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Etiquetas:   Novela por entregas   -   Sección:   Libros

Soberano don Nadie (XXIV)

Juan Pablo Mañueco
Redacción
sábado, 21 de enero de 2006, 02:08 h (CET)






Soberano don Nadie en el país de
los poderes políticos verticales

Don Quijote y Pero Grullo en acción

Resumen de lo publicado:

La Asamblea de los ciudadanos sigue deliberando acerca de las características y vicios sistemáticos de la democracia demófuga, democracia nominal o, simplemente, no–democracia, bajo la que el poder verticalista les mantiene. Han intervenido ya Soberano don Nadie, Votante Desencantado, Abstencionista Convencido y Votante en Blanco. Está en el uso de la palabra Mandado por sus Servidores, el cual ha ido más lejos: a su juicio, el Estado actual es un Estado rebelde a quienes lo sufragan, insumiso ante los ciudadanos, que deberían ser quienes controlaran a todos sus servidores públicos... Pero Grullo continúa anotando mentalmente cuanto oye y extrayendo conclusiones prácticas.


Capítulo XVII (continuación)


Si nosotros tuviéramos alguna potestad, más allá de la urna, y no sufriésemos unas votaciones dimisionarias, como aquí se han calificado, podríamos velar por el cumplimiento de los mandatos electorales, encargados a los políticos, y de los objetivos laborales, encargados a los empleados públicos...

Sólo con ello la administración pública comenzaría a funcionar como jamás ningún “Plan de Reforma de las Administraciones” hubiera imaginado: habría adquirido algún papel real el presunto soberano del sistema y verdadero empleador y patrón de todo lo público. Porque, obviamente, al único que realmente le interesa que los servicios que costea funcionen es al pueblo.

Ahora bien, ¿aceptarán los autarcas del Estado una democracia activa en donde ellos dejen de disfrutar del monopolio del poder sobre una población inerte?, ¿o preferirán seguir preservando su dominio absoluto, según el viejo modelo de un Estado que invalida a la sociedad para la acción oficial?

(Dotar de un Poder propio a la Sociedad, que supervise y relativice el poder, total y monopolístico hasta ahora, del Estado y de sus administradores –tradujo Pero Grullo–.)

No me hago ilusiones; por eso creo que seguiremos siendo halagados por un sistema mendaz que nos llama soberanos, pero que nos despoja de todos los poderes, inclusive de los pocos atisbos de poder que en teoría nos concede, para reducirnos meramente al absurdo pleno, a ser unos simples Mandados por nuestros Servidores.

–Esa “contradictio in terminis” –replicó en tal punto Menestral con Ministros y AdMinistradores, interrumpiendo a quien estaba en el uso de la tribuna– no es sino una más de un sistema contradictorio por naturaleza, que opugna tanto en su praxis los principios que declara en su teoría que ésta sólo sirve para engalanar las leyes y discursos, pero cuyas actuaciones son ilegales respecto a las leyes que el propio sistema escribe y a los discursos que sus voceros pronuncian.

–Más que ilegales habría que decir que las actuaciones del poder acostumbran a ser delictivas –rectificó Juzgador de Jueces–. La totalidad de las figuras penales que tipifica la propia autocracia que nos gobierna serían fácilmente percibibles en su comportamiento habitual, caso de que la Administración de InJusticia no fuera otra de las atribuciones secuestradas al pueblo por los regímenes egregios que padecemos...

–No me parece extraño que la aristocracia gobernante delinca contra todos los Códigos Penales que redacta –concedió Menestral con Ministros y AdMinistradores–, porque delinque también continuamente contra el significado de las palabras.

La función de las contradicciones terminológicas que pueden observarse por cualquier lugar del sistema no es otra que aturdir el entendimiento de quienes las reciben, para que no interpreten correctamente nada de lo que ocurre a su alrededor.

