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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   PP   -   Sección:   Opinión

Venció quien debía

La regeneración del PP, misión de P. Casado
Miguel Massanet
lunes, 23 de julio de 2018, 00:39 h (CET)

Puede que estas primarias celebradas en el PP sean las más auténticas que se hayan llevado a cabo en toda la historia de la democracia española. Es cierto que los encargados de dirigir el proceso han tenido algunos fallos que suponemos que, en sucesivas ediciones, van a ser subsanados modificando, si hiciera falta, el reglamento que rige semejantes eventos para que no suceda, como ha ocurrido en esta ocasión, que se les priven a los candidatos, con la pretendida justificación de no romper la unidad del partido, sin duda una excusa extemporánea y carente de la menor lógica si de lo que se trata, precisamente es de que cada candidato tenga las mismas ocasiones y posibilidades de dar a conocer su programa electoral a sus posibles votantes para que no suceda, como se ha dado en estas votaciones, que algunos han quedado eclipsados por la notoriedad del resto, personas sobradamente conocidas por los ciudadanos españoles.


En todo caso han servido para despertar a un electorado adormecido, para poner las pilas a los desencantados que huyeron a otras formaciones políticas a causa de la decepción que les producían determinadas políticas excesivamente acomodaticias, demasiado tolerantes y, en ocasiones, escandalosamente condescendientes en temas que por su gravedad, lo que representaban de cesión de las competencias estatales e infractoras de nuestra legislación, Constitución incluida, significaban graves agresiones al orden constitucional, a la unidad de la patria y a nuestra propia soberanía, en ocasiones puesta en duda por quienes tenían por objeto la desmembración de la nación española o el cambio de nuestro régimen democrático para trasportarnos a otros tipos absolutistas y totalitarios, de los cuales ya quedamos abundantemente servidos con lo ocurrido en 1931 con la proclamación de la II República y sus nefastas consecuencias y, posteriormente por la propia Guerra Civil en unas momentos en que el Estado republicano había perdido toda autoridad y había quedado apresado en manos de los anarquistas sindicales que fueron los que trasladaron el terror a la mayor parte de aquella España del 1936.


En los discursos de los candidatos en el Congreso del PP quedaron evidenciadas dos formas distintas de enfocar la política que, creo, dejaron lo suficientemente claro lo que se pretendía hacer del partido por la señora Sáez de Santamaría y por el joven candidato Pablo Casado. La primera adoptó una pose académica, de profesora que imparte una clase a unos alumnos que se supone que están dispuestos a acatar y a obedecer. Sus pausas estudiadas, sus recorridos de parte a parte de la sala con sus grandes ojos abiertos de par en par, sin pestañear, su cabeza levantada en un actitud de superioridad y su media sonrisa, un tanto condescendiente, indicando que no estaba dispuesta a admitir réplica alguna de aquellos que no estuvieran dispuestos a someterse a su dirección. Palabras huecas en busca de unidad e intentos poco afortunados de atribuirse méritos cuando, aparte de la primera etapa que le atribuimos a la gestión personal y directa del señor Rajoy, en cuanto a lo que se refiere a la última etapa de la legislatura, las sombras se impusieron sobre algunos relámpagos de luz que, con los resultados del tema catalán, fueron definitivamente oscurecidos por la evidentemente insuficiente, mojigata, llena de dudas y de intentos de salvar los muebles del gobierno de Rajoy, intentando convencer a los catalanes de que debían cesar en su actitud revolucionaria, de lo cual se encargó la vicepresidenta Soraya con los resultados, evidentemente desastrosos que, posteriormente, se han podido comprobar.


Durante estos pasados años muchos de los que formaos parte del viejo PP y de Alianza Popular, los simpatizantes y los seguidores de la derecha, habían notado la lenta evolución de la nueva dirección del partido hacia caladeros distintos en los que acostumbraba a faenar el señor Fraga Iribarne. Se fueron dejando en barbecho cuestiones que, para una gran mayoría de los votantes, tenían mucha importancia, con la excusa de que no eran bien aceptadas por los partidos de la oposición. El problema catalán, que había constituido una preocupación menor durante los primeros años del gobierno del señor Rajoy, ante la inmovilidad y pasividad del presidente del Gobierno, fue empeorando dando pie a que, los más timoratos, fueran adquiriendo confianza y pronto, la osadía y temeridad de aquellos que dejaron de cumplir las leyes estatales por considerar que no favorecían al pueblo catalán, las peticiones de las autoridades de la Generalitat, cada vez más agresivas e insistentes, las actuaciones evidentemente irresponsables y rebeldes del Parlament catalán desoyendo las advertencias del TC y pasando por alto las resoluciones del Parlamento del Estado advirtiéndoles de la ilegalidad de las acciones de índole revolucionaria, entre ellas la convocatoria del referéndum del 1.O; dejaron en evidencia que, incluso con la aplicación del 155, el Gobierno era incapaz de actuar con la energía precisa para evitar el brote revolucionario que se produjo en la autonomía catalana y las desagradables consecuencias que se derivaron de él..


