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Dos ministros que no cuadran en el gobierno socialista

“La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder” Losé de San Martín
Miguel Massanet
jueves, 5 de julio de 2018, 06:46 h (CET)

En España estamos padeciendo este sarampión que suele afectar a algunos pueblos cuando han pasado por una época de bonanza económica, de paz social y de entendimiento con los semejantes que, por raro que pueda parecer, suele durar poco porque el ser humano raramente se conforma con lo que tiene como se nos indica claramente en la Biblia, en el relato de lo que sucedió con nuestros primeros padres, Adán y Eva, que no se conformaron con la vida idílica de la que gozaban en aquel Paraíso Terrenal para, impulsados por una curiosidad malsana y por la sempiterna y cochina envidia, tan propia de quienes no pueden soportar el que haya alguien que goce de una situación mejor que la suya, se creyeron que podrían ser como Dios si probaban de aquel fruto del árbol del Bien y del Mal.


El que en nuestra nación estemos pasando por una época de gran desconcierto, de vaivenes de tipo político capaces de dar al traste con todo lo que los españoles hemos conseguido durante los años en los que se ha conservado la paz, se ha podido trabajar y, a fuerza de sacrificios, tesón y diligencia habíamos conseguir forjar una nación, si no perfecta, porque la perfección no es cosa de humanos, al menos lo suficientemente agradable para que nos sintiéramos cómodos en ella, alejados de aquellas animosidades y diferencias que durante años, incluso después de la Guerra Civil, habían existido entre españoles; puede considerarse como una de estas estupideces propias de los seres humanos que, en ocasiones, dan al traste con una situación estable por inconformismo exponiéndose con ello a caer en situaciones difícilmente superables.


Hemos estrenado un nuevo gobierno y no pocos se han alegrado de ello pensando que, toda la propaganda negativa que la demagogia de la oposición ha estado haciendo sobre el PP era cierta, sin tener en cuenta que, si es cierto que este partido ha incurrido en errores garrafales, ha pecado de falta de vigilancia de algunos de sus dirigentes que han dejado en la estacada al gobierno popular con sus actividades mafiosas y sus evidentes casos de corrupción; no obstante ha hecho muchas cosas que han redundado en que, una nación a punto de caer el quiebra soberana, precisamente por el mal gobierno del señor Rodríguez Zapatero, consiguiera remontar, recuperarse, reducir el desempleo, adquirir prestigio ante el resto de Europa y gozar de la confianza de los inversores, todo ello en beneficio de una rehabilitación que, durante meses pusimos en duda que, a pesar de los sacrificios que tuvo que soportar la ciudadanía, no se iba a conseguir el éxito que, posteriormente, se ha logrado.


Pronto, no obstante, los nuevos gobernantes han dado muestra de sus verdaderas intenciones cuando propusieron la moción de censura contra el del PP. Es cierto que los elegidos para ocupar el cargo de nuevos ministros del ejecutivo del señor Sánchez inspiraron la confianza de que en realidad se podía esperar de ellos una gobernación sensata y carente de sorpresas desagradables hasta que culminara esta legislatura. Nombres como los de José Borrell o Pedro Luque inspiraban, incluso a los votantes de derechas, una cierta tranquilidad respeto a cuál iba a ser la actitud de los nuevos gobernantes. Por desgracia, la realidad ha demostrado que ambos ministros se han convertido en versos perdidos dentro de un poema desquiciado de ripios, utilizados como un intento vano de darle consonancia o asonancia a las desconcertantes acciones políticas del señor presidente del ejecutivo, Pedro Sánchez, y del resto de sus ministros imbuidos del convencimiento de que, al partido de la oposición, había que eliminarlo destruyendo por completo todo lo que había levantado durante sus dos legislaturas al frente de la nación española. En efecto, si ya nos sentimos sorprendidos de que el señor Borrell, ministro de Obras Públicas y Presidente del Parlamento Europeo, que no es persona a la que se le pueda engatusar con facilidad y de la que no se pudiera pensar que estaría dispuesto a colaborar con un sujeto como P.Sánchez, al que le importa un comino la nación española, los ciudadanos que la pueblan o la integridad del país si, como finalmente ha conseguido, lograba poner sus pies en La Moncloa. Poco sabemos del señor Luque, un científico de gran prestigio y un astronauta veterano al que no lo considerábamos con veleidades políticas y, mucho menos, que aceptara el cargo de ministro en un gobierno que ha tenido que acceder al poder mediante el, poco lucido, procedimiento de apelar a la moción de censura, apoyada por todos aquellos partidos que, precisamente, no parecen tener otro objetivo que el de acabar con el actual régimen democrático con la intención de romper España en pedazos o bien entregarla al neocomunismo importado de Venezuela del señor Pablo Iglesias y sus compañeros los comunistas bolivarianos que amenazan, con sus bufonadas y proyectos igualitarios, a una España que no puede permitirse, dentro de la Europa comunitaria, esta clase de aventuras de corte soviético.


