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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Contraproducente

Santi Benítez
Santi Benítez
jueves, 5 de enero de 2006, 03:13 h (CET)
Recuerdo que, hace ya mucho tiempo, en una asamblea local del partido, nos llegó una oferta de la asamblea local de IU/Los Verdes para acudir en una lista conjunta a las elecciones municipales. La propuesta fue muy bien recibida por la mayoría pero, finalmente, fue rechazada por la Organización, tildándola de “contraproducente”. Siempre me ha hecho gracia esa palabra, “contraproducente”, contrario a ser algo productivo. Es evidente que el tiempo les quitó la razón a los responsables de Organización.

La resta de partes en un proyecto sí es contraproducente, no la suma. Al final el partido se dio cuenta de ello y cambió mucho de lo que era un lastre, sobre todo en organización.

Mi abuelo creía, y yo con sinceridad creo que tenía toda la razón, que si no hubiera sido por el desastre que supuso tanto ego estúpido, tanta renuencia a la unión por parte de la izquierda de nuestro país, Paco el del Ferrol jamás habría ganado el golpe de Estado del 36. Pensaba que la mayor arma de la que dispuso Franco a su favor fue la incapacidad tácita de aquellos hombres y mujeres para unificar su esfuerzo en un proyecto común.

Aquel que piense, o crea, que esa desunión ha sido superada se equivoca de parte a parte. Sólo basta que un partido de izquierdas logre gobernar para que surja de nuevo esa inquina estúpida de aquellos que son minoría, de aquellos que viven ideológicamente en el pasado. Sí, sí, en el pasado, no sólo le pasa a la derecha. Hay izquierdas incapaces de hacer una superación ideológica que se adapte al tiempo en que viven, que se dé cuenta de que la revolución industrial acabó en los términos que dieron como resultado el nacimiento de esa misma izquierda.

Otro de los mayores problemas de esa izquierda mínima es no vivir la realidad. Siguen viviendo en pleno final del siglo XIX; critican el consumo y el mercado, tildan de inútiles los avances tecnológicos y predican la vuelta a las cavernas. Los hay que incluso dicen ser de izquierdas y defienden el tiro en la nuca y la bomba lapa. Que, lógicamente, serán unos hijos de perra disminuidos intelectuales, pero no de izquierdas.

Existe, debe existir, un punto de inflexión que separa el proyecto real y colectivo de la izquierda, de visiones anticuadas, pretéritas y nimias de futuro. Bajo mi punto de vista ese punto de no retorno es el progreso. Lo que siempre ha diferenciado a la verdadera izquierda del inmovilismo de la derecha, desechando a su vez a la izquierda rezagada en su visión en blanco y negro de la realidad, es el progreso.

Decía alguien que la revolución no era un fin, que era un medio. Bajo mi punto de vista, eso es una absoluta y tremenda estupidez. Si el progreso y, por ende, el progresismo en general bebe sus fuentes en la continuidad del cambio, habrá que convenir que la sociedad, la izquierda, jamás avanzará si no es gracias a la revolución continua. Y para ello es imprescindible superar el debate del peso exacto del marxismo en el proyecto conjunto de la izquierda.

Ese proyecto debe ser flexible, adaptable, que sea capaz de analizar de la forma más certera posible los datos concretos de la realidad para poder operar sobre ella, asumiendo las contradicciones que ello suponga y no, como se quería hace tantos años, un análisis ideológico que someta la realidad a sus medidas, una horma válida para todo, que a todo de su forma única.

Evolución, tal y como evoluciona la sociedad, tal y como evoluciona la realidad, de esa manera debería evolucionar ese proyecto conjunto. Que no es excluyente, es aglutinante. Para él que quiera, claro.

Ideológicamente, ¿cuál es la base sobre la que debe afirmarse ese proyecto conjunto de la izquierda? Bajo mi punto de vista las ideas fundamentales son aquellas de libertad, solidaridad, justicia, igualdad y responsabilidad desde el estado de derecho. No es necesario un estado omnímodo e intervensionista, pero si un estado que sea capaz de cubrir las necesidades de los ciudadanos mediante servicios públicos de calidad. El desarrollo absoluto del individuo en libertad a través de la justicia social.

Esa es la diferencia del proyecto de la izquierda moderna con respecto al antiguo y con respecto a la derecha. El Estado no es un ente opresor, pero tampoco una empresa que multiplica sus ganancias. El Estado tiene la responsabilidad de aumentar la riqueza social y humana desde la libertad, la solidaridad, la justicia, la igualdad y la responsabilidad.

Suena de fondo “Je Ka Jo”, de Joe Claussell...

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