–Tampoco a mí me asombra que los poderosos delincan –confirmó Pueblo sin Poder–: ¿cómo no sospecharlo si, poseyendo inicialmente el pueblo todo el poder, carece de cualquier potestad llegado el momento de ejercitarla...? En el trayecto, alguien ha tenido que perpetrar un atraco sistemático.

–Y un sistemático desvalijamiento en lo que atañe a lo crematístico –apuntó Público sin Presupuesto–. Porque únicamente el instante de aportar peculio al fisco corresponde al público; para todo lo demás, rigen los criterios particulares de quienes disparan con la pólvora ajena... Y con la falta de rigor de quienes manejan lo que no es suyo, aunque pueden disfrutarlo.

–Soberanía sin poder de ningún tipo... público sin presupuesto sobre el que decidir, porque el erario de todos depende absolutamente de algunos... servidores que mandan a los señores servidos, después de haberse fijado por sí mismos sus salarios y de haber establecido impositivamente cantidades económicas a los hipotéticos dueños del Estado... ¿son éstas algunas de las contradicciones de términos a las que hace referencia su señoría? –preguntó doña Soberanía Ninguneada a Menestral con Ministros–.

–Esas... y todas las demás, porque el discurso político vigente no es más que una “contradicción de contradicciones”...
Por ejemplo, acaba usted de llamarme “señoría” y ciertamente así habrían de dirigirse al pueblo unos representantes que se subordinaran a los mandatos de la población, y hasta podríamos darnos ese mismo tratamiento entre nosotros, los soberanos. Lo que se comprende mal es que se arroguen ese tratamiento quienes simplemente deberían servirnos, subalternamente.

–Pero que son los verdaderos señores y dueños de su escaño –se atrevió a intervenir a Pero Grullo–.

–Efectivamente, “servir” y “enseñorear” es una contradicción de términos que revela la completa opugnación de ideas a la que nos someten –sentenció Menestral con Ministros y AdMinistradores–. Pero dejemos que Mandado por sus Servidores concluya su alocución, sin más interrupciones, para que más tarde los restantes comparecientes de esta Sala podamos exponer la nuestra.

Declinó Mandado por sus Servidores la opción de continuar con su discurso, al entender que había expresado ya las líneas generales de su pensamiento y sufrimiento político, por lo que Menestral con Ministros se dirigió a la asamblea con estas palabras:

–Digno Congreso de propietarios del hecho público o república, condueños de los servicios que nos adeuda el Estado: las contradicciones de términos y conceptos a las que me he referido son de tal tamaño que basta con enunciar el título evidente con que me he dirigido a esta asamblea para deducir que algo muy grave y subversor ocurre en el armazón político que nos circunda.

Nosotros somos los condueños de lo público, puesto que lo sostenemos con nuestras contribuciones económicas... Pero los administradores, que habrían de darnos el respetuoso cumplimiento de nuestras órdenes y de nuestros encargos, se alzan con el dinero de todos, establecen unilateralmente los impuestos, detraen las cantidades que les place para retribuir su trabajo, toman como propios los predios comunes y cuantas decisiones les atañen... de manera que, forzosa y forzadamente, escalafones, presupuestos, bienes de todos y empleos comunitarios son a la postre usufructo de los servidores, no del pueblo propietario, reducido operativamente a la nada.

¿No se trata de un modelo subvertido en la praxis respecto a la democracia...? ¿Qué poder tiene el pueblo, después de haber conquistado la “soberanía de la república”, si puede decidir infinitamente menos que cualquier propietario de una “comunidad de vecinos” sobre los asuntos comunes que le conciernen...?

(Desde luego –meditaba Pero Grullo–; nadie admitiría que en su comunidad de vecinos la Junta elegida actuase como los Gobiernos usuales. Y sin embargo se presenta como ejemplo de democracia a estos últimos, y no a aquéllas, que practican la verdadera democracia... Al menos, en todas aquellas cuestiones que las leyes verticalistas no impiden a los propietarios horizontales ejercer sus potestades.

