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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Sánchez intenta rebajar la crispación haciéndole el juego al soberanismo

“Cuando hay tormenta los pajaritos se esconden pero las águilas vuelan más alto” Mahatma Gandhi.
Miguel Massanet
sábado, 14 de julio de 2018, 07:57 h (CET)

Puede resultar hasta cómico, si no fuera una más de las maneras de dejar en ridículo a España y a las personas que dicen representarla; este show que ha montado nuestro presidente, el señor P.Sánchez, al ir correteando por las estancias de la OTAN en busca de un momento adecuado para estrecharle la mano al señor Trump, de modo que el fotógrafo que le iba siguiendo pudiera tomar la fotografías que lo inmortalizarían ante sus seguidores españoles, en el reportaje que luego se iba a publicar en España para solaz de sus seguidores más adictos; unas carrerillas que, como reeditado Mr. Bean, ha ido repitiendo para asomar por todos los corrillos en busca de que, en alguno de ellos, los que los formaban se dignaran saludarle o dirigirle algunas palabras; aunque nada más fueran de mera cortesía. En realidad han resultado ser tan aparentes y faltas de naturalidad que, en lugar de ocultar su bisoñez en el foro de la Otan, han contribuido a formar de él la imagen de alguien al que le viene ancha la misión que se le ha encomendado.


Choca la pasividad que ha mostrado nuestro flamante presidente de Gobierno, señor P.Sánchez, ante la resolución del tribunal alemán de Schleswig-Holstein, admitiendo únicamente la extradición solicitada por España del señor Puigdemont, por el presunto delito de malversación de caudales públicos. La forma “extraordinariamente civilizada” con la que, el actual gobierno español ha aceptado, sin un comentario de crítica, este nuevo revés para la Justicia española; teniendo en cuenta la forma prepotente con la que ha despachado la grave cuestión de los huidos de la Justicia que se refugiaron, como ocurre en este caso, en Alemania, por parte de un tribunal teutónico al que, evidentemente, se le puede acusar de haber hecho una interpretación muy subjetiva de la llamada euro-orden, cuando primero puso en cuestión la imparcialidad de nuestros tribunales, luego pretendió entrar en el fondo de la cuestión, algo de exclusiva competencia del tribunal español que lleva el caso y, finalmente, después de haber obligado al juez Llarena a facilitar una documentación pormenorizada de todas las razones que el tribunal español ha tenido para pedir esta extradición que, al fin, le ha sido denegada, algo que todavía resulta más incomprensible. Y para llegar a esta conclusión han necesitado alargar el procedimiento unos meses cuando, precisamente, la esencia de la euro orden se basa, precisamente, en evitar los largos trámites que suelen acompañar a cualquier proceso por extradición.


Después de tanto retraso, acaban por considerar que lo que procede es extraditar al señor Puigdemont, simplemente por el delito de malversación de caudales públicos sin aceptar ninguno de los demás, ni siquiera el, más que evidente, de prevaricación. El respeto que hay que tener por cualquier sentencia de los tribunales ¡qué remedio, no es óbice para ejercitar el derecho de disentir de ella por parte de cualquier persona o tribunal que no acepte que, un tribunal alemán vaya en contra de la propia doctrina de su TS alemán que, cuando tuvo que decidir sobre una consulta del Länder de Baviera, en la que proponían algo semejante al referéndum catalán por el “derecho a decidir”, fue rotundo y expeditivo en su contestación, para la que le bastaron unas pocas líneas: "En la República Federal de Alemania, que es un Estado-nación basado en el poder constituyente del pueblo alemán, los estados no son dueños de la constitución. Por lo tanto, no hay espacio bajo la Constitución para que los estados individuales intenten separarse. Esto viola el orden constitucional", con las que los magistrados alemanes dieron carpetazo a la demanda de formular un referéndum sobre su relación con la nación alemana.


Existe, sin duda, un derecho paralelo de cualquier ciudadano y tribunal español de estar en desacuerdo con los argumentos de un tribunal que, desde un principio, ya quedó claro que estaban demasiado influenciados por los abogados de la defensa (verdaderos expertos en esta lides de defender a huidos de la Ley refugiados en naciones del mercado común) y ello nos lleva a quedar sorprendidos por la flema británica con la que nuestro presidente, el señor P.Sánchez, se ha tomado la bofetada con la que, los alemanes, se han permitido tratar a nuestros jueces. En algo tienen razón quienes extienden las culpas al gobierno del señor Rajoy, que fue el que no se atrevió a atajar los primeros indicios de la rebelión catalana usando de los medios extrajudiciales de los que dispone un Estado para defenderse de quienes abiertamente estaban infringiendo la legalidad vigente. No se atrevieron y optaron por tr4asferir la responsabilidad de atajar la rebelión a un medio eficaz, pero lento, como es el de los tribunales de Justicia..


