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M. Valls ¿la única opción constitucionalista para la alcaldía de Barcelona?

España acusa la necesidad de la renovación de la Ley Orgánica5/1985
Miguel Massanet
jueves, 9 de agosto de 2018, 07:34 h (CET)

Sólo la aprobación de dos leyes orgánicas, sobre elecciones y derecho de huelga, permitirían al Estado español librarse de la servidumbre que impone una falta de una regulación actualizada e integral del derecho de huelga en España y la evidente necesidad de evitar la proliferación de pequeños partidos, sin posibilidades de gobernar pero sí de crear coaliciones contra natura, que sean capaces de poner en cuestión la propia pervivencia de la nación española.


España, en efecto, acusa la necesidad de la renovación de la Ley Orgánica5/1985 de Régimen Electoral General y la urgente puesta al día, en materia de huelgas laborales, del Real Decreto-Ley 17/1977, de 4 de marzo, de acuerdo con el mandato de la Constitución de 1978 donde, en apartado 1 del artículo 28 se reconoce la libertad sindical y, en el apartado 2 el derecho de huelga; una materia que requiere, como en el caso anterior, una Ley Orgánica para que la regule y, así queda expresado en dicho artículo constitucional, sin que, ¡cuarenta años después de la aprobación de la Carta Magna! ningún gobierno de los que han ocupado el palacio de la Moncloa durante este tiempo, se haya atrevido a sacar a relucir la necesidad de dar cumplimiento al mandato constitucional ni se haya atrevido a mencionarlo, convencido de que sacar el tema iba a producir un inevitable enfrentamiento entre derechas e izquierdas y entre sindicatos de trabajadores y los sectores económicos de la producción.


Ni que decir tiene que, si en estos momentos en los que las izquierdas siguen empeñadas en acabar de una vez con las derecha para hacerse dueñas de una España en unos de sus periodos de mayor debilidad, con un gobierno que debería haber sido interino (hasta la fecha de unas elecciones que debían haber sido inmediatas, según había ofrecido el mismo señor P.Sánchez del PSOE, cuando reclutaba apoyos para defenestrar al señor Rajoy de su puesto en la Moncloa). Ya se sabe y, los que apoyaron la moción influidos por los cantos de sirena del líder del PSOE, junto a las promesas que, off de record,, estamos seguros que les fue haciendo, en pago del apoyo que le concedieron, debieron de haberlo previsto antes de dejarse llevar por su antipatía hacia don Mariano, algo que nos les permitió valorar con sensatez la situación verdaderamente infernal en la que dejaban la política española, cuando el bipartidismo estaba tocado, los de Ciudadanos empeñados en certificar su sentencia de muerte y las izquierdas y separatistas contentos de que España fuera manifestando signos de flojedad, ante las embestidas coordinadas de comunistas y separatistas, intentando llevar a cabo lo que fue, evidentemente, su propósito común de dar al traste con todo lo que se había construido en los años de bonanza política, negándose a reconocer lo obvio, o sea, el hecho de que el PP, con sus evidentes errores políticos y de gestión, tuviera el gran acierto de saber manejar los hilos de la negociación, hasta conseguir que, la Europa comunitaria, no se cebara en nosotros y fuese generosa a la hora de permitirnos organizarnos por nosotros mismo.


Nos supimos mover de acuerdo con los consejos que se nos dieron desde Bruselas; lo que evitó la participación e intervención, en la economía española, de los terribles hombres de negó que tan exigentes fueron en aquellas naciones en las que entraron como elefantes en cacharrería, estableciendo medidas draconianas que afectaron tanto a los salarios, los puestos de trabajo y las pensiones, como es fácil deducir de lo que les sucedió a los griegos que, dirigidos por un partido de extrema izquierda bajo la dirección del señor Psipras, tuvieron que ceder en sus petulantes exigencias, para pagar un alto precio por no haber aceptado las condiciones que, al principio, les había exigido la UE, mucho menos gravosas que aquellas que, finalmente, no tuvieron más remedio que aceptar ante la amenaza de quedar fuera de Europa.


Ahora España se encuentra ante una situación de desventaja en la que, el centro derecha o, si se prefiere, la derecha, se siente asediada por todos los partidos políticos de la oposición, si bien, en algunos puntos, como es la unidad de nuestra nación y en la lucha contra el separatismo, como el que ha surgido con inusitada fuerza en Cataluña y también, aunque con más disimulo, en la comunidad vasca, que no quiere quedar descolgada de todas las posibles ventajas que pudiera reportarle el que, Cataluña, consiguiese mejoras especiales como consecuencia de su lucha separatista. El partido de centro izquierda, Ciudadanos, dirigido por el señor Rivera, ha venido colaborando con el PP, en ocasiones con poco entusiasmo, en la tarea de defender la Constitución e impedir que, los más exaltados soberanistas, consiguieran salirse con la suya; aunque es evidente que los separatistas han conseguido enredar de tal manera la situación que han conseguido algunas victorias parciales en Europa, especialmente de los tribunales de Justicia de cada nación, cuando han fallado estrepitosamente los apoyos que, verbalmente, se nos habían prometido de modo que, a la hora de la verdad, en algunos países se han quedado en agua de borrajas, debido a que la Justicia no parece haberse enterado de que existían acuerdos en los que, para evitar los largos trámites existente en el tema de las extradiciones, se habían acordado procedimientos abreviados que evitaban los largos plazos de espera, en virtud de los cuales se arbitraron sistemas de detenciones, euroórdenes de detención y devolución de presuntos delincuentes, que pretendían obviar todo el farragoso procedimientos de los tradicionales procedimientos de extradición.


