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Etiquetas:   MARRUECOS   Historia  

La Fiesta del Trono o cuando la monarquía simbolizó rebelión

La Fiesta del Trono de Marruecos es un ejemplo de cómo una monarquía puede convertirse en símbolo de lucha contra la opresión colonialista
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
lunes, 30 de julio de 2018, 07:20 h (CET)

Este lunes 30 de Julio se celebra La Fiesta del Trono, una celebración nacional marroquí que todos los años conmemora la entronización del monarca en funciones. El Rey Mohammed VI de Marruecos fue entronizado en estas mismas fechas del año 1999.


El origen de la celebración data de 1933, año en el que se realizó por primera vez en homenaje al abuelo del actual monarca, recordado como Mohammed V, quien fue perseguido e incluso exiliado por el colonialismo europeo. Los franceses habían terminado derrocándolo en 1953, para luego intentar acallar su voz enviándolo a un doloroso exilio.

En sus primeros años, debido al cariz político que cobraba recordar a un Rey derrocado, amordazado y exiliado por los colonialistas franceses, las potencias europeas intentaron erradicar la celebración. Lejos de amedrentar al afiebrado nacionalismo marroquí, y los infaltables discursos políticos, las medidas de los imperialistas europeos terminaron popularizando la fiesta y consagrándola como una protesta alegórica contra la colonización.


Debido a la presencia española, la administración se dividía en tres, por lo cual el nacionalismo que luchaba contra los poderes colonialistas, colaboró para dotar al monarca de un simbolismo, carisma y popularidad sin precedentes en la historia de la monarquía.


La figura de un Sultán o Rey era entonces el único elemento con el cual la nación podía sobrevivir cohesionada. El cambio de ideas que convirtió a una monarquía en símbolo de lucha contra la opresión colonialista fue una maniobra de gran envergadura que culminó en un gran éxito propagandístico.


La idea demostró ser una brillante maniobra política de los nacionalistas marroquíes, que no solo lograron revitalizar la figura de su soberano, sino además convertirlo en un símbolo de identidad válido para toda la nación.


Finalmente, en 1956 llegó la Independencia de Marruecos que consolidó la Fiesta del Trono como elemento de unidad nacional y lazo de unión del soberano con su pueblo.


Mientras el reino de Marruecos es un oasis de modernidad y tolerancia religiosa en el Magreb, la RASD constituye un criadero de radicalismo político, religioso y militar. En tanto la república saharaui ha convertido a los dignos hijos del Sahara en mendigos de la ayuda internacional, la monarquía constitucional de Marruecos ha hecho de sus provincias del sur, en el antiguo Sahara español, un jardín donde florece el progreso moral y material.


Como lo predijo el historiador francés Bernard Lugan, Marruecos se ha consolidado ya en las primeras décadas del siglo XXI como una potencia económica continental, y un actor de primer nivel en su continente. Y lo ha hecho con una monarquía que ha demostrado ser lo suficientemente pluralista y tolerante como priorizar los temas económicos con su entorno, dejando en suspenso cuestiones políticas que pudieran pesar contra esa táctica.


El rey de Marruecos ha logrado captar atención de poderes con gran predicamento financiero, y como ejemplo puede citarse que en Marruecos se realizan con éxito los más importantes foros sobre Desarrollo y temas bancarios de África. En contrapartida, la república saharaui sería incapaz de sobrevivir unos pocos meses sin dádivas argelinas y caridad española, por más que sus propagandistas se llenen la boca con la palabra dignidad.


Mientras todo el mundo considera a la república saharaui un molesto problema que al decir del asesinado presidente argelino Boudiaf, “no tiene pista de aterrizaje”, líderes de potencias de primera línea a nivel mundial resaltan "el papel esencial de Marruecos" en la seguridad del Magreb y del Mediterráneo occidental.


En tanto organismos internacionales alertan sobre el terreno fértil para el yihadismo que ofrecen los campamentos sin futuro de Tinduf, la monarquía de Marruecos ha hecho revisar los programas religiosos y los libros de texto, tanto en las escuelas públicas y privadas e instituciones tradicionales, con el fin de otorgar gran importancia a la educación en los valores que abogan por la prudencia, la tolerancia y la convivencia con diferentes culturas y civilizaciones.


Como lo señalamos siempre, hay muchos países que llevan la palabra república solo en sentido nominal, y son gobernados por líderes políticos no se inspiran en absoluto en los valores ilustrados del republicanismo. Más bien se erigen, corrupción de por medio, en reyezuelos vendidos y déspotas deslustrados.


Deberían reflexionar al respecto aquellos que se jactan de ser republicanos sin dar mayor prueba de ello, y construyen la paradoja de una república reaccionaria que hace lucir progresista a una monarquía, que además logró convertirse en símbolo de lucha popular contra opresores imperialistas.

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