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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Cataluña   Felipe VI   Pedro Sánchez  

¿Debe Felipe VI asistir la ceremonia de Barcelona?

El presidente Sánchez arriesga mucho exponiendo a SM a las iras del populacho separatista
Miguel Massanet
miércoles, 8 de agosto de 2018, 07:26 h (CET)

Existen opiniones encontradas respecto a la importancia que se les quiere dar a los nefastos acontecimientos de los atentados terroristas sucedidos hace un año en Barcelona y en Cambrils. Los hay que creen que el Rey debería asistir a las ceremonias conmemorativas para demostrar que sigue siendo el Jefe del Estado de toda España y que, los posibles desaires a los que va a estar expuesto no han de servir para impedir que la presencia del Rey en los actos conmemorativos pudieran servir para dar alas a todos los partidos separatistas que ya se han manifestado en contra de su presencia, negándose a considerarlo como monarca de la autonomía, para ellos estado, Catalana.


Sin embargo, también existen otros españoles que piensan que en Cataluña, tal y como están los ánimos de una parte importante de sus ciudadanos, la presencia del Rey pudiera contribuir a que los defensores de la “república catalana” se aprovechen para llevar a cabo demostraciones de desprecio hacia la corona, de repudio hacia la figura del Rey y de la reina, si también acudiera y, con ello, poner en una situación humillante a la pareja real que, a la vez, sería lo mismo que intentar ofender, despreciar y desairar al resto de ciudadanos españoles del resto de la nación española y del 50% de los ciudadanos que nos consideramos españoles obligados a residir en la autonomía catalana.


Es evidente que el rey Felipe VI, como ya ha demostrado en otras ocasiones no va a rehuir sus responsabilidades por enojoso que llegara a ser el hacer acto de presencia en la ciudad condal. Pero lo que nos preguntamos es si el señor Sánchez como presidente del Gobierno, ha valorado debidamente el impacto que pudiera tener en el resto de España y en cualquier país del resto de mundo, especialmente del continente europeo, el que en esta conmemoración del atentado terrorista de Barcelona se llegaran a producir situaciones de agravio colectivo de los soberanistas en desdoro, humillación u ofensas contra la figura del Jefe del Estado español.


Es obvio que el señor Pedro Sánchez tiene un interés especial en mostrarse especialmente amable, considerado, cercano y dialogante (ya que esta palabra se encuentra tan en boga entre estos que estiman que todo se arregla hablando aunque, han tenido más tiempo del que hubiera sido necesario para entender que, España, no está dispuesta a acceder a sus intentos de separarse de ella. El apoyo que recibió de los catalanes y, también, de los vascos (ahora ya les han transferido otros 26 millones de euros) para conseguir los apoyos para la moción de censura a Rajoy, sin duda estuvo precedido de conversaciones en las que se establecieron las compensaciones, inmediatas o a medio plazo, con las que se debía pagar las ansias de poder que ha venido demostrando el señor Sánchez desde que fue elegido por su partido para dirigirlo.


Cataluña y en especial la ciudad de Barcelona, han estado experimentando durante los últimos años una doble mala influencia que la ha convertido en un lugar ingrato para todos aquellos que desean seguir viendo en tierras españolas y en el territorio en el que las costumbres han venido experimentando una mayor transformación debido a la gran tendencia de una parte de su población ( ahora agravada a causa de los inmigrantes que van llegando regularmente a ocupar sus ciudades) a sostener ideas izquierdistas que, a la vez, se realimentan de las ideas soberanistas que los políticos catalanes han ido imbuyendo en una población a la que fácilmente se la ha hecho creer que han salido perjudicados en sus relaciones cotidianas con el resto de autonomías españolas, que la demagogia hábilmente manejada por los activistas que intentan alimentar ideas separatistas, ha ido calando hasta que han conseguido que lo que al comienzo de la crisis de las sub-prime americanas apenas afectaba a un 20% de los catalanes, últimamente ha ido subiendo hasta alcanzar cotas cercanas al 47% lo que ha permitido que hayan surgido, cada vez con más éxito, verdaderos expertos en explotar el descontento popular, como han sido los casos de Mas, Junqueras, Puigdemont que, a la vez han tenido que aceptar que la reciente influencia comunista de las diversas ramas de Podemos haya arraigado en partes significativas del pueblo catalán, especialmente en las grandes ciudades catalanas, de modo que, en Barcelona, en estos momentos está de alcaldesa una ex activista, antisistema y comunista, la señora Ada Colau, que ha llevado a cabo su sovietización de la ciudad, a la que ha puesto en trance de convertirse en un lugar inseguro, dominado por mafias y expuesta a caer en manos de personas capaces de acabar con el especial atractivo internacional que había conseguido crearse a base de años de política de captación de turismo internacional.


