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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Presunción de inocencia o culpabilidad? El macho español depredador

“Por sus obras los conoceréis” (Mt 7,15-20). La categoría de los gobernantes se mide tanto por sus conocimientos como por la autoridad y veracidad con las que se expresan
Miguel Massanet
jueves, 12 de julio de 2018, 07:06 h (CET)

Cada día que pasa se va confirmando lo que, por otra parte ya resultaba de una evidencia incuestionable: el señor Pedro Sánchez ha tenido que pagar a determinados grupos políticos un elevado peaje por la ayuda que le prestaron para derrotar al gobierno del señor Rajoy. Tuvo éxito y ahora debe pagar.


La necesidad ineludible de conseguir mantener estos acuerdos cogidos con alfileres que se vio forzado a contraer en su operación de moción de censura en contra del gobierno del PP, lo tiene atenazado entre dos potentes pinzas con las que se va a ver obligado a manejarse con suma destreza si es que no quiere acabar aplastado por ellas. Por una parte, la necesidad, a toda costa, de mantener todos los apoyos que consiguió para poner en práctica la moción de censura, si es que espera poder sacar adelante alguna de las leyes que, a modo de cascada, se nos están anunciando por los distintos ministerios de este recién creado gobierno y, por otra, por la urgente necesidad de poder poner en práctica una frenética actividad legislativa, de postureo y de propaganda, para que la llegada de las próximas elecciones municipales y legislativas a las que, en breve, se va a tener que enfrentar, no le coja en una posición de desventaja respecto a aquellos partidos a los que, en la sucesivas elecciones que se han ido produciendo, no ha sido capaz de vencer y ante los cuales sólo ha ido cosechando sonados fracasos, precisamente bajo la presidencia del señor P.Sánchez.


El atropello con el que, pese a la desaparición de la escena del propio líder socialista, muy dado a pergeñar golpes de efecto, dejando que sean sus ayudantes de confianza los que vayan tejiendo, ante un pueblo lo suficientemente crédulo para seguirle la corriente, todos aquellos placebos sociales con los que piensa conseguir hacerse con los votos de todos aquellos que, en el reciente pasado, cansados de las derrotas de su partido, les han ido abandonando. Si empezó por crear escándalo con la asignación a dedo del Consejo de la TV1 al partido del señor Pablo Iglesias, seguramente como anticipo a lo que le va a tener que ir entregando, si quiere que estos expertos en el chantaje sigan apoyando sus decisiones y proyectos en el Parlamento de la nación y siguiendo con el cambalacheo que ha quedado claro que está manteniendo,, a la chita callando, con este radicalizado presidente de la Generalitat catalana que no pierde momento en ir sacando beneficios de la situación complicada en la que se encuentra este PSOE, falto de la suficiente garantía de apoyo con su exigua minoría de 84 escaños.


Ahora, a la fuerza ahorcan, no les queda más remedio que sacar a colación nuevos proyectos de aumento de la fiscalidad, sin los cuales les va a ser imposible poner en práctica ni una mínima parte de todos aquellos anuncios que lanza a los crédulos que siguen convencidos de que será capaz de hacerlo. Utilizan sus recursos propagandísticos con tanta temeridad y, a la vez, cara dura; anunciando como si, en realidad, tuvieran asegurado que todos sus proyectos acabarán siendo refrendados en las Cortes españolas. La improvisación, la falta de un estudio de la repercusiones económicas que la aplicación de estos impuestos pudiera ocasionar; y la premura con la que los quieren poner en marcha, hace suponer que todos ellos, más que esperar que se puedan llevar a la práctica, los lanzan para que el pueblo vea que están dispuestos a apretarles las tuercas a los bancos y los empresarios conocedores de la falsa creencia extendida gracias a la propaganda de las izquierdas, de que todo empresario, industrial, comerciante o experto en economía, no es más que un explotador que se queda con todo el dinero de los trabajadores. El aumento del precio del combustible diésel, el que afecta de lleno a la industria en general; un impuesto injustificable sobre los bancos que, como es evidente que va a suceder, a quienes principalmente va a afectar va a ser a los ciudadanos sobre los que repercutirán en coste de esta nueva tasa y un impuesto sobre las grandes empresas relacionadas con los adelantos de las redes digitales a las que, por lo visto, se la tienen jurada debido a la dificultad que entraña el poder controlar debidamente sus operaciones.


Pero, aparte de darle el primer aviso a la Iglesia Católica, esta misma que parece que ya se la ha puesto en el punto de mira de muchos partidos de extrema izquierda e, incluso, de separatistas; el nuevo Gobierno , interesado en acentuar el laicismo en España más que atenerse a lo dispuesto en la Constitución respecto a la a confesionalidad del Estado (lo que supone que no va a intervenir en defensa o en contra de una religión determinada, mientras no actúen contra las leyes estatales; con una mención expresa en la Carta Magna (Artº l6) referente la Iglesia Católica y a su financiación), parece dispuesto a recordar aquellos primeros escarceos en los que se intentó romper el Concordato y ahora, por voz de la ministra de Educación, señora Isabel Celaá, se ha anunciado que “la asignatura de religión no va a ser computable para la nota media”. Otro golpe bajo a los millones de españoles que siguen perteneciendo a ella.