Entre los primeros actos atribuibles al nuevo ejecutivo ya se empiezan a notar cuales van a ser las derivas que se le van a imprimir a lo que queda de legislatura. En primer lugar, como ya comentamos en otra ocasión, su debilidad en las Cortes, no les permitan tener esperanzas de que se les aprueben leyes que les ayuden a llevar a cabo los cambios que ellos desearían hacer. Ello les ha impulsado a utilizar los gestos, las argucias, los intentos de conseguir apoyos, incluso de los separatistas vascos y catalanes, para lograr ir preparando lo que, para ellos, seguramente es su principal objetivo: conseguir hacerse con los medios de información, entre ellos y principalmente las TV, que les permitan poner los cimientos de una gran superioridad de comunicación, respecto a la oposición, cuando llegue el momento de poner en marcha su capacidad propagandística que será, con toda seguridad, cuando se acerquen las elecciones ( primero las de mayo y, más tarde, las legislativas para elegir a un nuevo presidente del gobierno) Contradiciéndose a sí mismos, los socialistas del señor Sánchez, han pretendido, con el apoyo incondicional de Podemos, dar un golpe de mano para apoderarse de la TV pública, con la intención de ponerla en manos del gran amante de este medio, el señor Pablo Iglesias. ¡Qué juguete en manos de un verdadero experto en propaganda destructiva!


La demolición de lo que fue la gran esperanza de los que respetamos la Constitución, aquella piña que llegaron a formar Ciudadanos, PSOE y el PP en contra del intento de secesión de Cataluña y que dio lugar a la aplicación del 155; es evidente que ya ha tenido lugar desde el momento en el que, el señor Sánchez, desde su puesto de presidente del Gobierno ha decidido actuar por su cuenta, para intentar poner en marcha su vieja aspiración de convertir España en un país federal formado por distintas naciones. La señora Calvo ya habla de “diálogo sin cortapisas” y lo que todavía es peor, la señora Meritxel Batet, ministra de Política Territorial, se ha atrevido a hablar de “diálogo entre gobierno y gobierno” cayendo en las misma trampa que los separatistas intentan promover de establecer una igualdad entre el Estado español y el “estado” catalán. Evidentemente, queda claro que en la reunión que Sánchez va a tener con el señor Quim Torra, representante de los separatistas catalanes, se van a tratar de todos los temas sin que Sánchez pueda evitar escuchar la retahíla de reclamaciones que el señor Torra le tiene preparadas para conseguir algún beneficio del apoyo que le va a pedir el actual presidente con el objetivo de hacerse, para el PSOE y PODEMOS, con el control de la TV1 ( algo que nunca han dejado de controlar debido a que, la mayoría de los presentadores y personal del ente televisivo, ya han estado boicoteando, desde dentro, las noticias que les ha interesado deformar para perjudicar al PP).


Cuando el señor P.Sánchez nos dijo que lo que intentaba era sacar “crispación” de las relaciones con Cataluña se olvidó de decirnos de qué manera pensaba conseguirlo. Poco a poco, por la forma en la que se vienen desarrollando los acontecimientos, los ciudadanos españoles empezamos a hacernos una idea de que su idea de España (aquella pregunta que no supo contestar al señor Patxi López cuando les espetó aquello de “qué idea tienes de la nación española”) parece que ahora que está en el poder no opina lo mismo que cuando apoyó el 155 (pero impidiendo que se aplicara a la TV3 catalana, un error que nos ha costado muy caro a los españoles). Se masca la traición y, lo curioso, es la facilidad con la que algunos, especialmente aquellos periodistas que todo lo solucionarían cediendo para evitar confrontaciones, pensando que el famoso “diálogo” puede solucionar cosas, como es el caso catalán que, en realidad, y así se ha venido demostrando, cuanto más se transige, se otorga y se cede a las demandas soberanistas, más son las nuevas exigencias que van poniendo sobre el tapete de la discusión hasta que consigan su objetivo de la independencia de Cataluña.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, observamos que los únicos que parecen haber sacado tajada de la aplicación descafeinada del 155 y de la tolerancia con la que se les ha devuelto la iniciativa a los separatistas, de tal modo que, en estos momentos, con el retorno a cárceles catalanas de los presos catalanes acusados de delitos contra la patria, se va a producir una nueva oleada de protestas para que los pongan en libertad. ¿Qué tiene pensado Sánchez y su gobierno para el caso de que los soberanistas, repuestos de sus fracasos, vuelva a intentar lo que ya viene pidiendo exigentemente el señor Quim Torra? ¿Más cesiones? Mucho nos estamos temiendo que esta hábil jugada de P. Sánchez, capaz de descolocar al señor Rivera de Ciudadanos y de dejar en la cuneta a un PP entregado a sus propios problemas internos puede que signifique que nos tengamos que tragar durante años a este nuevo gobierno al que, al parecer, sólo Europa será capaz de meter en cintura.

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