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Etiquetas:   Sálvese quien pueda   -   Sección:   Opinión

No dispuestos en Irak

Joan Torres

sábado, 14 de enero de 2006, 04:40 h (CET)
Sentados en sus carros sin hacer nada. Así describe Paul Bremer (el gobernador de Estados Unidos en Irak de mayo de 2003 a junio de 2004) la actuación de las tropas españolas destacadas en Nayaf. El tío se ve que ha escrito un libro contando sus batallitas y sus americanadas por oriente y lo ha titulado ”Mi año en Irak”. Muy bonito, Bremercito, yo también podría publicar “Mi año en el tajo” y después sentenciar a todos mis compañeros porque, en lugar de invertir sus ocho horas diarias en aumentar la productividad de la empresa, se dedicaron a rascarse el escroto, jugar al buscaminas o, directamente, dormir llenando de babas el teclado.

El tema es que Paul Bremer (de ahora en adelante “el Acusica”) detalla que los militares españoles se negaron a entrar en combate a petición estadounidense y se limitaban a quedarse en su campamento de brazos cruzados. ¿Y? ¿Dónde está el problema? A ver, Acusica, resulta que en España no tenemos un ejército de marines capaces de matar sólo con el meñique, no todos tienen la cabeza hueca, ni se creen héroes, ni tampoco son capaces de pacificar Irak por sí solos. Ah, tampoco ondeamos una bandera tan bonita, con sus barritas y sus estrellitas. Resulta que si los boinas verdes estos son tan capaces, ¿para qué pedían ayuda en Irak?

El Acusica los llama “La Coalición de los no dispuestos en absoluto”. Nadie ha reparado que eso, precisamente, es un halago. La Coalición de los no dispuestos a matar. No dispuestos a ser una pieza más del engranaje norteamericano (pido perdón a Canadá por referirme a su país vecino con esta referencia geográfica poco precisa). No dispuestos a seguirles el juego. Claro, que manden tropas, pero a supervisar. Esa es la tarea que le gusta a un español. Curro, pero no demasiado.

Faltan un par de elementos para que el Acusica, en lugar de escribir su libro para cursis, panolis y proamericanos, se hubiera cortado las venas. El primero de todos, el jamón. Las bayonetas servirían para cortarlo finito, finito, que se rompa. Un buen pata negra protegido, por supuesto, por un casco reglamentario. Nada de proyectiles ni misiles ni bombas. Tapas de ensaladilla rusa en pleno verano. Toma bomba. Aquí si que el Acusica se moriría de rabia. Que se chinche.

De ahora en adelante, el gobierno sólo mandará tropas en misión humanitaria. Es decir, a supervisar, promover y llevar a cabo la siesta después de comer. Vestidos con pijamas y armados con pantuflas y batas de boatiné, la milicia española se erigirá como la mayor fuerza pacificadora del mundo con Casimiro como mascota. La única invasión que existirá será la de los plácidos ronquidos de cualesquiera que sean los bandos. Entonces, si a algún soldado se le ocurre coger un arma, entonces sí que podremos criticar que sean una “Coalición de no dispuestos”. ¿Verdad, Acusica?

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