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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

El último cigarro

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 1 de enero de 2006, 04:47 h (CET)
Menos mal que no fumo, porque si fumara estaría aterrada. Bueno, primero aterrada y si decidiera dejar hoy el tabaco, algo aliviada. Aterrada, porque todos se han puesto de acuerdo para mandar los cigarrillos con viento fresco, y nunca mejor dicho, ya que frescos son los ambientes que respiraremos en el 2006 que esta noche comienza. Aterrada estaría porque el nuevo año le llega a modo de ultimátum al de los malos humos. Este enero no es como otros, meses nuevos, flamantes, comprensivos eneros, amigos de ayudarte a emprender un nuevo proyecto o a deshabituarte de un vicio perverso, pero que luego en resumidas cuentas nunca consigues nada. No, este enero es el famoso enero del que irremediablemente ya no puedes escaparte, del que ya no hay excusa que valga para seguir aplazando una decisión que sabes que aplaudirían a rabiar en casa, en el trabajo, hasta tus propios pulmones podrían aplaudirla, si es que aún les quedan fuerzas para aplaudir y seguir respirando.

Hace tiempo se hablaba de la paciencia del fumador pasivo, pero hay que reconocer que la paciencia hoy también la tiene el fumador activo, activamente hablando. Esa persona “apestosa” que recibe el acoso familiar y social es un santo Job escondido en cualquier parte, con nariz cómplice, dientes amarillentos y mirada culpable.

Estaría aterrada como tantos hombres y mujeres-chimeneas porque no serían suficientes las críticas del cónyuge, hijos, padres, cuñados o suegra. Y es que la adicción se ha vuelto pesadilla. No me extrañaría que los pocos fumadores que quedan, porque estoy segura que a estas alturas deben ser muy pocos, sueñen temerosos con legiones de inspectores antitabaco, farmacéuticos, neumólogos, presentadores de televisión y carteles disuasorios, además de con familiares groseros con solicitudes de separación o de divorcio.

Claro que, si decidiera este año dejar de fumar, también me sentiría aliviada, porque no me van a negar que dejar de fumar hace más de una década como algunos lo hicimos tiene algo que ver con dejar de hacerlo en este año, pues aparte de prestar toda la ayuda necesaria, van y lo declaran nada menos que delito, prohibiéndolo en todas partes excepto en tu reducido cenicero que sólo podrás apoyar en el también reducido, frío y vigilado banco de la esquina.

Una, que no utilizó nada más que su voluntad para dejar el tabaco a la primera, motivo por el que reivindicaría una especie de carné de no fumador por puntos que una vez conseguido, te permitiera oler y disfrutar gratuitamente de los perfumes y aromas más intensos e interesantes del planeta, se sorprende, y de ahí mi posible alivio, que otros lo tengan tan fácil para dejar el tabaco con convincentes charlas, dulces chicles, disimulados parches, cómodos comprimidos, y amables médicos que se ocupan personalmente de tus pulmones sin sermonearte, centros de salud a tu servicio con completas unidades antitabaco, hasta programas de televisión con estrellas de la pantalla y famosos no fumadores ocupándose del tema; así cualquiera, ¡por favor! A qué esperan para dejarlo de una vez por todas, nunca dieron tantas facilidades. Además, ¿no comprenden que no se puede luchar contra una plaga de fumadores arrepentidos? ¿No se dan cuenta que llegó la cuenta atrás de la nicotina, avisando del atraque de una especie de Arca de Noé a la que sólo subirán los no fumadores y que esa es la condición que se pide para salvarse de la tempestad, de las multas y de las enfermedades asociadas al tabaco como el cáncer de pulmón, el enfisema pulmonar, el infarto de miocardio y otras tantas?

Pero hombre y mujer de Dios, ¿qué necesidad tiene de estar disculpándose eternamente, o de salir cada dos por tres al patio, a la terraza, o de no salir en horas del lavabo, o de andar por los pasillos como sonámbulo escondiendo cigarros en los buzones o en los trasteros con nocturnidad y alevosía?

Ande, tome el paquete, sin importar si está vacío o lleno, y aunque los expertos dicen que hoy no es el mejor día para dejarlo, encienda su último cigarro.

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