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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Reconciliación?

Pepe López
Redacción
jueves, 5 de enero de 2006, 03:13 h (CET)
El último Consejo de Ministros del pasado año pasará a la historia por el nefasto acuerdo de “crear una comisión para reparar la dignidad y restituir la memoria de los republicanos que sufrieron cárcel, represión o muerte a lo largo de la dictadura franquista, por tratarse de una obligación moral y un acto de justicia”.

Y lo que me parece más triste y repudiable es que la Vicepresidenta –que no sé si vive el momento presente o pasó ya a la posteridad, tal como representa su aspecto- dijera que ese acuerdo se adoptaba para “profundizar en la reconciliación”

Desde que Zapatero llegó al Poder –y los españoles no olvidamos cómo- se propuso como una de sus metas “recuperar la memoria histórica”, tal vez acuciado por el recuerdo de su abuelo, en mala hora fusilado por los franquistas.

Pero, claro está, que sólo quiere recuperar la memoria de los “de su bando”. Que por algo se proclamó republicano.

¿Y qué hacemos con los del otro bando? Es cierto que la dictadura tuvo cerca de cuarenta años para recuperar la memoria de los suyos. Pero ¿se les reparó en algo?

Yo todavía estoy esperando que alguien se preocupara, al llegar la transición, cuando se supone que hicimos las paces, de reparar e indemnizar a cuantos sufrimos en la zona roja, vejámenes, muertes de familiares próximos, cárceles y expoliación del patrimonio.

¿Quién compensó a la Iglesia Española por las pérdidas humanas que sufrió, salvo la gloria de incrementar su legión de mártires?

¿Quién ha pensado en restituir las joyas de inestimable valor y objetos preciosos de culto que existían en templos, catedrales y monasterios?

¿Alguien ha tenido la ocurrencia de devolver –no ya el oro de Moscú- las joyas y el dinero, objeto de la rapiña de Negrín y Prieto que pusieron en Méjico a buen recaudo?

¿Están dispuestos a tanta reparación como deben, aquellos energúmenos camisas negras de la Ezquerra, que ahora tanto gritan, que torturaron hasta la muerte a tantos infelices en las checas de Barcelona?

¿Lo están los culpables de Paracuellos? ¿Y los milicianos, de la tristemente célebre CNT-FAI que jalonaron de crímenes las afueras de Madrid?

Da pena que se quiera hacer memoria histórica buscando las tumbas de los represaliados por el franquismo. Porque las de muchos de los asesinados por las turbas rojas no aparecerán nunca ya que unos fueron lanzados al mar, otros despeñados en los acantilados del Cantábrico y algunos más arrojados a las profundidades inaccesibles de la minas de Cartagena o los pozos de Tabernas.

O echamos un tupido velo y una voluntad decidida de cerrar la memoria histórica o no acabaremos nunca con los odios entre las dos Españas.

Al final, Dios ajustará las cuentas a unos y a otros, sin necesidad de estúpidas comisiones de reparación.

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