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Opinión
Etiquetas:   Disyuntiva  

Zumbidos de indiferencia

La indiferencia se propaga a base de olvidos improcedentes
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 10 de agosto de 2018, 07:26 h (CET)

Visto cuanto acontece en medio de las actitudes dedicadas a cualquier expectativa; la percepción principal apunta hacia la DESORIENTACIÓN, teniendo muy próximas la de la incapacidad propia y la del desamparo, a pesar de las manifestaciones grandilocuentes. En el fondo, quizá siempre ha sido así, lo cual es un pobre, inútil y asfixiante consuelo. Por eso se dijo que la moral es un lujo; añadamos la ética, así como el resto de nociones implicadas en la colaboración de cara a los retos convivenciales. Las diversas cargas de las penalidades soportadas, ponen de relieve la lejanía de los entes individuales con respecto al conjunto, donde predominan las divergencias, convertidas en fuerza mayor a costa de quien sea.


Lejos de atemperar la acumulación de fluctuaciones descontroladas, es como si disfrutáramos de sus bandazos e incertidumbres. Contribuimos a su potenciación. Aún a sabiendas de las múltiples e inevitables conexiones, Es imposible que esté liberada de genes, ambientes, grupos e ideas difundidas; pese a dicha realidad archisabida, los protagonistas adoptan actitudes aferradas a la paradoja de la CONVENIENCIA. En los casos favorables, silenciando las influencias recibidas, aunque fueran fundamentales. En cambio, en los casos deplorables desaparece la mención de la autoría propia, escudados en los factores ajenos diluida en pérdidas transitorias del juicio, presiones, órdenes, desinformación o deficiencias institucionales.


Dichas tendencias adaptativas modifican el estado de presencia de sus practicantes. Fijémonos por otra parte en la antigüedad de estas prácticas, ya excribió Platón sobre andanzas similares, si bien aquellos apuntes se ven sobrepasados en plena vorágine actual. Escribía de un mito anterior en torno al anillo de Gyges, según el cual, dicho pastor encontró el anillo mágico con la propiedad de volver INVISIBLE a quien lo portara. Con el anillo puesto, sin ser visto, tampoco sería escudriñado por sus coetáneos. Como mínimo, la posesión del mencionado anillo representa un curioso reto para la condición humana del portador y sus decisiones. A los griegos les daba por pensar en esas disquisiciones.


Sin que muchos nos demos cuenta, pero con la gran perspicacia de los transgresores poco respetuosos con las normas, vengan de donde vengan; las motivaciones reguladoras de las conductas sufrieron una devaluación progresiva. Que si Dios no está aquí, la autoridad es un concepto endeble, las instituciones son órganos de control; la eliminación sucesiva de los modelos encauzadores elaborados, derivó en la INDIFERENCIA por ausencia de referentes. De tal guisa, hemos organizado un régimen libertario centrado sólo en los criterios caprichosos de cada agente y de sus cómplices, sin atención a reglas comunitarias. Violencias y desmanes, encuentran acomodos injustificados.


Como una especie de introducción a los funcionamientos cuánticos, las influencias decisivas oscilan entre extremos invisibles que nadie es capaz de controlar razonablemente. Si encima añadimos las estrategias ocultistas, la invisibilidad culmina la distorsión, libera aún más los comportamientos. ¡Si no me ven! ¡Si no se enteran! El disimulo queda empequeñecido por la DESVERGÜENZA campeadora. Los filtros para contener los abusos han perdido presencia; ahora se llevan las filtraciones aprovechadas. El criterio predominante es el de la capacidad estratégica de los implicados. Vamos relegando la consideración comunitaria a unos gestos vacíos de contenido, de efecto distractor al servicio de los encumbrados.


También ha contribuido a la indiferencia rampante, ese empecinada carrera para transformar los medios de enlace entre las personas en ESTRUCTURAS rígidas provocadoras de la incomunicación y, en otro paso más degradante, la creación de vías separadoras. La expresividad de las lenguas, su riqueza, metamorfoseadas en impedimentos relacionales, fuentes de violencia e incluso de patentes actitudes racistas. Las vías de comunucación, geográficas o cibernéticas, en vez de multiplicar las salidas, conduciendo a vías de sentido único. Los antiguos laberintos expresaban las dificultades para el logro de objetivos valiosos, la utopía si se quiere, ahora están cerrados del todo por la insensatez apegada a la frivolidad.


Al contrario de aquel rey del cuento de Borges, empeñado en la elaboración de un mapa de su territorio con todos los detalles, que venía a ocupar toda la extensión natural del país, para que cupiera todo; ahora pugnamos por el panorama inverso. Tanto en cuanto a mentalidades, como a territorios o países. Los diseñamos en orden a una MEZQUINDAD procupante. Alejados de las ambiciones orientadas a la excelencia, afloran los trazados serviles, con la indolencia enemistada con el esfuerzo necesario y con la supresión de los posibles diálogos francos; configuramos unos mapas mediocres, muy reducidos, de personas, cosas, espacios, sin dejar rendijas para las salidas saludables.


Cómo no va a progresar la indiferencia, si los conceptos han sido desguazados hasta ser falseados, enturbiados o destruidos. Se pervierte la democracia y sus componentes. Hablan de democratizar la intimidad a base de experiencias que dejan de ser íntimas expuestas conmo un florero de poco fuste; del mismo modo se refieren a la igualdad o la justicia, cuando la igualdad no existe y la justicia debe estar exiliada. Porque el envite democrático lo hemos vuelto del revés. La democracia INVERSA presiona desde los centros de gestión, controla con favores, informa de lo que quiere y nos desnuda de ropajes sensatos. El zumbido de estos avatares debiera ser un revulsivo importante, que no acaba de activarse.


El susodicho zumbido adquiere relevancia, se convierte en un clamor, percutiendo sobre una enorme variedad de individuos. Porque al fin son comportamientos arraigados en el tejido social desde los tiempos remotos, exacerbados entre la versada gente de ahora. Saturados de AUTONOMÍAS peculiares en todas sus gamas, mentales, empresariales, universitarias, prácticas dedicadas al ocio, sin que olvidemos tampoco las de la geografía política española; topamos con otro falseamiento grave, en realidad acumulamos dependencias cuyo entramado resiste muy mal los análisis concienzudos. Hasta el punto que la transparencia pasa a ser una amenaza para las conductas encubiertas.


La posible reconversión está plagada de antagonismos, naturales, enconados artificialmente o irresolubles, según los casos; por eso puede sobrevenirnos la sensación de impotencia, con la consiguiente pérdida de interés. Porque se olvida la riqueza del NÚCLEO PERSONAL, presente por el mero hecho de haber alcanzado la existencia, el desinterés nos conduce hasta dicho aolvido. El zumbido evidencia también los impulsos de crecimiento, el progreso, pero contando con el mencionado núcleo. A no ser que se transforme en un ruido cósmico sin los alientos humanos, entre la frialdad de los movimientos de ondas y partículas. Nuestra posición cruje entre este enigma de proporciones míticas.

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