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Etiquetas:   Presos de la libertad   -   Sección:   Opinión

Resumiendo

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
sábado, 31 de diciembre de 2005, 02:14 h (CET)
Esto se acaba pero vuelve a empezar, como una relación que no funciona en su décima oportunidad. Ha pasado el tiempo y sin darnos cuenta volvemos a hacer balance de un nuevo año, el mejor y el peor para unos y otros, para según qué cosas.

Es la hora de coger la lista de los deseos que escribimos para este año y comprobar cuántos fuimos capaces de cumplir, ya que no todos los deseos se realizan por su cuenta y los que tengamos pendientes habrá que anotarlos para el 2006 y preguntarnos si podemos hacer algo para que esta vez se cumplan.

Para los supersticiosos, mil manías diferentes para empezar el año: comer seguidas las doce uvas, escribir la lista de los deseos en un papel y quemarlo después (dicen si se quema entero se cumplirán), estrenar una prenda de ropa interior de color rojo (alguien me dijo este año que también hay que quemarla después, aunque yo es la primera vez que lo oigo), y muchas más que sólo sirven para creer en algo, aunque sea por una noche.

También es el día de marcarse unos propósitos para todo el año, aquellos que sólo se realizan las dos primeras semanas y se recuerda la última de cada año. Ir al gimnasio, adelgazar, dejar de fumar (este año va a triunfar el propósito) y otros muchos son los de siempre.

Yo personalmente no suelo practicar estos ritos, salvo comerme las uvas y estrenar ropa interior roja, sin quemarla, que ya es más una tradición que una superstición. No recuerdo todos los deseos que pedí el año pasado, lo terminé bastante mal y entonces no creía que el 2005 pudiera ser mejor, sin duda me equivoqué.

Tuve el valor de dejar una relación que no iba a ningún sitio para que seis meses después apareciera la chica con la que estoy ahora y a la que quiero tanto. Quién me iba a decir a mi que Joaquín Sabina iba a anunciar por fin una nueva gira y que yo estaría en seis conciertos de cinco ciudades distintas, además de visitar París con mi novia durante una semana. En lo laboral este año ha sido decisivo, o eso espero. Me atreví a dejar un mal trabajo pero con unos compañeros excelentes a los que de vez en cuando sigo viendo, primero para encontrar la estabilidad en otro lugar y finalmente, para dejar las entrevistas, las empresas de trabajo temporal y las discriminaciones y abusos para dedicarme a mí por fin.

He conseguido escribir un libro de relatos cortos, llevaba tiempo con la idea en la cabeza y ahora que lo tengo, no sin bastantes inconvenientes, mi trabajo es venderlo puerta a puerta cada día, y no ha empezado mal la cosa. Además, y aprovechando el momento, debo agradecer al diario digital Siglo XXI la oportunidad de escribir cuatro veces por semana una columna y a otros muchos periódicos de papel que me han publicado mis cartas al director sobre la actualidad, entre los que me gustaría destacar a los gratuitos. He empezado a trabajar en lo que me gusta, escribir y vender lo que escribo. Ahora que tengo página web podré ordenar mejor mis ideas y textos y saber que opina la gente para seguir mejorando.

Resumiendo, que el 2005 ha sido un gran año, tal vez el mejor de esta década, pero probablemente peor de lo que será el 2006. Si tuviera que escribir una lista de mis deseos probablemente sería muy larga, pero la haré más corta diciendo que espero repetir un año parecido al que mañana se acaba con 12 uvas.

¡Feliz año nuevo a todos! No os atragantéis con las uvas y que lo paséis en buena compañía.

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