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Prioridades de Rusia como presidenta del G-8

Vladimir Simonov
Redacción
sábado, 14 de enero de 2006, 04:40 h (CET)
El año 2006 ha comenzado con un acontecimiento importante para Moscú. Por primera vez Rusia ocupará el sillón de la presidencia del G-8 y actuará en calidad de anfitriona de una cumbre ordinaria de estos países más desarrollados del mundo que se celebrará en los alrededores de San Petersburgo.

El camino que Rusia ha pasado para llegar a lo que es hoy ha sido largo y poco fácil. En 1992, el Grupo de los Siete de entonces declinó la propuesta de EE.UU. de admitir a Rusia como miembro pleno de este club, alegando el caos interno provocado por un brusco viraje desde una gestión económica centralizada hacia el mercado libre. Más tarde llegó a usarse la fórmula “7+1”, cuando Borís Yeltsin estaba detrás de la puerta, esperando a que lo invitaran para debatir sobre una serie reducida de problemas.

Hoy día Rusia, siendo un país nuclear y rico en recursos naturales y humanos, sigue estando atrasada de sus siete países colegas en cuanto a ingresos per cápita. Mas, he aquí que aparece un factor que hace de Rusia un miembro influyente y, más aun, absolutamente necesario, del G-8 si el objetivo básico de la existencia de este grupo radica de verdad en fortalecer la estabilidad del desarrollo económico global. Este factor es el creciente papel que Rusia desempeña como participante de mayor importancia en el mercado de recursos energéticos.

En un futuro próximo Rusia espera poder producir quinientos millones de toneladas métricas de petróleo al año. Es una cantidad de cuya distribución depende mucho el bienestar tanto de los países más próximos, que son pedazos de la antigua URSS, como de Europa y de una parte de Estados Unidos.

Desde luego que Rusia sigue siendo un país donde la parte bastante grande de la población vive por debajo del nivel oficial de pobreza. Pero, quizás sea esta circunstancia la que determina el papel especial que Rusia juega en el “Grupo de los Ocho” que a menudo se llama club de los ricos. Su presencia allí adquiere un sentido adicional, puesto que a Moscú, como ha expresado el presidente Vladimir Putin, “le es más fácil comprender los problemas de los países con la economía en transición”.

Esta clara consciencia de los problemas, al igual que las nuevas posibilidades económicas, han predestinado lógicamente la participación activa de Rusia en la discusión de uno de los temas principales de la última cumbre del G-8 en Glenigls, Escocia: cómo prestar ayuda a África, aliviando su fardo de la deuda. Allí Rusia ha apoyado sin reserva la idea de condonar inmediatamente la deuda de 18 países africanos. Es más, se ha aclarado que Moscú puede enorgullecerse de la generosidad ya demostrada respecto a este continente. Rusia se encuentra en el tercer lugar después de Japón y Francia por las cifras absolutas que caracterizan la amortización de la deuda africana.

Desde luego que muchos rusos se hacen esta pregunta: “¿Por qué debemos condonar la deuda africana si tampoco somos ricos?” mas, no obstante, en la conciencia de las masas predomina la opinión de que en la medida de sus posibilidades Rusia debe ayudar a quienes viven peor que ella.
¿Cómo podríamos imaginarnos hoy el orden del día de la primera cumbre G-8 bajo la presidencia de Rusia?

Por supuesto que la presidencia rusa conservará cierta continuidad de la temática de las anteriores cumbres del G-8. En San Petersburgo los participantes no querrán evadir problemas de los países con economías en desarrollo ni tampoco menospreciar la lucha contra una amenaza global como el terrorismo internacional. Al mismo tiempo, hay un tema que Moscú quisiera discutir como cuestión clave en la cumbre por ella presidida: el tema de la política energética mundial.

“Dios mismo nos ha mandado a nosotros, al país que, sin duda, hoy día es el líder en el mercado mundial, ocuparnos de ello, - declaró el presidente Vladimir Putin en los pasillos de Glenigls -. Me refiero a nuestras posibilidades en materia de todas las fuentes de energía: petróleo, gas y energía nuclear. De sumarlo todo, Rusia es, sin duda, el líder mundial absoluto. Y, desde luego, estamos dispuestos a mantener toda la discusión sobre estos problemas y pensamos hacer de ellos un tema principal”.

