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Etiquetas:   Opus Dei   Religión   -   Sección:   Opinión

Opus Dei: Comentario crítico a una carta (XLIII)

Hay que reconocer que en el Opus Dei han sido más pacíficos que Alejandro VI o Hitler. Se agradece
Antonio Moya Somolinos
@tiotognin
domingo, 22 de julio de 2018, 11:48 h (CET)

Probablemente el lector, al concluir de leer la entrega de ayer, quizá tuvo un recuerdo, probablemente no demasiado favorable, hacia la madre de José María Gil Robles y Quiñones, que en gloria esté. Que seguro que está, a la vista de la honradez profesional con que llevó el asunto de María Angustias Moreno, como buen cristiano que era, perteneciente a un partido también cristiano junto con Sor Intrépida y otras gentes de la  catolicidad oficial de este país

Un tipo como este, tan honrado, tan profesional, tan amante de la verdad y de la defensa de sus clientes, no podía por menos que recibir, aunque fuera a título póstumo, la “canonización” del colectivo de abogados, es decir, la Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort, en 1998.


Aquí ya se ve que se “canoniza” a todo bicho viviente. Menos mal que los juicios de Dios no son los mismos que los juicios de los hombres. Dentro de todos los reconocimientos humanos, me viene ahora a la cabeza que Hitler llegó a estar nominado para el premio Nobel de la Paz.


En este mundo pasan cosas muy raras.


Volvamos al hilo de lo de ayer. Estábamos en que esa “manada” de cuervos calumniadores con sotana (Ernesto Peñacoba Muñoz-Chapuli, Antonio del Vals Esteban, Juan García Llovet, Benito Badrinas Amat, Emilio Navarro Rubio y Severino Monzón), enviados por “no se sabe quién”, en una santa misión, terminaron yéndose de rositas a causa de esos despistes “disculpables” de José María Gil Robles y Quiñones y de los de su equipo jurídico de Sevilla.

No se qué habrá pasado en el seno de las altas alturas del Opus Dei después de este incidente, que de haber seguido adelante, habría supuesto un escándalo importante, al haber puesto de manifiesto unos métodos mafiosos y extorsionadores que no habrían casado con la imagen angelical que todo el mundo tenía (y todavía hoy tiene) del Opus Dei, de esos que “viven como ángeles en medio del mundo”, en expresión del fundador.


Probablemente, aprenderían la lección y quizá decidirían ser algo más prudentes en el futuro. También es verdad que, aunque el segundo libro de María Angustias no tuvo tanto impacto como el primero, en él aparecieron testimonios de otras personas que habían pertenecido a la institución y habían terminado heridas como María Angustias. Por primera vez, que yo sepa, empezó a formarse de modo espontáneo un sentimiento de unir experiencias, esfuerzos y voluntades, para no ser cómplices, con el silencio, de los desmanes que se venían cometiendo en el Opus Dei desde tantos años atrás.


En el segundo libro de María Angustias ya aparecen testimonios importantes que hasta ese momento habían pasado en el silencio, entre ellos, María del Carmen Tapia y Antonio Pérez Tenessa. Es importante retener estos nombres, porque en el proceso de beatificación se rechazó que declarasen.


En cuanto a María del Carmen Tapia, había sido la directora central del Opus Dei en Roma desde 1953 a 1956, esto es, la número dos, después del presidente general, Josemaría Escrivá de Balaguer. Posteriormente fue destinada como directora regional a Venezuela, hasta 1965. En 1966 abandonó el Opus Dei. Su extenso y documentado libro “Tras el umbral” es un referente obligado para saber de primera mano cómo funciona la organización y cómo se las gastaba san Josemaría de puertas adentro. También es una fuente importante para entender el carácter iracundo y hasta cruel del fundador del Opus Dei, nada que ver con ese postureo ñoño del que hacía alarde ante las cámaras. Este libro se puede consultar o descargar en este  enlace.


En cuanto a Antonio Pérez Tenessa, sacerdote numerario, había sido secretario general del Opus Dei, es decir, el número dos después de san Josemaría. Posteriormente había desempeñado el cargo de consiliario del Opus Dei en España. A la vista de la experiencia ajena, según la cual, era poco menos que imposible irse del Opus Dei sin ser psicológicamente martirizado (ahora está más fácil, gracias a Dios y a las tortas que vienen recibiendo de todas partes), Antonio Pérez optó por desaparecer repentinamente, sin decir nada, aprovechando una estancia rutinaria en Roma. Cuando se quisieron dar cuenta en la institución, ya estaba libre, en México.


Posteriormente, retomó su profesión civil y llegó a ser Consejero Permanente del Consejo de Estado en España.

Siempre ha sido muy parco en declaraciones. Cada cual tiene su modo particular de afrontar la salida de esta secta, y todos los modos son respetables. No estoy de acuerdo con los motivos de su silencio porque entiendo que no le obligaba a guardar silencio ningún compromiso con personas o actividades sectarias, ya que eso es encubrimiento.

También Juan Pablo II optó por encubrir a los curas pederastas entendiendo que con ello hacía un bien a la Iglesia al evitar un escándalo. Pero me parece que eso fue una decisión equivocada. Lo acertado fue sacarlo a la luz, aunque fuera doloroso, como hizo Benedicto XVI, para hacer la justicia que fuera posible con las víctimas, que eran los principales perjudicados. Y para bien de la Iglesia.


