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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Aires cargados

Raúl Tristán

miércoles, 4 de enero de 2006, 01:45 h (CET)
Cuando este artículo vea la luz, estaremos en el tercer día 'libre de humos', pues se supone que la nueva y recién aprobada Ley Antitabaco habrá comenzado su andadura.

Hasta hoy me había resistido a hacer comentario alguno al respecto de dicha Ley. Como no fumador convencido, como fumador pasivo siempre agredido, soy un gran escéptico ante todo este tipo de leyes que prometen y aseguran acabar con nuestro sufrimiento.

Ya en 1988 entró en vigor una novedosa legislación, que tardó años en llenar paredes y columnas de pegatinas en rojo y blanco que nos recordaban que en la zona en la que eran exhibidas estaba prohibido fumar “en virtud del RD 192/1988”. Estamos en 2006, y por muchas pegatinas y carteles, por muchas prohibiciones ya existentes, los no fumadores nos hemos visto obligados a respirar los malos humos de nuestros respetados y temidos contaminadores ambulantes.

La nueva Ley implica lo que ya implicaba el RD, que aquel ciudadano que no quiera absorber por vía respiratoria la basura que otros expulsan a la atmósfera, tendrá que enfrentarse en persona al infractor, o dirigirse al responsable de que la norma se cumpla. Es decir, los no fumadores seguiremos expuestos a las reacciones furibundas y airadas de aquellos que llevan más de una década pidiendo respeto para su insano vicio, mientras ellos no han respetado con sus cancerígenos y nauseabundos efluvios ni a niños ni a ancianos ni a bicho viviente alguno.

Todos los días, en infinitas y continuas ocasiones, los no fumadores nos vemos obligados a “tragar” por miedo al prepotente fumador que, haciendo caso omiso de las señales, desafía al que quiera retarle al duelo público de recriminarle su falta de consideración.

Todos lo centros comerciales cerrados son un claro ejemplo de los que digo.

Supongo que, a partir de ahora, lo que habré de hacer es ir con la cámara del teléfono móvil preparada para tener prueba fehaciente de la infracción y denunciar al empresario responsable del cumplimiento de la legislación. Sí, sólo amenazando y sancionando al responsable del establecimiento podrá acabarse con esta lacra. Hasta ahora esos responsables no han mostrado el más mínimo interés en hacerlo.

En cuanto a la decisión de bares y restaurantes de decantarse por la elección entre permitir fumar o no, lamento constatar lo que era evidente: la gran mayoría de los establecimientos de menos de 100 m2 van a seguir siendo ahumaderos pulmonares.

Y es que en eso la ley ha errado, debería haber impuesto la prohibición absoluta del tabaco para todos ellos, permitiendo sólo en los de mayor superficie la existencia de “salas de gasificación intensiva para suicidas”. Ese ha sido el gran error que provocará que la situación “siga igual”, o peor, pues en los bares donde esté permitido fumar, ya no se podrá decir ni siquiera eso de “perdone pero me está usted echando el humo a la cara”, pues la Ley estará de su lado, y nos responderán: “lárgate a un bar de los tuyos, de esos sin humos”.

¿Me quieren decir cuántos bares sin humos van a encontrar en su ciudad?. En la mía se estima que cerca del 80% van a ser bares con humos...

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