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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El eructo del Teniente General

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 9 de enero de 2006, 04:42 h (CET)
El día de Reyes los militares celebran la Pascua Militar. Es una fiesta en la que lucen sus mejores galas, todos se ponen el traje de “bonito”, se llenan de bandas, medallas y condecoraciones y acuden a cumplimentar al Rey que es su máxima autoridad como antes lo fue Francisco Franco. Para ellos debe ser un día precioso, como esas reuniones de antiguos alumnos en las que se pasa lista a los ausentes y se presume de lo conseguido en la vida. Generalmente los que eran más torpes en clase hoy son los que mejor colocados están en la carrera de la vida.

Este seis de Enero, mientras los niños desempaquetaban los regalos de los otros Reyes, nuestro Rey, D. Juan Carlos, hablaba a sus compañeros de armas de “reconciliación, concordia y consenso” y el Ministro de Defensa, ese Pepe Bono al que hasta los votantes populares valoran bien en las encuestas, se dedicaba a hacer balance de los logros de su ministerio y a decir que ya tenemos un ejercito constitucional y sin peligro alguno de involución.

Pero, desgraciadamente la realidad no es tan bonita y tranquila como el Ministro la pintaba. Hay gentes en el ejercito que siguen pensando que las estrellas de la bocamanga les siguen dando patente de corso. Hace unos días un mando ordenó trasladar a 23 camareros en un avión Hércules del ejercito desde Zaragoza a Madrid- ida y vuelta- tan sólo para servir un cóctel. Al parecer el responsable de este abuso de poder va a ser sancionado con una simple y sencilla reprimenda. Algunos pensamos que se debería descontar de su salario el gasto ocasionado por seguir creyendo que el ejercito y lo que al mismo pertenece es parte de su cortijo particular.

Pero lo más grave sucedía en Sevilla. Mientras en Madrid el Rey hablaba de concordia y consenso, y al Sr. Bono se le llenaba la boca diciendo que ya no existen “espadones” en nuestro modernizado ejercito en Sevilla el Jefe de la Fuerza Terrestre, con cincuenta mil hombres bajo su mando, se permitía el lujo de amenazar a todos los españoles. El Teniente General José Mena criticaba la exigencia de que en Catalunya se exigiera el conocimiento del catalán comparando esta lengua- tan española como el castellano- con los idiomas extranjeros y sacaba a relucir el Art. 8 de la Constitución, el que habla del deber del ejercito en la defensa de la unidad de España, para presionar a los políticos que estos días discuten el Estatut de Catalunya. Las palabras textuales del Teniente General Mena avisaban de las “graves consecuencias que podría conllevar la aprobación del Estatuto de Catalunya en los términos en que está planteado”.

Un señor que ha llegado a Teniente General no es un cabo “chusquero” y hay que pensar que por su formación tiene que saber que las leyes las aprueba y discute el poder legislativo y que los militares, desde hace treinta años, no deben opinar sobre estos temas, sólo acatar las ordenes del Gobierno. Respeto las opiniones de D. José Mena como ciudadano español, pero no puedo tolerarlas cuando las hace investido de su cargo con todos los entorchados inherentes al mismo. Si quiere medrar en política dimita de su cargo de militar y cree un partido político o afíliese a alguno, seguro que en alguno de los existentes le acogerían con los brazos abiertos. Pero mientras siga ostentando los galones de jefe del Ejercito manténgase en posición de saludo y cierre la boca para que no se le escapen eructos con cierto sabor a golpismo.

Me imagino que a estas alturas el Teniente General José Mena ya habrá sido cesado. A él supongo que le dará lo mismo ya que en marzo pasaba a la situación de reserva y que si lo pasan ahora seguirá cobrando un sueldo que pagamos con nuestros impuestos. Cuando un trabajador es despedido por justa causa no percibe ni su sueldo para siempre ni indemnización alguna. En esto los militares siguen con sus privilegios de siempre. Pero lo que más me preocupa es que este señor decía hablar en nombre de sus subordinados y que sus palabras transmitían un sentimiento general en los cuartos de banderas. Sr. Bono hágaselo mirar, a ver si sus constantes llamadas a la constitucionalidad han sido mal entendidas entre los jefes militares y, por desgracia, seguimos teniendo un ejercito africanista entre nosotros. Malo sería que siguiéramos alimentando el huevo de la serpiente.

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