Puede que la presencia de SM el Rey, para algunos sea conveniente a pesar de los peligros de que finalmente acabe en una encerrona en la que se ponga en una difícil situación en la que, aunque se consiga que las fuerzas de orden público logren garantizar su seguridad personal; la posibilidad de que multitudes de gamberros nacionalistas se dediquen a lanzar insultos, ofensas, bromas inconvenientes o mensajes de rechazo a su persona como Jefe del Estado español, debiera hacer reflexionar a quienes han decidido apoyar esta arriesgada visita de Felipe VI a tierras catalanas, específicamente a Barcelona.


No debemos olvidarnos de que la situación de España no deja de ser, en esto momentos, de extrema delicadeza, con un gobierno débil con un apoyo en el Parlamento de unos escasos 84 escaños y con la necesidad de contar con todo el resto de las fuerzas de la oposición (incluyendo a los nacionalistas catalanes y vascos) de lo que se deduce la gran dificultad de que se puedan aprobar las necesarias leyes de gran calado que es necesario que se promulguen si se quiere que el país vaya avanzando y consiga mantener entre los más influyentes de la UE como ha venido ocurriendo hasta el momento en el que el gobierno del PP fue derrotado por la moción de censura socialista.


Podríamos preguntarnos: ¿En qué situación quedaría la monarquía española si, en Cataluña, los asistentes a la conmemoración de los ataques terroristas que causaron las 15 víctimas inocentes en las Ramblas y en Cambrils, en lugar de mantener un comportamiento correcto, de acuerdo con lo requerido por la naturaleza de las efemérides, adquiriera de repente un cariz reivindicativo y que, la solemnidad de un acto de recogimiento se transformara, en un momento determinado, en una explosión populista de rechazo a la monarquía y a la figura del Jefe de Estado español? Precisamente esta es la cuestión que debería valorarse antes de exponer a la figura del Jefe de Estado a una situación cuyas consecuencias posteriores supusieran tener que tomar medidas especiales para mantener el prestigio de la monarquía y evitar que la revolución catalana, que tantas veces han negado los que principalmente llevan la voz cantante en este tema, para intentar librarse de las acusaciones que pesan sobre ellos como consecuencias del falso referendo del día 1 O.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie que, evidentemente no tiene la facultad de decidir sobre los que sería mejor para nuestra nación, tenemos la impresión de que, el señor Sánchez, está jugando a un peligroso juego en el que tienen que bregar, a la vez, con separatistas, comunistas y miembros de su propio partido que, evidentemente, en lo que se refiere a la unidad de España y a la posibilidad de ir cediendo parcelas de poder a los soberanistas no están de acuerdo con la política del ejecutivo socialista. Si bien debemos reconocerle una cierta habilidad en manejarse entre las izquierdas, también es muy posible que, como les sucede a determinados mandatarios, esté convencido de que tiene atados todos los cabos, lo que no quiere decir que, como les suele suceder a muchos de ellos, no ha calculado mal o no haya tenido en cuenta todas las variables que se pueden dar en esta apuesta arriesgada que parece que ha decidido tomar. En todo caso, como dicen los ingleses en ocasiones como esta:

“esperar y ver”

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