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Etiquetas:   El espectador   -   Sección:   Opinión

Venceremos y además convenceremos

Jorge Hernández

miércoles, 11 de enero de 2006, 23:47 h (CET)
Las buenas gentes de Salamanca no quedaron el pasado martes a las puertas del Colegio de San Ambrosio para defender la unidad del Archivo. No nos engañemos. Son tantas las evidencias científicas e historiográficas que aconsejan mantener la unidad documental que manifestarse por ello sería algo así como protestar porque el cáncer se cura con quimioterapia. Se concentraron más bien para demostrar su rechazo a que el Archivo sea utilizado como moneda de cambio, y de paso dejar en evidencia a un Gobierno que piensa más en perpetuarse en el poder que en gobernar.

Nos hemos enterado esta semana que el lugar en el que se van a recibir las famosas 507 cajas se va a montar una exposición y encima va a haber festejos oficiados por los políticos nacionalistas de turno. Claro. No podría ser de otra manera en una región que sufre una clase política empeñada no en administrar o cambiar la realidad, sino en inventársela. El resultado de ese proceso es una preocupante pérdida progresiva del sentido de lo real, generando una especie de realidad virtual que está presente en muchas mentes nacionalistas marcada por todos los tópicos que conocemos: España nos oprime, Madrid nos olvida, Cataluña es una nación, España no nos entiende, queremos selecciones deportivas propias. Con esa contumaz tendencia a no querer ni saber escuchar otro discurso que el propio, no es de extrañar que la clase política catalana haya cosechado unos preocupantes resultados:

División radical de la sociedad con excusas identitarias, discriminación palmaria de los disidentes e insumisos y un daño terrible de la convivencia.

Aquí lo que está en juego es la pervivencia de la democracia, señores, y el cumplimiento de las reglas del juego democrático. Sólo a ellos se les podría ocurrir crear ominosas y vergonzosas oficinas de vigilancia lingüística. El problema, a mi modo de ver, está en que no sólo los partidos del tripartito y la oposición nacionalista se dedican exclusivamente a sus peligrosos juegos de construcción nacional, sino en que el PP catalán también manifiesta una blanda y timorata oposición a los atropellos del imaginario nacionalista. La realidad ha dejado de tener importancia en Cataluña donde unos aventados políticos han decidido que Cataluña es una nación y los demás nos lo tenemos que tragar sí o sí.

Es tan alto el nivel de obscenidad de la política catalana que se comprenden perfectamente las precauciones de los periodistas de Barcelona, y mucho más las de la progresía de Madrid. Tratar con la clase política catalana es como hacerlo con el virus de la gripe. Ellos sólo quieren crecer y reproducirse.

Es en esos arrabales cuando la política se convierte en un oficio peligroso. Por lo que se manifestaron esas buenas gentes de Salamanca es para denunciar el conchabeo descarado de socialistas y nacional catalanes, que quede claro, pero tranquilo, don Julián, que en esta historia venceremos y, además, convenceremos.

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