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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Salamanca, un alcalde rebelde

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 5 de enero de 2006, 22:55 h (CET)
A las generaciones más jóvenes hemos de contarles que hace años aquí, en este país llamado España, hubo una guerra incivil que extendió un reguero de sangre y odios entre hermanos. Hay que explicar a los jóvenes de hoy en día, algunos creen que Franco fue un futbolista, que un 18 de Julio de 1936 un grupo de militares encabezados por el que fue el general más joven del ejercito se sublevó contra el Gobierno legalmente constituido. Después de tres años de guerra y de matanzas, por uno y otro lado, los militares rebeldes ganaron la guerra y establecieron en estas tierras una paz de silencios y losas sepulcrales que duró casi cuarenta años. El dictador murió viejo y en la cama y los hijos y nietos de unos y otros se reunieron para olvidar el pasado. Unos. los franquistas, consiguieron la patente de demócratas de siempre y los otros, la oposición generalmente formada también por hijos de los vencedores de aquella guerra, corrieron una tupida sabana de olvido por los que realmente murieron en defensa de sus ideales. Esa fue nuestra tan traída y llevada transición democrática. Se les otorgó patente de corso a los viejos franquistas que, a partir de aquel momento, pasaron a la categoría de “demócratas de siempre”. Y así hemos visto como los apellidos de, por poner un ejemplo, Samarach, Martín Villa o Fraga Iribarne han seguido poblando nuestra vida política desde la muerte, en la cama no olvidemos, del viejo dictador.

Pero los viejos franquistas, como los roqueros, nunca mueren. Siguen apareciendo en nuestra vida diaria, unas veces disfrazados de historiadores arrepentidos de su pasado del tiro en la nuca como Pío Moa, otras purgando sus deslices juveniles en la extrema izquierda como Jiménez Losantos y otras sin ocultarse como el Sr. Lanzarote, alcalde de Salamanca, defensor a ultranza de que un botín de guerra se quede en su ciudad incluso utilizando la frase de Unamuno contra Millán Astray. Ese “venceréis pero no convenceréis” que Lanzarote, con la oposición de la familia del escritor, espeta contra los que quieren que los documentos vuelvan a sus legítimos propietarios.

Los chicos de la gaviota errática que se cogen a cualquier clavo ardiendo que suponga un desgaste del gobierno socialdemócrata de Rodríguez Zapatero han vuelto a alistarse, cual nuevos legionarios, en el banderín de enganche de la negativa a devolver el botín de guerra franquista de los denominados “papeles de Salamanca” con el alcalde de la ciudad a la cabeza. Los honorables miembros del PP gozan de poca memoria y no recuerdan que en 1980 Manuel Fraga Iribarne, uno de sus presidentes honoríficos, solicitó por escrito la devolución de dichos documentos siendo dirigente de Coalición Democrática. También han lanzado al cajón de los olvidos las palabras de Esperanza Aguirre que, siendo Ministra de Cultura, veía como lógico que se devolvieran dichos documentos, o la votación que, en el 2003, tuvo lugar en las Cortes Valencianas donde todos los miembros del Partido Popular con su presidente, Sr., Camps, a la cabeza solicitaron que se devolvieran todos los papeles incautados a los valencianos.

Ahora, hace unos meses, el Congreso de los Diputados que es el máximo órgano representativo de la soberanía de los españoles decidió por amplia mayoría que los documentos incautados a punta de pistola por las tropas franquistas se devuelvan a su legitimo propietario: la Generalitat catalana. Eso no ha gustado en las tierras charras que lo ven como un ataque a la unidad de esa España, una, grande y libre que muchos andan añorando. Su alcalde pide que el Gobierno incumpla la legislación aprobada por las Cortes españolas y se dedica al ejercicio de la demagogia, como es licenciado en Derecho quiero pensar que el día que explicaron en el aula que las leyes están para cumplirlas debía estar en el bar de la Facultad o dormitaba en clase. Con los actuales medios informáticos la unidad del archivo está suficientemente preservada pero además de todo esto hay que decirle al Sr. Lanzarote- por cierto tan listo como Zaplana a la hora de comprar pisos baratos según me dicen mis amigos salmantinos- que los papeles que custodia su ciudad son fruto, la mayoría, de la rapiña, el robo y la fuerza de las armas.

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