Otra de las cesiones del Gobierno a los separatistas, se refiere a la serie de recursos que el anterior gobierno tenía presentados ante el TC respecto a diversas atribuciones que la Generalitat se había asignado que aquel consideraba que no entraba en sus funciones autonómicas. La celeridad con la que se puesto en marcha el PSOE para retirarlas, nos da una nueva pista respecto a la dependencia en la que se encuentra el señor Sánchez respecto a los nacionalistas catalanes.


Pero el golpe de efecto, la pasada de rosca de la ministra Carmen Calvo en cuanto a la apresurada, poco meditada, absurda y dudosamente constitucional idea de querer dictar una ley por la que, en un tema tan delicado como es el de las relaciones íntimas entre sexos, especialmente entre hombres y mujeres, seguramente pretendiendo explotar un tema que está de actualidad como es el caso de la llamada “manada” y la violación de una joven madrileña; donde el feminismo lo ha querido elevar de caso particular a delito habitual de manera que, aunque en otros casos de violación pretéritos, ellos mismos se negaron a lo que se entendía como “legislar en caliente” en esta ocasión, necesitados de gestos de cara a la galería quieren simplificar un delito de tal complejidad empezando por la presunción de que el Violador en cuestión es culpable, coartando la función de los jueces para establecer las condiciones y el grado de culpabilidad de cada parte, con la determinación a priori establecida por ley de que si no “hay un sí explícito de la mujer” cualquier clase de tocamiento sexual tendrá la categoría de ataque sexual o violación. ¿Y qué pasará si la misma doctrina se aplica a las relaciones entre lesbianas u homosexuales que sufran los mismos acosos? En este caso ¿cuál de ambos será el que deba dar el consentimiento? ¿Dificilillo, no?


Nos parece que las féminas, al menos estos grupos que, por supuesto y gracias a Dios no representan a todas la mujeres de España, pero sí son las que más ruido hacen, están llegando a un punto en el que han decidido que en todos los asuntos en los que participe una mujer sea a ella a la que proteja la ley, en perjuicio de lo que pueda argumentar el sujeto del sexo contrario con el que se dirima la cuestión (¿dónde queda aquí el precepto constitucional de que no deberá haber distinciones en cuanto a derechos y obligaciones?). Se ve cuando están al volante de un coche donde es habitual escucharlas decir “cerdo machista” o “cabrón machista” etc.; se escucha ante cualquier momento en el que se las contradiga y no tengan otra defensa de la de sacar el término “machista” como comodín para finalizar cualquier divergencia que pueda surgir con cualquier elemento del sexo contrario. No sabemos lo que pensará la señora Calvo, pero lo que piensa la mayoría del pueblo español es que si siguen por esta camino las libertades personales van a quedar sumamente condicionadas por un Estado que, como el de Venezuela, empieza a dar muestras de querer acaparar todo el poder, tanto el legislativo, como el ejecutivo y el judicial, con lo cual llegamos a lo que es conocido de todos como un estado totalitario, dictatorial y absolutista que es de lo que, precisamente, la mayoría de españoles que no salimos a las calles a causar destrozos, hemos pretendido huir desde que sabemos en lo que suelen acabar todas estas aventuras de sabor comunista: en los alborotos, muertes, asesinatos y en el empobrecimiento y quiebra de la propia nación.


Ridícula, señora ministra, ridícula y como dicen todos los profesores y catedráticos de derecho Penal una norma de una aplicación imposible, a no ser que, en cada caso de expansión sexual entre parejas, que se produzca en este país, se llame a un notario para que certifique y de fe de que la mujer de la que alguien se pretende “beneficiar” haya dicho sí al intento o, por el contrario, se haya mostrado contraria a semejante proposición. Por supuesto que hechos en los que haya violencia física o moral, pre valimiento, superioridad manifiesta o se hayan utilizado medios para debilitar la voluntad de la presunta agredida, como es el caso de uso de estupefacientes, medicamentos o procedimientos hipnóticos, la Ley, como ya está legislado en la actualidad, deberá aplicarse con toda su fuerza y sin concesión alguna. Pero en todo caso ante un tribunal que sea el que pueda decidir el grado de la culpabilidad, si es que existe alguna, entre los afectados.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos estamos temiendo que estos recién llegados al gobierno del país, no están dispuestos a gobernar hasta el final de la legislatura ni a convocar elecciones anticipadas, sino que van a aprovechar los meses que quedan para intentar convencer a los ciudadanos, sin el menor rubor, que la culpa de todo lo malo que suceda será del PP y que las leyes que no se consigan aprobar se deberá a la minoría parlamentaria de la que gozan en el Parlamento. No en vano son expertos en engaños y descalificaciones gracias a los cuales han sabido enredar ¿O han sido ellos los llevados al huerto?, a quienes han tenido el mismo objetivo de derribar a la derecha para, cuando llegue el momento oportuno, deshacerse de los “intermediarios” para dar su propio “golpe de estado”. Claro que, para entonces, ya no quedará nada de esta España que hemos conocido.

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