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Cine
Etiquetas:   Crítica de cine  

'Aeon Flux': Charlize Theron de armas tomar

Pelayo López
Pelayo López
miércoles, 1 de marzo de 2006, 00:33 h (CET)
Si mezclamos los presagios futuristas más decadentes de Orwell en “1984” con la siniestra apariencia real de cualquier dictadura de antaño o de hoy en día, así es la sociedad que refleja este título como habitante de la Tierra a principios del S. XXV, donde tras la devastación humana por un virus únicamente unos pocos sobreviven en la ciudad-fortaleza de Bregna sometidos, en todo caso, a los designios de un grupo de científicos obsesionados con la seguridad y los experimentos genéticos. Pero como en toda represión, también aquí hay una suerte de partisanos, los monicanos -¡¿tendrá algo que ver con los mohicanos?!-, un grupo liderado por La Manipuladora del que la protagonista forma parte y que intenta terminar con el orden establecido. Este es el ambiente en el que se desarrolla la película, la adaptación cinematográfica de una serie de televisión de los 90 de la factoría MTV, un sello fácilmente identificable a la hora del visionado y del que se agradece el hecho de no intentar camuflarlo de soslayo.

Si bien en el reparto llaman la atención secundarios como Pete Postlethwaite, convertido en una especie de Matusalén, y Frances Mcdormand, adornada con una especie de escarola por tocado, lo cierto es que destacan en los títulos de crédito el malo malísimo, Johny Lee Miller, y el malo menos ¿malo?, Marton Csokas, ambos cabezas bicéfalas ancladas en el poder y en el tiempo. Sin embargo, la verdadera protagonista y gancho de la película es la siembre bella Charlize Theron.

En esta cinta retoma su lado más sexy, ceñida en cuero negro –en plan dominatrix- y con un corte de pelo, en este caso también negro, digno de la empresa de cosméticos de la que es imagen. Pero aquí, como en la historia de la asesina en serie Aileen Wuornos, Theron sufre un cambio radical. Si en Monster su cambio era en el rostro -no podemos olvidar que tuvo que someterse a esa regla no escrita de Hollywood de afearse para poder conseguir la estatuilla dorada-, ahora lo ha hecho en su estado de forma, ya que entrenó duramente para este papel junto a uno de los integrantes del circo del sol, un entrenamiento tan intenso que la llevo a lesionarse y paralizar el rodaje un mes. Acrobacias y coreografías de acción, con ciertas dosis de Inspector Gadget-MacGyver por lo de los recursos infinitos que muestra su personaje, para una nueva heroína que muestra al mismo tiempo su elegancia y feminidad –lástima que haya dicho ya que no tiene intención de dedicarse más a este género-.

Siguiendo con la estética, también vinculada claramente con el argumento, es posible ver durante la hora y media de metraje, más o menos, evidentes referencias tanto a clásicos antiguos y modernos del cine, de los que se embebe este “flux”, como a hechos históricos y sociedades contemporáneas. Entre los primeros, la propia Aeon viene a ser una suerte de Neo en Matrix, sólo que en versión femenina, un título también evocado en otras muescas, como en el Oráculo que viene a suponer La Manipuladora con sus visitas mentales, algo que a su vez podría unirse en cierto modo con Minority Report, o las prolongadas pausas aéreas en las escenas de la batalla que esgrime Aeon. Pero además, la fotografía por momentos viene a recordar en algunas escenas, como la del punto de inflexión en la determinación de nuestra protagonista, a un clásico como Blade Runner, y la escenografía subterránea a un título imprescindible como El tercer hombre, título por cierto que nos sirve para enlazar con el resto de hilos conductores cinematográficos que tiene la película. Entre estos, en el apartado histórico, la clara alusión al nazismo en las vestimentas –sobre todo en los abrigos y en las gorras-viseras, de los gobernantes, pero también en un artilugio como volador como el zeppelín. Y finalmente, en lo que se refiere a las sociedades a las que alude de manera no explícita, a la propia norteamericana, obsesionada con la seguridad y los controles de vigilancia, y a la japonesa, donde destacan en la película sus alusiones a la habitabilidad.

En definitiva, Aeon Flux cumple su objetivo no enmascarado ni edulcorado de hacer pasar el rato, sin ir más allá, algo que sin duda redunda en beneficio propio de la película, y que hace que salgamos del cine sin otro tipo de pretensiones que seguir con nuestra vida después de hora y media de entretenimiento.

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