Consumado el disparate y caído el gobierno, en virtud de la moción de censura presentada por los socialistas y apoyada por una mayoría del Parlamento; los reproches para el gobierno del PP se hicieron cada vez más insistentes y premiosos de modo que, al señor Rajoy, ya no le quedó más remedio que renunciar a su cargo, algo que, por cierto, hizo con toda dignidad y de una forma irreprochable. Hubo un último destello de perpetuarse en la persona de su fiel apoyo y cómplice en todo lo que fue el tratamiento del proceso independentista catalán, la señora Sáez de Santamaría, incluso en todo aquello que constituyó el principal error de la aplicación del 155, su limitación y el haberse dejado influir por los socialistas en no intervenir en los medios de propaganda catalanes, a los que se les dio opción a que siguieran impartiendo consignas, críticas al Estado y orientaciones a los rebeldes que consiguieron que, un referendo prohibido e ilegal, pudiera acabar pareciéndolo gracias a la traición de los mossos y a las dudas del Gobierno, que permitieron que, de cara al exterior, aquel simulacro de consulta pareciera legal.


La cara que les quedó a Santamaría y al propio Rajoy cuando fue proclamado al señor Pablo Casado como nuevo presidente del PP, fueron tan expresivas, tan reveladoras de donde estaban las preferencias del segundo y tan forzadas las muestras de apoyo y felicitación hacia el vencedor, que todos los asistentes se pudieron dar cuenta de lo que pasaba por el interior de ambas personas que, inevitablemente, tuvo que ser la sensación del fracaso más absoluto. Es evidente que un Pablo Casado, que ha sabido trabajar a la perfección su candidatura que no ha caído, como Soraya, en el intento de perpetuar su influencia nefasta en el gobierno cuando dieron paso a obvias los principios y valores del PP, para intentar acercarse al resto de `partidos, sin ningún éxito y cayendo en las trampas que sus adversarios les fueron tendiendo, hasta convertirse en mayorías, cada vez más escuetas, perdiendo votos y escaños a medida que el tiempo les iba desgastando y dejándolos solos contra el resto de la oposición.


El discurso vibrante pronunciado por Pablo Casado en el Congreso del partido, tuvo la virtud de ilusionar a una parte importante de los compromisarios que, con toda seguridad, ya iban `predispuestos a emitir su voto en favor del vencedor pero, por si hubiera quedado alguno indeciso, es evidente que se hubiera dejado arrastrar por el ánimo, la jovialidad, el buen sentido y la confianza que inspiraba el candidato, que tuvo la habilidad y supo enfocar su discurso a la semejanza de cómo los candidatos americanos utilizan sus argumentos en los “caucus” donde se promocionan los que aspiran a ser elegidos. Hizo propuestas claras, demostró un talante distinto al del gobierno anterior cuando prometió volver a los principios del partido y a sus valores, abandonados en pro de un falso pragmatismo que no consiguió más que, una vez superada la etapa de la grave crisis que mantuvo a los políticos en hibernación, volviera a resurgir con mayor fuerza y sin contemplación alguna el enfrentamiento de toda la izquierda, encabezada por P.Sánchez y los separatistas catalanes, arrastrados por el señor Más y Junqueras, que iniciaron la batalla en pro de la independencia de Cataluña.


Esperamos del nuevo presidente del PP, de don Pablo Casado, que tenga suerte en esta nueva etapa que le pronosticamos dura y cargada de trampas puestas por aquellos mismos que estos días lo han felicitado. Y una observación, en cuanto a las promesas de integración en la nueva directiva de miembros del equipo de la señora Sáez de Santamaría: no la permitan ocupar un espacio desde el cual pueda contraemboscar fácilmente las políticas que el señor Casado y sus seguidores intenten, en adelante, poner en práctica. No estamos muy seguros que continuar dándole bazas a la actual ex vicepresidenta sea una forma muy adecuada de conseguir, de verdad, la deseada unidad del PP.


Así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, en esta ocasión nos sentimos orgullosos de felicitar al nuevo presidente del PP, convencidos de que va a hacer lo preciso para sacar adelante el partido y para llevarlo, otra vez, a aquel lugar preeminente en el que le corresponde estar.

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