¿Se resignaría una “comunidad de vecinos” a que los cargos, una vez electos, incumplieran el mandato recibido para ejecutar otro distinto? ¿Aceptarían los vecinos que los miembros de la Junta estableciesen impuestos/cuotas sin consultar a los condueños?, ¿o que las cuentas comunes se rindieran ante comisiones designadas por los junteros?, ¿o que se establecieran por sí mismos sus propios sueldos y dietas?, ¿o que recalificaran a su antojo las zonas comunes para privatizarlas en sus amigos...?

La “Junta” de una comunidad de vecinos que soñara con arrogarse alguna de las funciones que practican desahogadamente los presuntos gobiernos democráticos sería arrojada inmediatamente escaleras abajo, o conducida a presidio, por intentar apropiarse de bienes y poderes ajenos.

El modelo público de estructura horizontal ya existe, acaba de señalarlo Menestral con Ministros. Habría que perfeccionarlo, y eliminar las trabas legales verticalistas que impiden su desarrollo y su extensión a todos los asuntos públicos...

Pero ahora debo continuar escuchando con atención a Menestral con Ministros, que prosigue su parlamento:)

Dilecta asamblea de condueños de lo público: Vivimos bajo un régimen estupefaciente, amén de subvertido, donde los copropietarios nada podemos hacer, mientras que los administradores imponen sus designios en beneficio de su ministerio.

Y ambas cuestiones quiero probar con un solo argumento ante este concilio de ciudadanos soberanos, pero inermes... La capacidad de anonadamiento de nuestra comprensión que utiliza el lenguaje del poder constituye una premeditada subversión de los principios de la democracia, para mantener el dominio absoluto del gobierno en manos de unos pocos.

Bástenos con tomar uno de las términos más utilizados por la política de nuestra época, como es el de “ministro”, para desvelar todas las contradicciones que encierra. Probaremos la obnubilación deliberada de nuestro entendimiento por parte del poder, porque el gobierno del pueblo en incompatible con la existencia de “ministros” y, en sentido contrario, la existencia de ministros revela la persistencia de un régimen no-democrático.

“Ministerio” y “ministro” es el oficio y el cargo propio del Antiguo Régimen y del Estado absoluto para designar a los servidores máximos del augusto y majestuoso soberano. Un puro cultismo latinista para entenebrecer la inteligencia de los súbditos... Porque “ministerium” y “minister” no son sino las voces que describen, respectivamente, el “servicio dependiente de otro” y el “criado doméstico, que ejecuta lo que su superior le ordena”.

Exactamente, un ministro es un “menestral”, ambas son la misma palabra. Y un ministerio es un “menester”, la tarea subordinada que hay que realizar por cuenta y a las órdenes de otro... Sólo que el Estado absoluto prefirió engalanar a los criados preferentes del soberano con el latinismo obnubilatorio, mientras que dejó a los menestrales del pueblo con la palabra que siempre habían usado.

Entre el ministro y el menestral. Entre el ministerio y el menester. Entre los ministeriales y los menesterosos. Entre los ministradores y los ministrados. Entre la menestralía y el Consejo de Ministros... se percibe quién ha dominado y sigue dominando no sólo el poder sino también el lenguaje, hasta la tiranía del engaño.

Porque el ministro es el menestral que debe servir sujeto a alguien, así como el primer ministro, el primer menestral dependiente, el primer criado famular y doméstico que debe obediencia y acatamiento a quien le abona su salario: todos nosotros, la sociedad de los condueños de lo público, sus patronos.

No ocurre así, en la práctica. Imperan ellos, los servidores. Aunque se arropen en sus latines, para que no les entendamos.

