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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Consecuentes

Santi Benítez
Santi Benítez
miércoles, 11 de enero de 2006, 23:47 h (CET)
Existe una anécdota muy graciosa que define muy bien quien era Jean-Paul Sartre. De todos es sabido que no es que le gustara mucho viajar, así que imaginar de que humores bajó del avión en un aeropuerto estadounidense tras un viaje de varias horas, no sería muy difícil. En el momento de pasar por la aduana se encontró con un policía que sin levantar la cabeza el impreso comenzó a hacerle preguntas. Color de ojos, marrón, color del pelo, negro, estatura, un metro sesenta y nueve, raza... Aquí Sartre levantó una ceja y dijo “Humana, por supuesto”.

Hay quien dice que Sartre era de izquierdas, hay quien dice que sólo era un bocazas en política. Bajo mi punto de vista sólo fue consecuente con sus ideas y con la realidad. Posiblemente yo no comparta casi nada con él, pero una cosa no quita la otra.

Ser consecuente con lo que se piensa es algo tremendamente devaluado en la sociedad en la que vivimos. Tanto es así que a aquellos que lo somos, según el viento que sople, nos convertimos en chaqueteros cuando es el resto el que se convierte en masa borreguil que ahora defiende la democracia y el estado de derecho, ahora defiende otra cosa.

Una de las muestras claras de lo que digo es el teniente general, José Mena Aguado. Y no es ejemplo de hombre consecuente, sino de masa borreguil. Porque es indefendible que el ejército sea quien para enmendar la plana a los legítimos representantes del pueblo, el Parlamento. Lo que no le impidió usar la demagogia, la misma demagogia de esos que se mueven según suene el pito.

Pero como él los hay a puñados, no crean que en eso el militar fue original. Y sino, fíjense en este ejemplo. ¿Se puede defender la democracia y el estado de derecho diciendo que los etarras son unos patriotas a los que el Estado niega su derecho a la libertad de expresión (¿...?), que defienden las costumbres ancestrales de su pueblo y su lengua maltratada? No se lleven las manos a la cabeza, cambien simplemente la palabra “etarra” por la de “neonazi” y terminarán antes. Los hay que hasta llegan a decir que ETA es de izquierdas. Que quieren que les diga, a mi como si son vegetarianos, pero las berzas que se las coman entre rejas.

Hace poco alguien me decía “Quien te ha visto y quien te ve”, en relación con mis ideas. Como si ser de izquierdas, que lo soy, tuviera algo que ver con no tener claro lo que es la democracia y el estado de derecho. Peor, en parte, fue la aseveración de otro que quería hacerme creer que estados de derecho son todos. Me gustaría preguntar a un judío en la Alemania nazi si vivía en un estado de derecho, o a un ucraniano en la URSS stalinista. Me da la impresión de que ellos no estarían de acuerdo, y yo tampoco.

En mi último artículo hice una pregunta muy sencilla. De que manera, en que forma se puede aunar justicia social con la realidad inapelable del mercado. En total han respondido ciento cuarenta y tres (143) personas. Muchas de estas respuestas muy interesantes, aunque era inevitable que algunos de ellos respondieran haciendo una reducción al absurdo. ESTO es hacer izquierda, ESTO es intercambiar ideas. Porque la izquierda no tiene nada que ver con defender lo indefendible, no tiene nada que ver con hacer disquisiciones entre unos nazis que llevan esvásticas u otros que hablen euskera.

Un nazi es un nazi.

Suena de fondo “Born On The Bayou”, de los Creedence Clearwater Revival…

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