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Primeros días de enero

Pelayo López
Pelayo López
martes, 10 de enero de 2006, 00:26 h (CET)
Después de superadas las fiestas navideñas, cuya señal inequívoca son los numerosos cartonajes que inundan los contenedores el día después de la noche de Reyes, o la retirada de las centelleantes bombillas que han alumbrado y decorado las calles de nuestros pueblos y ciudades, ahora empezamos a ser conscientes de que realmente hemos dejado atrás el 2005 y estamos ya plenamente inmersos en los primeros días de enero de este nuevo 2006.

Y aún somos más conscientes porque, nada más echar el telón a estas Navidades, los escaparates de los comercios muestran ya letreros de rebajas con descuentos imposibles, los mismos comercios en cuyo interior creemos ¿ahorrar? sin darnos cuenta de que somos ya víctimas de una espiral consumista de la que difícilmente seremos capaces de salir. Y todavía lo seremos más cuando, al desembolso hecho en nuestras compras navideñas y en estas mismas rebajas, debamos sumar las facturas abultadas con el comienzo de año de servicios básicos como la luz, el butano, el gas natural, los transportes públicos… Será entonces cuando nuestro bolsillo se dará cuenta de que el incremento salarial anual fruto del variable IPC no sirve para cubrir todos estos gastos, y comenzaremos a hacer macroeconomía con nuestros escasos salarios, o en todo caso las cuentas de la lechera, para tratar de cuadrar nuestros presupuestos y que no queden como siempre a 0 o en números rojos. Aunque sea sólo por eso de enturbiar un poco las encuestas que dicen que nosotros los españoles no ahorramos y estamos endeudados hasta las cejas. ¡¿Quién lo diría?!, ¡¿quién habrá dicho que existe la cuesta de enero?!.

Lo cierto es que estos primeros días de enero del 2006 son más bien poco esperanzadores. ¡Parece mentira que acabamos de vivir la ilusión más o menos afortunada con los sorteos de Navidad y del Niño, o la que nos proporcionan los ojos iluminados de los más pequeños en la Noche de Reyes!. Y es que sin dejar el ámbito doméstico, sin atravesar el umbral de las puertas de nuestros domicilios, lo cierto es que empieza mal el año en muchos asuntos, y uno especialmente preocupante porque parece no tener límite y siembra víctimas esquina a esquina, es el de la denominada violencia de género, que ha comenzado este mes de enero con una escalofriante estadística. Ni el espíritu navideño parece haber podido aplacar esta lacra.

Si levantamos la vista y miramos a otros asuntos nacionales e internacionales, la situación no mejora mucho que digamos. En el orden internacional, sobre todo destaca la incertidumbre suscitada en Oriente Próximo con la crisis cerebral sufrida por el primer ministro israelí Ariel Sharon, y los titubeos con los que se afronta ahora el futuro de una zona en conflicto más o menos latente por momentos, que además vivirá jornadas electorales en este primer trimestre del año. Un único deseo en la mayoría de las personas, el que la paz que parecía estar alcanzándose poco a poco no se desande.

Para concluir ya, regresamos de nuevo a nuestro país, para abordar un asunto que tiene cierta ligazón con el anterior, sobre todo en lo de no desandar el trayecto recorrido en estos casi 30 años de democracia. Y es que esperemos no hagan la pascua unas controvertidas declaraciones de un alto cargo militar precisamente durante la celebración de la Pascua de esta institución, el ejército. Sin entrar a valorar si se trataba únicamente de un proceso de enajenación transitoria, de una orden acatada proveniente de aquellos superiores que más beneficiados podrían verse, o simplemente de una amenaza oculta durante años evocadora de otros actos acontecidos un 21F, lo cierto es que el desasosiego sembrado es evidente. De todos modos, no es de extrañar cuando la crispación en la escena política de nuestro país es cada día creciente, o cuando los protagonistas de ésta desoyen la capacitada voz de otras instituciones en algunos asuntos.

Tal y como se puede comprobar, estos primeros días de enero no son un buen síntoma de que la salud mundial vaya a ir a mejor en este nuevo año. Sólo nos queda esperar que la vacuna de la razón haga efecto.

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