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¡Alerta roja! España en peligro por el avance separatista

“Ríe de tus lágrimas mientras las lloras” Mark Manson.
Miguel Massanet
lunes, 16 de julio de 2018, 06:57 h (CET)

Si nos hemos estando quejando, durante años, de la abulia del señor Rajoy ante el evidente progreso de los soberanistas catalanes, su empecinamiento, su desafío desenfadado, su temeridad tolerada y sus bravatas consentidas, anunciando y repitiendo que, con este tipo de política nunca se iba a acabar con la amenaza separatista de un pueblo, el catalán, que ha hecho ( al menos una parte importante de él), de su afán independentista, un lema con el que luchar contra la pretendida y, evidentemente errónea, imposición de una forma de control y asfixia por parte del Estado español, sobre la autonomía (para algunos, nación catalana) ¿Qué deberemos hacer ahora que, un gobierno socialista nacido de una moción de censura, que ha precisado del apoyo de toda la oposición, incluidos los separatistas vascos y catalanes, se encuentra ante el gran dilema de pagar los favores recibidos a aquellos que piden que les sean devueltos y con intereses y, al propio tiempo, sabe que, si cede a las exigencias de sus acreedores políticos correrá grave peligro de poner en riesgo la unidad de la nación española?


Porque, que nadie se llame a engaño, aquí lo que se ha puesto en cuestión no es solamente una utópica independencia de la autonomía catalana que, como todos vemos, en lugar de amainar como consecuencia de la aplicación del Artº 155 de nuestra Constitución, un remedio extraordinario que pretendía acabar, de una vez, con la locura catalana; lo que ha sucedido en realidad es que, la ñoñez de los políticos del PP y del resto de partidos constitucionalistas (el PSOE fue, en realidad el verdadero culpable de que no se le diese una mayor amplitud con la incautación de todos los medios de propaganda que, entre otras lindezas, fueron los que dirigieron a los rebeldes de 1.O para que fueran evitando ser sorprendidos por las fuerzas del orden, enviadas por el Estado para intentar evitar aquel simulacro, desautorizado por el TC, de referendo que, a pesar de que los soberanistas le han pretendido dar validez para que favoreciera sus fines; no fue más que un intento deslavazado, lleno de irregularidades y carente de las más mínima fiabilidad y legalidad que, curiosamente, no parece que el Gobierno haya hecho suficiente hincapié en el hecho de que aquella consulta fue nula desde el mismo momento en que se intentó llevarla a cabo, después de haber sido considerada ilegal por el TC.


En realidad, si no se toma en serio esta cuestión, cada vez más agravada por los políticos catalanes, que están explotando a fondo la tolerancia del Gobierno y la actitud pasiva de aquellas instituciones llamadas por la Constitución para evitar el progreso de semejantes aventuras disgregadoras del Estado español y las facilidades que encuentran, inexplicablemente, en naciones extranjeras que, a propósito o inconscientemente, están dando la impresión que sus tribunales de Justicia, los encargados de ejecutar las euro-órdenes emitidas por los tribunales de la UE, parece que se han olvidado de la finalidad de que, con este procedimiento abreviado, se pretendía que se agilizaran las devoluciones de los presuntos delincuentes refugiados en los países destinatarios de ellas, con el claro objetivo de que, la mutua confianza en la legalidad de las peticiones de los tribunales de las naciones democráticas constitutivas de la comunidad europea, se evitaran los farragosos y, en ocasiones, dilatados en el tiempo, procedimientos necesarios para resolver los casos de extradición habituales.


En este aspecto el tribunal alemán, como ya hemos comentado en otras ocasiones, nos ha dado la sensación de que, ante un caso de proyección internacional, ha preferido olvidarse de su obligación de darle trámite urgente, comprobando simplemente si, en Alemania, existen delitos parecidos en el caso de posibles levantamientos populares, aunque probablemente no con las mismas denominaciones. Abogados influyentes, jueces encantados de salir en los periódicos y una dudosa actitud de los políticos germanos, parece que han contribuido a que, una resolución inoportuna, poco creíble y muy discutible de que entre dentro de sus facultades de los magistrados del tribunal alemán cuando se ha intervenido en cuestiones que les eran ajenas y correspondían por entero a los tribunales españoles. No es de su competencia ni tampoco están en condiciones de juzgar desde su localización en el extranjero, si la actitud de los separatistas catalanes, con Puigdemont a la cabeza, afectaba o no a la estabilidad de la nación española. Pregunten estos señores a su Tribunal Supremo cuando advirtió a Baviera que no les correspondía ningún tipo de consulta sobre si pertenecían a Alemania o no.