–Según eso –se le escapó a Pero Grullo en voz perceptible para el auditorio–, se ha mantenido exactamente el dibujo del Antiguo Régimen, sin cambios estructurales en el funcionamiento del Estado. Sólo algunas modificaciones nominales y por lo que veo no muy abundantes...

–Se ha mantenido íntegro el caparazón del Viejo Estado; y sin apenas variaciones nominales. Únicamente, algunas frases declarativas en los Preámbulos de las leyes y de las Constituciones –añadió Menestral con Ministros, sin saber que estaba confirmando algo que ya venía sospechando Pero Grullo–. Por lo demás, hasta las pocas aunque reiteradísimas palabras nuevas de los discursos son meros sonidos, voces sin referencia real, sílabas huecas: democracia, igualdad ante la ley, representatividad.
Gobiernan unos pocos, como siempre, y los de abajo pagan impuestos y obedecen, también como siempre. ¿Dónde está el cambio? No hay más variación que el engaño del nombre, ahora se llama “democracia” al gobierno de unos pocos...

Aunque, si se levanta la piel de las palabras, se ve que debajo no hay rigor en que sostenerlas: los criados dependientes del Rey absolutista ministraban sus asuntos públicos desde el Consejo de Ministros, sin deponerle ni privarle de sus prerrogativas supremas. Ahora han depuesto al rey y han entronizado en su lugar al pueblo, todo ello teóricamente. Porque, en la práctica, los presuntos soberanos de ahora no tienen competencias.

¿A quién sirven los criados dependientes actuales desde el Consejo de “Ministros”, si deponen al presunto soberano tras cada uno de los comicios y le prohíben el mandato imperativo sobre sus “servidores”?

Obviamente, se sirven a sí mismos como clan cerrado de aristócratas políticos, y ya sin riesgos. Pueden excederse o incumplir cuanto gusten: no hay soberano que les controle. Después, podrán seguir medrando en las “administraciones”, que continúan sin dueño, porque quien verdaderamente lo es, antes y ahora, ha sido entronizado en la pura teoría, pero en la realidad continúa depuesto.

–Señor Menestral con Ministros –balbuceó Pero Grullo–, ¿se da cuenta voacé que está afirmando... que vivimos... bajo, bajo... el Antig...

–Vivimos bajo el Régimen Pasivo: el que pasiviza por entero a la población para todo poder público válido y para toda acción oficial; vivimos bajo el Régimen Totalitariamente Activo de los dirigentes... Y eso, y no otra cosa, fue y es el Antiguo Régimen.

No debe usted tartamudear al decirlo, maese Pero Grullo, ni tampoco preguntarme a mí si me doy cuenta de ello: soy plenamente consciente de lo que digo.

Tantos siglos de presuntos avances hacia el gobierno del pueblo por el pueblo y... ¿cuál es el gobierno que el pueblo ha alcanzado?

Algunas bellas palabras sin contenido real constantemente bombardeadas para entumecer nuestro entendimiento. No hay más. ¿Qué materias puede decidir hoy el pueblo? ¿Qué acciones nos competen sino la de recibir pasivamente la acción de otros? ¿Qué importa que nos prometan más o menos derechos, o hasta que nos concedan alguno realmente, si siempre serán otros quienes nos los dirijan y si continuamos privados de lo que realmente importa, que es el Poder de Dirigir?

Inoperantes para la acción oficial... Inválidos para crear la ley, y para reglamentarla después, que es mucho más importante que las hermosas abstracciones que orlan los códigos... Ineptos para interpretar la ley, que presuntamente nosotros redactamos... Anulados para administrarla o elegir a quienes la administran

Y lo que es aún más sorprendente, como bien ha esbozado Mandado por sus Servidores y yo confirmo: se nos mantiene en tal estado de inercia y de inanidad que sólo se nos permite ser los Menestrales que lo pagamos todo... Pero hasta nuestros empleados dependientes, que habrían de ser los verdaderos menestrales subordinados, imperan sobre nosotros... simplemente, mediante la falacia de conservar su nombre latino de ministros y administradores.

