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Barcelona en declive. Cataluña el problema de España

¿Se atreverá Sánchez, en su ansia de poder, a traicionar a España favoreciendo el soberanismo catalán?
Miguel Massanet
lunes, 6 de agosto de 2018, 07:31 h (CET)

No podía pasar mucho tiempo sin que algunas de las “ideas” particulares de la señora alcaldesa de Barcelona, la señora Ada Colau, dieran los “frutos” que se le venían anunciando a su política municipal filibustera de apoyo a toda clase de antisistema, que han encontrado su marco ideal en esta Barcelona que, a medida que transcurren los días bajo la dirección de los comunistas y sometida a las “genialidades” de los separatistas; se va convirtiendo, poco a poco, en un lugar en el que los únicos que se encuentran a gusto en ella son los delincuentes, los manteros, los taxistas revolucionarios, los huelguistas oportunistas de los servicios esenciales, los miembros de los colectivos de gay y lesbianas y todos aquellos que saben que en el caos, la inseguridad, el miedo o la inestabilidad, es donde pueden encontrar sus mejores aliados para imponer sus aspiraciones revolucionarias o de desdoro de la moral y la ética.


Empezó por erigirse en la protectora de okupas y manteros. Formaban parte de su círculo de amistades de cuando se dedicaba a reventar desahucios con su banda de rebeldes incontrolables, dedicados a impedir que la Autoridad pudiera cumplir con las órdenes de los jueces para que se cumpliera la Ley. Con su característico espíritu de contradicción esta señora se implicó directamente en el tema de los manteros dando órdenes a la policía municipal que interviniesen pero si demasiada convicción. Más tarde, todos estos inmigrantes a los que se les ha consentido venir a España en plan de vencedores, en lugar de corresponder como agradecidos y humildes colaboradores, decidieron que no estaban dispuestos a correr más con toda su impedimenta y comenzaron a enfrentarse con los municipales; formaron sus sindicatos y eligieron a sus líderes, con lo que quedó completada la mafia de los manteros. Ahora ya no huyen, ni atienden a razones, ni les preocupan las razones de los comerciantes a los que perjudican ni les temen a quienes les amenazan desde las calles porque están convencidos de que la propia Colau les ha cogido miedo,


Ayer, un señor visitante tuvo que poner tierra por medio para evitar ser linchado por miembros de la banda de manteros. Recibió heridas y perjuró que nunca más volvería a Barcelona. Puso la correspondiente denuncia y acudió, como era de esperar, a dar cuenta del asalto a su consulado. Ahora el consulado de los EE.UU estudia alertar a los que piensen viajar a España del peligro que supone el que en Barcelona, en plena calle, se encuentren con algunos manteros que decidan que el sujeto que les mira curioso sea una persona “non grata” para ellos, y deban recurrir a las piernas para evitar que estos crecidos, peligrosos, descomunales y amenazantes manteros puedan dejarlos incapacitado de por vida o, incluso, acabar con ella. Sí, señora Colau, esto les pasa a las personas que, por ignorantes o por sectarias no saben medir sus acciones cuando se les da un trabajo para el que no están capacitadas. Se les avisó pero no hicieron caso y su hipócrita y falsa compasión para aquellos que huían de la pobreza en África, les hizo olvidar de las consecuencias de una acogida sin discriminación, sin comprobar sus antecedentes y sin tener la certeza de que se les podía ofrecer un trabajo digno antes de aceptarlos como ciudadanos de Barcelona. Ahora La Vanguardia, uno de estos rotativos que ha sabido sacar tajada del catalanismo y la insensatez de los que piden lanzarse al abismo de quedar separados de España, ya está reconociendo que la situación interna de la capital catalana está afectando a la imagen de la ciudad en el extranjero lo que, como no podía ser menos, puede significar que en años sucesivos los turistas decidan acudir a otros lugares menos conflictivos y más seguros que esta Barcelona irreconocible, que han conseguido convertir en incómoda e insegura todos aquellos que han estado conspirando contra el turismo, la hostelería, la restauración, mercados, pastelerías y, en general todos los comercios relacionados de alguna manera con las actividades turísticas entre los cuales, por extraño que parezca, está el propio consistorio barcelonés regido por una franquicia de Podemos, que ha puesto todo de su parte para estorbar la libertad de instalación de establecimientos turísticos y todo lo relativo a una actividad tan lucrativa para gran parte de los ciudadanos catalanes.