La principal consecuencia de la actitud favorable a Puigdemont del tribunal alemán, ha sido la de darles ánimos a los separatistas catalanes que ya, a través de la prensa que les es adicta, ha lanzado las campanas al vuelo como si la negativa alemana a extraditar por sublevación a Puigdemont, ya significara que, en España, no puede aplicarse en nuestros tribunales nuestro propio código penal tal y como lo estimen oportuno. Sin embargo, mucho nos tememos que esta postura del tribunal de Schleswig- Holstein le haya venido de perillas a nuestro nuevo presidente que, como resulta evidente de su comportamiento con los partidos de izquierdas, de los que depende para poder conservar el poder; es de someterse a sus exigencias debido a que, esta nueva circunstancia provocada por el tribunal alemán puede facilitarle ir cediendo ante los soberanistas catalanes y vascos, amparándose en la actitud de la justicia Belga, suiza o alemana.


Ahora parece que se trata de atacar, desde todos los frentes, al juez Llarena a quién le van a atribuir haberse equivocando cuando acusó “injustamente” de sublevación a quienes primero convocaron un referéndum ilegal, incumpliendo las órdenes del TS y del TC, luego invadieron las calles acosando a la policía estatal y finalmente actuaron contra el Estado de Derecho, proclamando la independencia de Cataluña y rebelándose contra la aplicación del 155 a pesar de que, la mojigatería del gobierno español, dejándose presionar por el PSOE y por Ciudadanos, para que no se intervinieran los principales medios de difusión que disponían los rebeldes para mantener la tensión entre los defensores de la separación de España de Cataluña. Existe el verdadero peligro de que, lo que hasta un momento determinado fue una unidad absoluta en contra de los separatistas, ahora, por motivos estrictamente de estrategia de partidos, se quede en un segundo plano ante la posibilidad de que, el señor Sánchez, con la señora Carmen Calvo que se ha destapado como una feminista exaltada y el apoyo incondicional del señor Iceta y su PSC, consiga asegurarse el apoyo importante de los soberanistas, para que le permitan acabar la legislatura al frente del gobierno.


Una vez que parece que han conseguido librarse del PP, al menos durante un tiempo, mientras éste intenta librarse de caer nuevamente en las manos de la vicepresidenta señora Sáez de Santamaría, una señora que parece haberse olvidado de la responsabilidad que ha adquirido favoreciendo los errores del señor Rajoy y cometiendo los suyos propios; ahora, la izquierda, ha enfocado otra vez y con mayor virulencia su campaña en contra de la Casa Real, para lo cual no dudan en valerse de todos los medios a su alcance para ayudar a desprestigiarla ( aunque es cierto que algunos de los miembros de la realeza se las han despachado muy bien solos para contribuir a la sensación que existe, en una parte de la ciudadanía, de que sus miembros han cometido bastantes torpezas que han contribuido, de una manera radical, a que el apoyo que consiguieron durante años ahora haya quedado muy reducido)


Pero Felipe VI es el actual Jefe del Estado y, como tal, se le debe respetar y no se debe consentir esta campaña de las izquierdas, apoyada por algunos tribunales europeos en los cuales militan jueces catalanes que alguien (vayan ustedes a saber a quién se le ocurrió la idea de que pasaran a formar parte de ellos, sin tener en cuenta el mal que desde ellos podrían generar a la nación española) con la intención de sembrar la discordia en unos tribunales, forzosamente influidos por la subjetividad de sus componentes, a los que, en Europa, se les ha dado un poder desproporcionado para decidir, desde un punto de vista poco documentado y politizado, sobre temas de gran trascendencia que pueden influir negativamente en la marcha de un país. Por ejemplo, decidieron que quemar imágenes de los reyes no constituía un delito, sino una manifestación más de la libertad de expresión. Así es fácil llegar al absurdo de que, el respeto por las personas, su derecho y libertad para mantener incólume su honor, es evidente que decae ante cualquiera que quiera desprestigiar o difamar, no solamente a otros particulares, sino también a personas que, por el rango que ocupan en la sociedad, han de quedar protegidas ante los embates, siempre incontrolables, de las turbas o de quienes tengan interés en crearles problemas con el fin de hacerles caer del puesto que ocupan.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos empezando a creer que, detrás de todo este verdadero hervidero político que se está produciendo en la nación española, existen quienes han elaborado planes encaminados a cambiar radicalmente nuestra Constitución, eliminar cualquier vestigio de oposición conservadora y conseguir que, ideologías extremistas y separatistas, que se han venido larvando durante todo el tiempo de la crisis, ahora tengan la ocasión de aflorar cuando se empezaba a notar la recuperación del país. Seguramente ahora tengan la oportunidad de reverdecer para acabar con el sistema de la monarquía constitucional vigente y llevarnos a regímenes de corte filocomunista, que se presten a la descomposición de la nación española como el medio de instalarse en lo que quede de nuestro país. Algo que puede que tenga una aceptación temporal dentro de una ciudadanía desconfiada, enfadada por los sacrificios de la crisis y convencida de que ha sido engañada. Cuando pasen los meses y veamos cuáles hayan sido los resultados de todos estos cambios proyectados, es posible de que nos demos cuenta de que la demagogia que nos han vendido los nuevos gobernantes, no se corresponde con los resultados de haber pensado que hinchando los gastos públicos y olvidándose de las recomendaciones de Bruselas, no es cómo debe conducirse un país. Es muy posible que volvamos al punto que les obligó a Zapatero y su gobierno a rendirse y pedir árnica. Solo que, en esta ocasión, es muy posible que la Europa comunitaria prefiera que no sigamos formando parte de ella.

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