Además, Moscú piensa que tendría sentido si el G-8 intensificara su cooperación con los países que se han formado en el territorio de la antigua Unión Soviética. La ayuda a estos Estados de reciente formación puede llegar a constituir uno de los aspectos básicos de la actividad del G-8 en el año 2006.

Efectivamente, después de condonar la deuda de los pobrísimos países de África, la superación del atraso económico de jóvenes países como Uzbekistán, Kirguizia, Moldavia, Georgia se plantea como uno de los problemas prioritarios que en el orden del día tiene la comunidad mundial. No cabe duda de que es precisamente la pobreza y otros graves problemas sociales, lo que representa una de las principales causas de los accesos de inestabilidad política que de vez en cuanto conmueven los Estados de la CEI.

Esta inestabilidad hace, a su vez, que Occidente y Moscú vean el espacio postsoviético como campo de batalla. Hoy Rusia propone algo radicalmente nuevo, a saber: convertir esta área en un campo de cooperación, prestando a los países de la CEI ayuda en el desarrollo de la democracia y la economía.

A Moscú, igual que a la mayoría de otros miembros del G-8, le continúa preocupando también y otro tema: la necesidad de controlar la observancia del Protokolo de Kioto que regula la emanación de gases de efecto invernadero a la atmósfera terrestre.

Como ya más de una vez llamó Putin, “es preciso trabajar con los países que no se han adherido al Protocolo de Kioto”, ante todo los Estados Unidos. Hasta hoy día Washington sigue alegando una pérdida posible de "millones" de puestos de trabajo y “cientos de miles de millones de dólares en materia de pérdidas económicas” si los EE.UU. estampan su firma bajo el documento de Kioto. La tesis principal que aduce la administración de George Bush consiste en que el hecho del caldeamiento del planeta “hasta ahora no ha sido demostrado científicamente».

Sin embargo, esta actitud hace poco ha sufrido un golpe contundente. Las Academias de Ciencias de los países que forman el G-8, así como los científicos de China, la India y Brasil han exigido de sus gobiernos adoptar las medidas urgentes para limitar la emanación de gases nocivos a la atmósfera. En vista de lo cual resulta ya difícil Insistir en “la falta de pruebas científicas” del efecto invernadero. En la cumbre en San Petersburgo los líderes europeos tendrán la posibilidad de fijar la atención de Bush sobre este hecho.

Es probable que haya llegado la hora de que el G-8 se ocupe también de su propio patrimonio en que, según opina Moscú, no todo anda perfectamente.
“Pasamos en silencio rebozadamente ciertos problemas que afectan nuestros países propios, - ha manifestado Putin a este respecto -. Uno de ellos es el problema demográfico. Cuanto más ricos y gordos nos hacemos, mayores problemas demográficos tenemos. Todos los colegas (líderes del G-8) coinciden conmigo en que durante el año que pase debemos pensar en ello para que durante la cumbre de San Petersburgo podamos tomar ciertas decisiones que cambien de manera positiva la situación en nuestros países”.

En rigor, como muestran los pronósticos de la ONU, en todos los Estados europeos se mantiene una dinámica curva demográfica negativa. El único país del G-8 que conserva la dinámica favorable es EE.UU. lo que se debe a una afluencia estable de inmigrantes y al elevado índice de natalidad entre los habitantes de origen latinoamericano. Todo ello ha inducido la Unión Europea a realizar en el año pasado profundas investigaciones sobre el problema demográfico que afecta el continente europeo. Se decidió utilizar estos documentos como base de las discusiones en la cumbre de San Petersburgo.

Ayuda, y te ayudarán. Vladimir Putin, por su parte, difícilmente se perderá la posibilidad de presionar un poco más en la cumbre a celebrar en la “capital norteña” a los demás siete líderes occidentales a favor de Rusia. El país necesita urgentemente ayuda por parte de las democracias desarrolladas en materia de la diversificación de la economía que se ve demasiado dependiente de la exportación de petróleo. Rusia necesita el Grupo de los Ocho", igual que éste necesita a Rusia.

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Vladimir Simonov analista de RIA “Novosti”.

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