Pero ahora el señor Pedro Sánchez, que hasta este momento ha permanecido desaparecido dejando a sus ministros de deshojaran la margarita de las propuestas de incremento del gasto público sin preocuparse demasiado del coste para el país de tales dispendios; se va a ver obligado a salir a la palestra y tomar decisiones ante la evidencia, demostrada con las manifestaciones que han tenido lugar en Cataluña los pasados días, con un perfecto desprecio hacia España y la Justicia española; reclamando descaradamente la libertad de los presos que, a diferencia de lo que pretenden defender, no se trata de presos políticos que defienden una ideas, sino de presuntos delincuentes que ha violado, con su desobediencia a las leyes penales y a las resoluciones de los tribunales superiores del país, como es el caso de las del TS y del TC la normativa española, con la agravante de que, todos ellos ostentaban, en el momento de cometer la desobediencia, cargos públicos que los obligaban con mayor motivo a atenerse a sus obligaciones como tales.


El problema ya ha desbordado lo que podría ser una mera manifestación callejera para pasar a convertirse en una rebelión de masas perfectamente organizadas, evidentemente subvencionadas a la vista de los atuendos con los que unos miles de personas han reproducido el famoso lazo amarillo, rodeados de otras perfectamente uniformados con ropas negras. ¿Quién paga todos estos movimientos? y ¿quién organiza los servicios logísticos, transportes y pertrechos con los que se manifiestan en distintos lugares de Cataluña, perfectamente escogidos, este número tan alto de participantes? El señor Sánchez fue el que permitió que se retirasen los controles que revisaban los gastos de la Generalitat. ¿Va a seguir manteniendo el llamado “diálogo” con el señor Torra, que no se cansa de repetir que lo que él y los suyos quieren no son subvenciones sino insistir en el tema tabú de tratar sobre la independencia de la “nación catalana”?


Nos preguntamos si este caballero del “no es no” está realmente preparado para asumir las consecuencias de un trato especial a Cataluña cuando vengan los nacionalistas vascos a exigir su parte del pastel o los gallegos digan que ellos no van a permitir ser menos que catalanes y vascos. ¿Es consciente la señora Carmen Calvo de lo que puede suceder si, como parece que ha propuesto la señora Nadia Calviño, ministra de Economía y Empresa, les diga a los de Bruselas que España no va a cumplir con los compromisos que asumió Rajoy, porque necesitan más endeudamiento para cumplir con sus proyectos sociales? Y es que, a diferencia de los mandatarios salidos de unas legislativas, que disponen de un cuatrienio para desarrollar sus proyectos con calma y dosificarlos según les convenga; en el caso del señor Sánchez ha de hacer de mangas capirotes debido a que se le van a echar encima dos elecciones, las de Mayo del 2019, municipales y autonómicas y las legislativas para finales del 2020, momento en el que finalizará la actual legislatura. Si durante estos primeros meses es posible que siga contando con aquellos que le apoyaron para alcanzar la presidencia del gobierno, a medida que se vayan acercando los comicios va a encontrarse con más dificultades para que sus actuales avaladores le sigan apoyando y es muy posible que los fracasos se vayan sucediendo, aún en el caso de que, desde Europa, quisieran echarle una mano aceptando que no cumpla con los compromisos de Deuda Pública o déficit, algo que estaría por ver si lo pudiera conseguir. No olvidemos que también no le ha quedado más remedio que comprometerse a incrementar el gasto en armamento si es que no quiere que el señor Trump le pase factura con alguna de las medidas con las que está poniendo firme a Europa.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, que ve como el periodo de gracia forzosamente, en este caso, más breve que el habitual de los 100 días de confianza, se le está agotando a don Pedro y, es posible, que el tiempo de “globos sonda”, de las promesas facilonas o de los cambios de cara a la galería, se le vayan agotando a medida que todo lo que han venido anunciando, en cuanto a medidas sociales, deba ponerse en práctica y, lo más peliagudo del caso, el pretendido enfriamiento de la cuestión catalana, sus promesas de entendimiento y sus pretensiones de irles entregando la parte del león, en cuanto a la financiación, a Cataluña, deban cumplirse y, todo ello, con el resto de autonomías españolas, que puedan salir perjudicadas con estos proyectos de despilfarro del gasto público, demandando un trato igual en el reparto de cromos de este gobierno que, recordémoslo, no lo han elegido los españoles, sino que ha sido fruto de un “contubernio” de las fuerzas de la izquierda y los separatistas. Conviene recordarlo.

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