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'Aeon Flux': Batiburrillo postapocalíptico
Gonzalo G. Velasco
Se ve que ahora que ya ha conseguido un Óscar de Hollywood por su estupenda interpretación de una outsider con celulitis en la abominable Monster, a Charlize Theron le importa un comino el rumbo que pueda tomar su carrera. Es lógico. Imaginemos por un momento qué sería de la vida de, pongamos por caso, Sofía Mazagatos, si algún día lograra convertirse en actriz y además su trabajo fuera recompensado con un premio de importancia. Su existencia dejaría súbitamente de tener sentido al haber colmado todas sus expectativas con las apuestas en contra, y como la Theron, tendría que volver a los orígenes. Esto es, enseñar cacha y marcar curvas.
Porque poco más (salvo cazar moscas con el párpado en homenaje aterrador al Sergio Leone de Hasta que Llegó su Hora), hace la buena de Aeon Flux a lo largo de la película de Karyn Kusama. Capoeira, tiros, una trama absurda en torno a inmortalidad que pretende entrar en sartenes filosóficas y termina rebozada en caspa de la correosa, lycra, modelitos entre el estilo Gaultier y el Ruiz de la Prada, y toda una horda de buenos actores desaprovechados (la propia Theron , Sophie Okonedo, Jonny Lee Miller, y muy especialmente Frances McDormand y Pete Postlehwaite, ambos irrisorios en sus absurdas recreaciones de dos personajes imposibles), conviven en esta chapuza sci-fi que viene a ser algo así como una versión futurista de Tomb Raider con tropezones de La Isla (todo el batiburrillo argumental sobre clonación), The Matrix (las coreografías de acción) y la MTV (montaje, música y puesta en escena).
Aún con esas, si algo hay que reconocerle a este engendro de la posmodernidad acatetada, es su imaginación, ingenio y originalidad a la hora de recrear un mundo futuro de indudable temperamento visual (gente que canjea sus pies por un segundo par de manos, césped acuchillador anti-espionaje, sistemas de comunicación vía pastilla alucinógena etc…). Una lástima que tamaño despliegue de creatividad funcione tan sólo por parcelas y se encuentre siempre al servicio del efectismo. Como le decía Samuel L. Jackson a Bruce Willis en El Protegido, “vivimos tiempos mediocres”, y si la MTV anda de por medio (Aeon Flux nació en el seno de la cadena musical y está coproducida por ella), todavía más.
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