Pero no acaban aquí las desgracias que se nos anuncian desde las tierra catalanas. El mismo señor presidente de la Generalitat, señor Torra, incapaz de ponerse una brida en la boca y dejar de desbarrar, no para de decir inconveniencias que no sabemos si lo que tienen por finalidad es recordarle a nuestro inexperto presidente del gobierno, señor Pedro Sánchez, que tiene unas cuentas pendientes de saldar con los separatistas catalanes por su apoyo a la moción de censura contra el señor Rajoy o, acaso, demostrar a los separatistas catalanes que él no se achanta ante ninguna corona aunque fuera la española. Primero empezó a poner palos a las ruedas de la manifestación que se va a celebrar en honor y recuerdo de las víctimas del atentado terrorista del año pasado, cuando ha advertido de que no consideran al Rey de España como Rey de Cataluña al que, por añadidura, le exige que pida perdón por aquel discurso que pronunció con ocasión del referendo ilegal del 1.O. Por su parte el señor Sánchez ya ha anunciado que al acto que tendrá lugar en Barcelona asistirán él y el Rey.


Sin embargo, muchos nos preguntamos ¿Estarán, como ya se nos ha anunciado, los gestores de los acuerdos de esta recientemente abierta comisión de diálogo, entre el Estado y la Generalitat, en condiciones de firmar acuerdos de tipo político o financiero, si el separatismo catalán continúa estando en pie de guerra, si nos apuran, con mayor virulencia y descaro que cuando se acordó aplicar el 155 en toda Cataluña? El señor presidente del gobierno prometió que los acuerdos que se tomarían siempre estarían dentro del ámbito de la legislación nacional y cumpliendo con todos los requisitos constitucionales. ¿Acaso se están preparando, como algunos vienen avisando, para aprovechar la circunstancia del estudio de un nuevo Estatuto catalán por el que se intentará remediar lo que el TC declaró improcedente o, simplemente, darle una redacción más elaborada para teñirlo de una capa de legalidad aunque el contenido cumpliera con los mismos fines?


Es posible que se haya preparado un plan maquiavélico mediante el cual, aprovechando la supuesta consulta a los catalanes para que dieran su visto bueno a un nuevo estatuto autonómico, introdujeran alguna cláusula mediante la cual se les diera la oportunidad a los catalanes de expresarse sobre sus preferencias en cuanto a una posible futura independencia de España. Nada hay que los empecinados partidarios de una Cataluña libre e independiente no estuvieran dispuestos a hacer para salir airosos de sus proyectos independentistas.


A todo este galimatías del tema catalán tiene que añadirse uno de los proyectos que tiene en mente el huido de la justicia, señor Carles Puigdemont, que al parecer tienen previsto, dentro de sus estrategias para alborotar y poner en tensión a los catalanes, (sin cuya circunstancia es evidente que su estrella y carisma , poco a poco se iría difuminando a favor de la cabeza visible en Cataluña, en este caso el señor Quim Torra, algo que es evidente que no le conviene de ninguna manera al prófugo exiliado). Al parecer está esperando que los juicios a todos los implicados y en cárcel provisional, con motivo de los presuntos delitos de los que están acusados por sus actuaciones previsiblemente anticonstitucionales con motivo de los actos ilegales en los que participaron durante los primeros días del mes de octubre; una vez concluido el periodo de instrucción, sean convocadas las vistas para comparecer ante los tribunales

correspondientes para la iniciación de los juicios orales que han de acabar por determinar su grado de participación en los hechos delictivos y la pena que les pudieran corresponder por los delitos que se le pudieran probar a cada uno de ellos.


Es obvio que Puigdemont y su camarilla de Waterloo confían en una derrota del gobierno de la nación ante Cataluña para poder regresar, no a España, por supuesto, sino a Cataluña sin temer el ser inmediatamente arrestado para responder de los delitos de los que están acusados que les obligarían, en caso contrario, a permanecer fuera de España durante 20 años. Estará por ver cómo, un señor Sánchez, que sabe que está jugando sin triunfos en sus manos, es capaz de venderles a los separatistas un “farol” para convencerles de que, a cambio de determinadas concesiones (puede que en la cuestión del idioma o con el traspaso de la Justicia), sean capaces de renunciar, al menos por unos años, a sus aspiraciones soberanistas.


Y aquí entra en juego un factor importante. La capacidad del señor Casado de mover los hilos necesarios, juntamente con Ciudadanos, para que se evite que se pudieran dar acuerdos que, soslayando el tema del independentismo, sean unas verdaderas trampas de las que se valgan ambas partes para salir del paso de esta complicada situación, de forma que ello les permitiera a los socialistas atribuirse una victoria sobre el independentismo y, aprovechar la circunstancia, para convocar elecciones en el momento preciso en el que tengan la seguridad de que pueden salir victoriosos en las urnas; todo ello a cambio de un régimen especial para la comunidad catalana que pudiera ser algo semejante al régimen foral vigente en el País Vasco, algo que no entendemos cómo puede subsistir en una nación moderna en el siglo XXI.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tememos que esta comisión que se ha abierto para hablar de “acuerdos” pueda esconder cuestiones acordadas previamente, a las que se pretenden presentar como soluciones que puedan ocultar graves cesiones del Estado al independentismo.

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