¡Que no nos engañen más, convecinos y condueños de lo público! ¡Los administradores deben ser dependientes de los verdaderos propietarios, que somos todos nosotros!

En lo público, ellos son los menestrales míos, y yo, en lo público, no soy el menestral, ni siquiera soy “el ministro”... ¡Yo soy el dueño! ¡El condueño con todos vosotros! –se exaltaba Menestral con Ministros, mientras proseguía en el uso de la palabra ante los restantes condueños–.

De otra forma, las administraciones seguirán siendo el paraíso donde hacer negocios sucios, a espaldas del pueblo desactivado... el mundo oculto de los privilegios, donde se colocan los amigos del poder y donde se generan toda suerte de mamandurrias. Inclusive donde se han gestado verdaderas dinastías de funcionarios que continúan viviendo del presupuesto público desde hace generaciones, para desmentir todos los cambios de gobierno o de régimen... Porque no olvidemos, que por su diseño verticalista y por su concepción vitalicia, el funcionariado público es la continuidad del antiguo empleo nobiliario.

(“Empleo nobiliario” –pensó Pero Grullo, que seguía atentamente las argumentaciones de Menestral con Ministros. Y anotaba también–:"Régimen activo de los dirigentes", "población desactivada", "poder de dirigir, frente a la noción de derechos pasivos que otros dirigen, entre los que no se encuentra el derecho a pensar legalmente, y mucho menos el poder de dirigir y administrar la ley".)

Nada ha cambiado nunca en la estructura del poder público –continuó Menestral con Ministros–. Seguimos bajo el Estado absoluto. ¿Desde qué Imperio el “Magistratus” dicta la ley sobre los de abajo, que no pueden ni elegirle, en cambio? ¿Qué magisterio impartirá un estamento “magistral” que ni siquiera practica la democracia, pero que adoctrina sobre ella?

“Magistratus”, he aquí otra palabra latina que revela el mundo de donde no hemos salido: el viejo mundo del Imperio Romano, donde el poder señorial designa desde arriba a quienes han de amaestrar al pueblo... Curioso mundo el romano, incapaz de generar democracia, porque no fue concebido para ello, pero de cuya estructura imperial e ideológica se sigue nutriendo el armazón del Estado actual, sin encontrar las infinitas contradicciones.

Y curioso término el de Magistrado, que prueba por sí mismo que allí donde exista y sea entendido como un estamento superior que actúa sobre el pueblo, sin resultar electo por él y sin responder ante nadie por sus actos, en ese lugar ya no es posible la democracia.

Nada ha cambiado. Los Imperios verticalistas, como el romano o cualquier otro modelo más antiguo, dieron a los vencidos algunos derechos, pero siempre pasivos, inertes, a trueque de cobrarles impuestos que sustentarían los servicios de una administración imperial e imperativa, inverificable por quienes los sufragan.

Y en ese mundo seguimos: he aquí la explicación de los “ministros” que no obedecen a quienes les pagan y de los “magistrados” que sirven al césar político que les nombra y promociona, no al pueblo soberano, al que no se someten en ningún momento, sino que le sojuzgan desde el imperio estamental que acaparan...

Sólo ha hecho falta un elemento más, para mantener todo como estaba, el descerebramiento propagandístico a través de nuevos mitos continuamente declarados, pero vacíos de referencias, para que no apreciemos que nada sustancial ha variado. Ni el poderoso “Status” activo que dirige, ni la impotente plebe desactivada y paciente, que recibe la acción del mando verticalmente y costea todos los gastos.

____________________

Próxima entrega de la novela: sábado, 7 de enero.

'Soberano don Nadie'. de Juan Pablo Mañueco. Egartorre Libros. 190 páginas. Madrid, 2005. 14 euros.

Puede adquirir el libro en librerías o realizando un pedido online.

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