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Etiquetas:   Reflexiones nómadas   -   Sección:   Opinión

Barreda

Sergio Cano

martes, 3 de enero de 2006, 00:45 h (CET)
Es paradójico. Ahora que estamos inmersos en una campaña de constantes invectivas lanzadas desde el PP y medios afines o satélites del partido de Génova 13 hacia el PSOE castellano-manchego y particularmente hacia el presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, José María Barreda. Ahora que se miden y examinan sus palabras y los silencios, muy especialmente en lo referido a la enorme tragedia humana y ecológica consecuencia del incendio de Guadalajara. Ahora que muchos analistas (¿?) políticos cantan, convencidísimos, la superioridad, la supuesta futura superioridad de cualquier posible candidato del Partido Popular en Castilla-La Mancha (véanse Molina o Ballesteros, nombres ya barajados) frente al actual Presidente de la Junta. Ahora que los populares deberían estar recogiendo los frutos de una colosal erosión política que ya debería mostrarse nítidamente, un cataclismo electoral que, según expresan algunos (lo mismo decían cuando el “error” Suárez Illana) les pone en condiciones de alcanzar el Palacio de Fuensalida. Es ahora, cuando, si se celebrasen elecciones regionales el PSOE, Barreda (que sería la primera ocasión en la que concurriese como líder regional), volvería a imponerse frente al PP. Así lo revela una encuesta realizada por Demoscopia para el diario La Tribuna.

El sondeo, publicado durante los días 29 y 30 de diciembre deja ver que el PSOE se impondría con un 53,7% de los votos sobre un 42% de los populares que traducido en escaños es una horquilla de entre 28 y 26 escaños, frente a una de 19-21 para el Partido Popular. El desgaste, que sí es tal (fue un 57,81% frente al 36,7%, en 2003), tiene varias explicaciones. Evidentemente, la catástrofe de Guadalajara ha hecho mella en la valoración que los castellano-manchegos hacen de la Junta de Comunidades, pero, seguro que queda ampliamente por debajo de la pronosticada por el PP hace meses. Parece ser que mucha demagogia y pocos argumentos no han servido a los populares para afianzarse a día de hoy como una clara opción ganadora en Castilla-La Mancha. Otra explicación se encontraría en el hecho de que no sea José Bono el candidato socialista en las futuras elecciones, aunque el 60% de los votantes del PSOE han acogido el cambio con entusiasmo. Por último, no hay que olvidar que los resultados del PSOE en las últimas elecciones fueron los mejores de su historia en la región y a partir de ahí parece que solo es posible bajar.

Este ya pasado 2005 un año especialmente cruel en Castilla-La Mancha. El problema del agua, siempre presente, ha adquirido un protagonismo especial y la Junta de Comunidades sí que ha mostrado un compromiso firme, a veces en contra del Gobierno central, en defensa de los intereses en esta región. El PP ha jugado con cierta ambigüedad en este aspecto y supongo que ver a Mariano Rajoy (declarado persona non grata en Castilla-La Mancha) apoyando a Murcia en la manifestación del pasado verano no debió de hacer mucha gracia entre las filas populares castellano-manchegas.

Otro factor que juega en contra de los populares manchegos es la indecisión a la hora de elegir un candidato. Aunque la mayoría de las apuestas miran hacia Molina eso podría suponer la pérdida de su mejor candidato a la alcaldía de Toledo, un punto de poder que no quieren perder. Sobre otros candidatos poco se puede decir porque su desconocimiento podría desembocar en algo similar a lo del “error” Suárez Illana, quien pasará a la historia por dos cosas: obtener los peores resultados de la historia del PP en Castilla-La Mancha y su subsiguiente, vergonzosa, e irrespetuosa espantada de la región dejando a los populares manchegos con una mano delante y otra detrás.

Las cartas, a dos años de las elecciones, están sobre la mesa: José María Barreda y su equipo reciben un 6,5 de nota a su gestión mientras que el PP, sin candidato, se emponzoña en explotar al máximo (con escasos resultados) la tragedia del pasado verano.

La política, la de verdad, aunque sea mejorable, siempre está en condiciones de convencer.

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