De todas formas, respeto el modo de actuar de Antonio Pérez Tenessa. De sus pocas declaraciones, se hizo eco El País en los enlaces que se pueden ver a continuación, recogidos en OpusInfo, que es una página relacionada con OpusLibros. Los enlaces son estos: ( http://www.opus-info.org/index.php?title=Una_crisis_en_el_Opus_Dei ) y ( http://www.opus-info.org/index.php?title=No_hablar%C3%A9_mal_de_la_Obra ).


Volviendo al libro “La otra cara del Opus Dei”, observo que en Internet no aparece completo, sino solo unos capítulos. En edición de papel, hay más texto. Concretamente, hay una carta de Antonio Pérez Tenessa a María Angustias Moreno con ocasión de la aparición del primer libro de esta, “Opus Dei. Anexo a una historia”. Esa carta está recogida en las páginas 96 y 97, y dice así:


“Querida María Angustias: He vuelto a leer tu libro “El Opus Dei. Anexo a una historia”, en el cual hay mucha más sustancia de la que puede parecer a la primera lectura, y me considero en el deber de decirte que suscribo todas tus apreciaciones sobre el “espíritu” de la Obra, pues he vivido como tú la mayor parte de las experiencias que relatas y muchas más; tus juicios acerca de los que se van y los que se quedan no pueden ser más certeros, y he llegado también a la conclusión de que nunca hayamos abandonado el instituto, y finalmente, que si de algo me arrepiento es de no haberme ido antes. Pero hay que reconocer, en disculpa de nuestra tardanza, que era muy difícil salir.


Una vez liberado del trauma que deja la Obra, repito literalmente contigo: “yo, por mi parte, puedo seguir asegurando que no he llegado a echar de menos ninguno de sus cuidados, de sus charlas, de sus consejos, de sus diálogos, de sus apostolados, nada. Porque era eso precisamente lo que me costaba y me repelía por contradictorio” (pág 126).


Tu libro tiene un alto valor informativo, y dejando aparte algunas benévolas interpretaciones tuyas, es a mi juicio el mejor y más objetivo análisis que se ha hecho de lo que es el Opus Dei por dentro.


Como se que estás siendo víctima de una campaña difamatoria, te escribo estas líneas por si te sirven de consuelo y como apoyo moral a quien ha tenido el valor – no pequeño – de dar testimonio de la verdad”.


Volviendo a lo que decíamos antes, es evidente que empezaba a tomar forma una reacción y una organización de los damnificados del Opus Dei, precisamente en pleno proceso de beatificación de san Josemaría.


Y no solo de los damnificados, sino de mucha gente que ante los movimientos de sus seguidores para beatificarlo, entendieron que era un deber moral presentar también otras opiniones alternativas. Por ello, durante el proceso de beatificación aparecieron también otros muchos libros, desapasionados y objetivos, contrarios a la posición oficial del Opus Dei.


Uno de ellos, que a mi me parece esencial para conocer la figura de Josemaría Escrivá de Balaguer es el escrito por el periodista Luis Carandell. El libro se titula “Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei” y fue publicado en 1975, y reeditado en 1992.


Es un libro extraordinario escrito por uno de los mejores cronistas españoles del siglo XX. Se puede leer y descargar en este enlace: ( http://www.opuslibros.org/vida_milagros.pdf ).


También hay otro libro importante, escrito por el catedrático y sociólogo Alberto Moncada en 1992, titulado “Historia oral del Opus Dei”, cuyo enlace es este: ( http://opuslibros.org/historia_oral.pdf ).


Especialmente interesante es el libro “Opus Dei o chapuza del diablo”, escrito por un sobrino de Josemaría Escrivá, Carlos Albás, en 1992. En él puede verse lo inaguantable que era su tío. Se puede leer y descargar en este enlace: ( http://www.opuslibros.org/libros/Chapuza/indice.htm ).


Por hoy lo dejamos para entrar mañana ya en los entresijos del proceso, aunque puede verse, por lo que ya hemos expuesto en los enlaces, que el Opus Dei empezó a ver desde el primer momento del proceso de beatificación que era fundamental impedir que se supiera la verdad acerca de san Josemaría Escrivá, y la única manera de hacerlo era evitar que quienes le habían conocido y sabían de él cosas que hasta ese momento habían permanecido ocultas, declarasen en el proceso.


Si en algún momento era vital encubrir la verdad, era ese.


En este punto resultó fundamental que Javier Echevarría, número dos del Opus Dei, comenzase a trabajar en la Congregación para las Causas de los Santos desde 1981. No hay que olvidar que el proceso de beatificación empezó el 12 de mayo de 1981. Por tanto, desde el primer momento del proceso, el Opus Dei contó con alguien muy bien posicionado para seguir de primera mano el proceso y saber qué pasos dar en propio provecho, además de contar con el favor de los compañeros-funcionarios del Vaticano de un modo privilegiado.


El Opus Dei supo sacar partido de esta posición privilegiada de Javier Echevarría, como veremos más adelante, eliminando del proceso de beatificación a los “indeseables”. En cierto modo, hay que agradecer que se hayan desecho de determinados ex miembros que quisieron declarar en el proceso, mediante el tráfico de influencias y la calumnia. En otros tiempos (por ejemplo, Alejandro VI) se utilizaban otros sistemas más expeditivos como la ponzoña, o como en la noche de los cuchillos largos, mediante una eliminación colectiva de los que tenían otro modo de ver las cosas.

Hay que reconocer que en el Opus Dei han sido más pacíficos que Alejandro VI o Hitler. Se agradece.

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Carmen Charo Pérez de San Roman 22/jul/18    15:25 h.
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