En “Dust”, su última obra conjunta, encontramos a un Blueberry más sosegado y seguro de sí mismo, dominador de la situación y conocedor de sus limitaciones. Sin duda, la experiencia acumulada a lo largo de sus aventuras ha contribuido a su madurez. Blueberry es, en este sentido, un ser humano más, que parece escaparse de la viñeta y llamar a nuestra puerta para mostrarnos su escala de valores. La acción se desarrolla en Tombstone, campo de batalla perpetuo para los pistoleros, manejado hasta cierto punto por el sheriff Wyatt Earp y sus hermanos y nos presenta la pugna por el poder ciudadano entre los magnates locales. Charlier rinde aquí un pequeño homenaje a su personaje, al introducir a un periodista que quiere escribir las memorias de Blueberry. En este sentido, hay en “Dust” un intento por mitificar a Blueberry, por elevarlo al Olimpo de la historieta. Pero “Dust” es también otras muchas cosas que, ustedes que me leen, pueden descubrir a lo largo de sus setenta y dos páginas (las anteriores entregas andaban por las cuarenta y algo).“Dust” está calentito (salió en España poco antes de la Navidad pasada), la tinta no se secó todavía y las ilustraciones huelen a pólvora fresca.

Como Blueberry, que ya pinta de blanco sus patillas, yo también he encanecido y, treinta años después, he recuperado sus aventuras y sus viñetas, aunque ya no coma pipas. Olviden sus perjuicios sobre el cómic. No es un género sólo para niños y adolescentes, quizá ahora menos que nunca. Piensen que el cómic reúne, por un lado, la calidad de los textos y guiones (literatura) y, por otro, la plástica de la imagen (dibujo), algo que no ofrece ninguna otra manifestación artística salvo el cine en algunas ocasiones. Aunque la crítica oficial lo ningunee, lo ignore y lo mire de reojo, corran a leer “Dust”. Antes de que se enfríe.

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'Dust', de Charlier-Giraud. NORMA, Editorial. Diciembre, 2005.

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