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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La fragata

Mariano Estrada (Alicante)
Redacción
domingo, 1 de enero de 2006, 04:47 h (CET)
Dice el refrán que una cosa es predicar y otra dar trigo. Y yo digo que una cosa es ser pacifista y otra presidir el Gobierno de tu País, dada la complejidad de las relaciones internacionales y los intereses que se juegan en ellas.

Lo peor, siendo malo, no es que esa fragata, llamada Álvaro de Bazán, haya participado en misiones de guerra en el País de donde retiramos las tropas, sino que lo haya hecho de forma subrepticia, hurtándole al Parlamento y, por lo tanto, al pueblo español, la voz que se le había prometido dar. ¿Por qué no lo han hecho? ¿Por qué se le ha hurtado al pueblo español la facultad que tan graciosamente se le había conferido y de la sin embargo no ha gozado? Yo me siento engañado y ofendido. Los intereses americanos han prevalecido de nuevo y mi voto ha sido pisado por quien les ha ofrecido el apoyo. Aznar hizo de nuestros votos un uso inaceptable, más aún: un abuso ostentoso y prepotente. Y fue castigado por las urnas. Zapatero los ha camuflado en una sonrisa tan blanca como tramposa y en un hurto desconsiderado que no debe salirle de balde.

El Presidente del Gobierno español, don José Luís Rodríguez Zapatero, había hecho del pacifismo una bandera que se ha caído a pedazos de su pedestal ¿Para qué fuimos a las manifestaciones contra esa infausta guerra que ahora estamos apoyando, para qué se mantuvo sentado el Presidente al paso de la bandera de los EEUU, para qué hizo alarde ante el mundo de la retirada de las tropas españolas, para qué invitó a otros países a seguir el mismo camino? ¿Para qué, si ahora se le han caído los velos al Gobierno y se le ha visto una cara desgraciadamente alevosa, con forma de fragata de guerra? ¿Es realmente posible que el Presidente del Gobierno haya ocultado todo su honor en un barco, y lo haya puesto al servicio de un País al que odia y al que necesita desagraviar porque un día, cuando era soñador, cuando era creyente, cuando era casi quijote, le había puesto palitos en las ruedas? ¿Es posible que el Presidente, después de todo, no tenga convicciones en sus posturas, sino intereses como todos los demás? ¿Hay detrás un intento de reconducir a buen puerto una barca que iba a la deriva con los intereses de España? ¿O se trata tan sólo de hacer méritos para que el Presidente más odiado del mundo le reciba? ¿Y qué pasa ahora con la Alianza de Civilizaciones, si algunos pueden pensar que lo que predica de boquilla por delante lo arrasa por detrás con su apoyo a las bombas?

En todo caso, debió consultar al Parlamento. Tal vez le hubiera dicho que sí. Tal vez nos hubiera dado a los ciudadanos un motivo de enfado y de disgusto. Tal vez hubiera perdido con ello una maquinaria de propaganda y de votos. Pero hubiera cumplido con la palabra y con la ley y hubiera tenido cubiertas las espaldas ¿O qué quería, darnos gato por liebre, aparentar una cosa siendo realmente su contraria? ¿No sabe que la política americana, con todas las pegas que se le quieran poner, es mucho más transparente que la española, donde se tapa, o se intenta, mucho más de lo que se puede?

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