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La energía nuclear

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 17 de enero de 2006, 01:38 h (CET)
Dentro de este aburrido movimiento “telúrico” por el que atraviesa buena parte de la sociedad española, la que se deja arrastrar por los intereses particulares de los políticos y fuerzas ocultas, esta columna se mantiene al margen y dirige su catalejo soberano hacia otros derroteros. Como se viene repitiendo desde este mismo lugar, la Aldea Mundial es enorme, y no dejan de ser los españoles un pueblo no muy grande, a caballo de dos barrios: el europeo por geografía e historia, y el hispanoamericano, también por historia, pero más por cultura y consanguinidad. Ocurre, que, de un tiempo a esta parte, no cesan de contemplarse el ombligo en espejos ladinamente colocados por los que quieren desencadenar movimientos en su favor, lo pague quien lo pague.

La necesidad de energía siempre ha sido primordial para el hombre desde que descubrió el fuego como elemento de supervivencia, y la búsqueda de elementos “para quemar” ha sido permanente desde entonces. La explotación de elementos energéticos alumbró buena parte del los capitales que manipulan otros negocios muy distantes. La energía que comenzó transformándose en fuego, ha experimentado multitud de aplicaciones. Se puedo pensar, que, todo es energía alrededor del bienestar humano. La más antigua expresión de ella, la que surgió como fuerza “creadora” al separar la tierra de los mares, sigue siendo aprovechada en mínimos residuos.

Sucesivamente, se fueron utilizando diversos combustibles, como bien es sabido. tras descubrir el que estaba acumulado de manera fósil (líquido o gaseoso), la investigación científica dio con el de mayor reserva: el contenido en el interior de los átomos de la materia. Por el cainismo, nunca desterrado en la humanidad, esta nueva forma de energía fue manipulada como arma destructiva, y en ello le fue la salud y la vida al hombre; cuéntenlo los japoneses.

La aplicación pacífica, en forma de motores de grandes naves, sigue en uso en los océanos, en superficie o submarinas. Más, donde se encierran grandes disyuntivas, es en cuanto a su utilización como fuente de energía eléctrica. A raíz de la tragedia de Chernobyl, el mundo experimentó una prudente marcha atrás, si bien, innumerables centrales más evolucionadas han seguido proporcionando riqueza a los países que las siguen manteniendo. España vive bajo la “moratoria nuclear” subvencionada por cuantos consumen electricidad del origen y lugar que sea. Curiosamente, se importan grandes cantidades derivadas de centrales con ese combustible de la vecina Francia. Aquí viene una de las primeras paradojas en lo que nos afecta. ¿Habrá mucha diferencia entre un indeseable “accidente” nuclear en Perpignan, o en Tarragona? De cualquier modo es un riesgo a tener presente. Más, tras aquel terrorífico “invierno” nuclear que las fuerzas más defensoras de la ecología desenterraron como arma anticapitalista, el tiempo ha demostrado que había muchos intereses no sólo benefactores. No es que la energía atómica sea inagotable, sino que, como la misma materia de donde surge, ha de tener su final, pero, coincidente con el de la humanidad. ¿Será el porvenir energético?

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