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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Cómplices

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 9 de enero de 2006, 04:42 h (CET)
Cómplices del bien
Cómplices del mal
Ángeles y diablos
Códices individuales
En busca de una señal


Hablando de colaboración o implicación con respecto a los sucesos del entorno, recuerdo al genial dramaturgo J.B. Priestley, en cuya obra "Yo estuve aquí antes", refleja muy certeramente esto de las influencias de una persona sobre aspecto del entorno o de otras personas. Si uno pudiera rebobinar en la vida, como el profesor en la citada obra, percibiría detalles como se refleja en el argumento de la obra. El suicidio de un empresario frenaría el desarrollo para un buen número de empleos, familias, incluído el despegue de toda una comarca. Su misma familia no alcanzaría la entidad que le podemos suponer. Repercusiones claras de una decisión sobre el devenir de mucha gente.

No disponemos de la moviola para la calibración de esas influencias, de lo que podamos ocasionar. La inmediatez de las decisiones nos conduce al olvido de sus posibles repercusiones; es más, en la mayoría de las ocasiones será probable que no apreciemos ninguna relación entre la actuación de ahora y los eventos posteriores, aunque la hubiere. Eso reportará un distanciamiento, al no ver esa relación causa-efecto, para lo bueno y para lo malo.

Al distanciarnos de los hechos, damos cancha a los INTÉRPRETES INTERESADOS, como renunciemos a una postura, se abre la compuerta a los especuladores, ellos nos van a ofrecer una historia adobada y manipulada, según sus propios intereses. Hemos quedado marginados. Desaparece la responsabilidad directa y se fragua unas historietas, escritas y matizadas por los jerifaltes. Ya no importan los detalles personales. Como decía, habríamos desaparecido del mapa social.

En determinados aspectos regirá la opinión y las orientaciones de algún personaje concreto -Político, banqueros, artistas-, los demás a seguir su estela. Pueden constituirse en un auténtico intérprete de la realidad, la moda, una consigna o una mentira. No faltan aquellos casos en los cuales, los agresivos depredadores de la sociedad, irónicamente, pasan a ser los valedores del estilo dominante -Terrristas, grandes corruptos-. Las posibilidades son interminables.

Como permanecemos al margen, difuminados, sin entidad propia, queda muy desfavorecido el papel que jugamos en el entramado social. ¿Ángeles o diablos? O bien, a la vez ángeles y diablos, según se mire. Dicho de otra manera, esa pasividad y aletargamiento en el que caímos, ¿Qué representa? ¿Excesiva bondad? ¿Maldad sibilina? Nos perdemos en la profundidad, en la hondura de la persona humana.

Uno de los defectos preponderantes en los ambientes modernos es el de despejar los asuntos hacia otras responsabilidades, el Estado, los curas, los políticos, los vecinos. No importa hacia donde, el caso es no centrarnos en las acciones desarrolladas por uno mismo. O por las omisiones, que tanto daría. De esa manera borramos el sentido de responsabilidad. El problema está en la incapacidad para esconder esas repercusiones.

Puede parecernos todo esto muy teórico. Bastarán algunos ejemplos para situarnos. En el terreno de la educación, el principal dogma es esa ramplón todo vale, igualitarismo mediocre, sin filtros de convivencia, sin la más mínima ética; por consiguiente no deberá extrañarnos la violencia emergente. Con el asunto de las drogas ocurre otro tanto, en cualquier cadena televisiva, sufragada con dinero público, se ofrecen con afán de modernidad y progresismo, alardes de un uso petulante de las drogas. Se pueden multiplicar los ejemplos, como se trata el concepto de la vida humana, la mentira, la verdad, o elijan ustedes el concepto que prefieran.

Ha quedado clara la dimisión voluntaria de gran parte del público -Padres, profesionales, periodistas-. A lo sumo, disfrazados de público, sin contabilizar como gente activa. ¿Quién reclamará otros comportamientos? ¡Pero quizá ya no sepamos cuáles deban ser las maneras más convenientes! Con las recientes revueltas parisinas se comentaba, si no hay uno oferta de sociedad, es una amalgama no identificable. ¿Cómo encontrar la dirección propicia?

Esa banalidad ambiental nos engulle, como un remolino en plena absorción, arrastra todo lo que encuentra a su paso. Si nefastas son las maldades ejercidas por pequeños grupos o desalmados; no le va a la zaga esa corrupción de los que pasan desapercibidos en lo que realmente importa. Aunque digamos lo contrario, seremos CÓMPLICES de hecho, favoreceremos los desmanes y las desventuras.

Por eso sueño en que podamos encontrar dentro de cada persona ese genio benefactor, con capacidad de dirigirnos hacia unas actuaciones más meritorias. No quedarnos siempre esperando a lo que viene de fuera, esos suelen venir con sus intereses a cuestas, por eso suelen desplazarse.

Esos GENIOS hemos de localizarlos en cada corazón, ese será el auténtico pálpito de concordia y creatividad. Si no respetamos ese duendecillo de cada uno, mal vamos a desenvolvernos. No se trata de ahogar iniciativas, sino de estimularlas para un enriquecimiento común, de convivencia, de paz y armonía.

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