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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Custodia compartida ya

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
sábado, 31 de diciembre de 2005, 02:14 h (CET)
La contradictoria e incoherente posición del Estado, al mismo tiempo a favor y en contra de los individuos adquiere, con el aberrante régimen de visitas impuesto rutinaria y colectivamente a las hijas e hijos de matrimonios separados o divorciados, carácter de sádica y cruel perversión. En efecto, en esta lóbrega galería carcelaria y constitucional llamada España, la crecida y creciente legión de menores en tales circunstancias resulta brutal e injustificadamente privada de la compañía de su padre por expresa y consciente decisión judicial (drásticamente reducida en prácticamente el ciento por cien de los casos a dos fines de semana por mes y una tarde a la semana). ¿Nadie denunciará las tropelías, ni el incorregible extravío multirreincidente de la marabunta de los mismísimos jueces?

Para librar a la publicidad tan despiadada situación, Rafael Rodrigo Navarro, de la Asociación Custodia Compartida Ya, en Valencia, plantea diez días de huelga de hambre sin otra compañía de mayor interés que la de sus lúcidos, insípidos y transparentes vasos de agua. Al asumir individualmente la empresa propia de una sociedad que ha renunciado a sus principios, explica con su firme, tranquila y sonriente actitud la hipocresía generalizada y culpable del mismo sistema jurídico del Estado que mantiene por lema teórico, entre otros, la “defensa de los intereses del menor”, pero que, al mismo tiempo, no duda en maltratar sistemática e irreparablemente, en la práctica y de este modo, a todos y cada uno de los individuos de carne y hueso que caen en sus manos: “¿Por qué los menores deben sufrir un régimen de visitas con su padre tan reducido como el que se acuerda para los peores delincuentes? ¿Acaso han cometido algún delito?”...

Reciba, desde estas breves líneas, palabras de ánimo y deseos del urgente triunfo de su justa causa que, lógicamente, no puede ser sino también la nuestra.

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