El principal escollo al que se enfrenta el nuevo gobierno del señor Sánchez, se centra en la necesidad de pagar los favores recibidos de los separatistas catalanes y, al propio tiempo no puede dar señales de que va cediendo ante un separatismo que, si uno escucha a su máximo representante, el presidente de la Generalitat, señor Quim Torra, ha elevado el tono de sus reclamaciones, sigue en su campaña contra los no separatistas, de modo que al faltarle el objetivo que venía utilizando como el pim, pam, pum de sus furibundos ataques contra el Estado, el señor Mariano Rajoy, ahora ha elegido un personaje que está situado en un escalón más alto, SM el Rey, con el que no tiene ninguna contemplación a la hora de acusarle de no entender a los catalanes, de hacer un discurso muy duro contra sus aspiraciones independentistas ( como si fuera posible otro tipo de opinión por parte de Felipe VI) pidiéndole, en el colmo de la desfachatez, que pidiera perdón a los catalanes por su “atrevimiento” y su “desprecio” hacia la voluntad de los catalanes ( se olvida este sujeto de que, en Cataluña, más del 50% de sus habitantes están en contra de la separación de Cataluña del resto de España).


Pero ahora, como era de esperar ante el rumbo cada día más dislocado que están tomando los asuntos catalanes, se ha presentado una circunstancia que, por raro que pudiera parecer dada la índole del suceso, desconcertante por cierto, está creando una situación que seguramente le va a crear problemas al señor Presidente del Gobierno si es que, los anuncios que se están produciendo en los diversos partidos comunistas, separatistas y las instituciones dirigidas por soberanistas, parece que se ha decidido que en Cataluña no quieren que el Rey sea, a la vez, rey de España y pretenda seguir siéndolo de Cataluña, cuando ya son numerosas las veces en que los políticos catalanes de han manifestado en contra de la monarquía y abiertamente a favor de la República. Aparte del comportamiento más o menos respetuoso con el monarca que se pudiera dar, existe otro punto que se debiera de tener en cuenta. Así como, cuando el señor Puigdemont y Junqueras quisieron dar el golpe de Estado en contra de España y a favor de la república catalana, existía un evidentemente cohesionado frente de partidos constitucionalistas que representaban, a la vez, la mayoría absoluta del Parlamento español, que se mostraron en contra del intento fracasado de celebrar unas elecciones ( aunque la traición de los políticos catalanes y de los mossos de escuadra, ayudó a que se pudieran disponer de algunas mesas electorales en las que, sin control, sin listas electorales y sin más que acudir a votar todos los votos se fueron incluyendo en el recuento que, por otra parte, nadie pudo certificar que las actas estuvieran confeccionadas con la debida legalidad).


Es obvio que, la celebración de la conmemoración de los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils, con la asistencia del Rey y la Reina, les va a proporcionar a los soberanistas catalanistas una magnífica ocasión para mostrarse hostiles (el grado de esta hostilidad dependerá de lo que los encargados de encender al público pongan de su parte para elevar el tono de la protesta) De lo que no hay duda es de que, según lo que se derive de la presencia del Rey en Cataluña, es muy posible que el señor Puigdemont quisiera aprovechar la exaltación antiespañola para celebrar unas elecciones a las que, sin duda, se les daría el carácter de referéndum consultivo, de modo que, de su resultado, si fuera favorable a la separación de la nación española, es posible de que se pusiera en juego la famosa “declaración unilateral de independencia” con la que tantas veces se ha amenazado al gobierno de España.


¿Existe, en este momento, en Cataluña un frente de antiseparatistas lo suficientemente cohesionado para oponerse con posibilidades de éxito a una coalición separatista con el apoyo de la CUP y, con toda seguridad de Podemos y de la alcaldesa Colau? No señores. El bloque que existía para aplicar el 155 ahora no existe y, con franqueza, no vemos que se pueda volver a repetir la alianza de hace unos meses, que logró la intervención por el Estado de la autonomía catalana.


O así es cómo, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no vemos otra salida con garantías de éxito que la que hace unos meses se le ocurrió al señor Rivera de Ciudadanos que, por sorprendente e inesperada, nos dejó un poco indecisos ante la necesidad de asimilar la posibilidad de que un exministro francés, con la particularidad de tener nacionalidad española, el señor Manuel Valls, se mostrara dispuesto a formar una gran coalición en la que cupieran todos los constitucionalistas que quisieran hacer frente a la coalición de izquierdas. Ahora, ante la posibilidad de que el señor Sánchez pretenda, a toda costa, aprovecharse del momento de popularidad que está gozando, a nadie le extrañaría que su anuncio de querer apurar la legislatura acabase siendo otro bluff y, sin previo aviso, anunciara elecciones. En este caso, nadie mejor que el señor M.Valls para formar una entente electoral en contra de la izquierda catalana. No vemos otra posibilidad de sacar un resultado digno en Cataluña.

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