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Opinión

Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Aires cargados (y II)

Raúl Tristán

sábado, 7 de enero de 2006, 01:11 h (CET)
Continuando con las elucubraciones sobre la Ley Antitabaco, he podido constatar lo que afirmaba en mi artículo del martes, en relación a los bares: la gran mayoría, es decir, todos, son de fumadores, con lo cual, los apartados en ghettos vamos a ser los no fumadores, al menos si queremos estar en bares libres de humos...

Por el contrario, mi sorpresa ha sido mayúscula en lo referente a los grandes centros comerciales: en ellos, ni un solo cigarrillo. ¡Y créanme que se notaba la menor polución del aire!. Esperemos que dure esta situación...

Por otra parte, me parece adecuada la decisión de no financiar los tratamientos para dejar el tabaco, pero entonces ¿porqué se financian los de otras adicciones?.

Se cuestionan en las empresas qué es lo que pasa con aquellos trabajadores que se quieren echar un pitillo en horas de trabajo... Pues debería pasarle lo mismo que al que quiere echar una cabezada, tomarse unas tapas o hacer el amor: que se espere a salir del trabajo y llegar a su casa.

En otro orden de cosas, pero siguiendo con la misma temática, se deben de hacer una serie de reflexiones que el pueblo llano ya ha hecho por activa y por pasiva, pero a las que nuestros políticos no han querido prestar la más mínima atención.

En primer lugar, ¿porqué si el tabaco es tan malo (no se le conoce efecto positivo alguno, aparte del de reducir el síndrome de abstinencia de él mismo), el gobierno sigue permitiéndolo como droga, cosa que no hace con otras similares?. ¿Porqué sigue “ganando” dinero con los impuestos con los que lo grava?. No es lícita moralmente una actitud ambigua, de veleta que se orienta a un lado u otro según el Ministerio desde el que se considere: Sanidad o Hacienda.

En segundo lugar, ¿porqué no admitir de una vez por todas que la malignidad del tabaco reside en su mayor porcentaje en las sustancias ajenas a la planta, que se le agregan en fábrica para conseguir, entre otros objetivos, una adicción más rápida y duradera, más fuerte, más difícil de vencer?. Esta es una realidad que está ahí, y el Gobierno no se puede evadir de ella. Al igual que la Coca-Cola tiene una formulación desconocida, el tabaco incorpora seguramente un sinfín de compuestos químicos ignorados que constituyen el verdadero problema de salud del mismo. La planta de tabaco adecuadamente usada no causa los estragos que causa el tabaco manipulado. Recuerden la diferencia existente entre el uso ancestral de la hoja de coca y el reciente de la cocaína...

En fin, que seguiremos tomando el vermouth en atmósferas contaminadas, pero al menos trabajaremos con menos malos humos, iremos a los centros comerciales a respirar aire puro y la administración nos atenderá en un ambiente límpido y cristalino, sin smogs malsanos que puedan ocultar trapicheos y manos negras...

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