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Opinión
Etiquetas:   Artículo opinión  

Blindar a Zapatero

Alfonso Goñi
Redacción
jueves, 29 de diciembre de 2005, 00:31 h (CET)
Desde hace muchas décadas todos los progresistas de este país hemos soñado con tener una derecha moderna, independiente y plenamente democrática. Homologable a las europeas y, puestos a soñar, primordialmente a la francesa.

Pero los gritos de la crispación nos despiertan y nos devuelven una y otra vez a la tozuda y cruda realidad, aquí no, en España seguimos anclados en ese extraño juego político que se produce cuando en alguna ocasión gobierna la izquierda, y la derecha ni asume ni acepta la derrota y convierte el día a día en una batalla inagotable, generando un clima irrespirable que no solo desgasta al gobierno, sino y de igual forma a la democracia y a la sociedad en general.

La derecha sociológica en este país, lo que ha querido durante siglos es gobernar y punto, en dictadura o en democracia, con libertad o sin ella, ese es para ellos el estado natural de las cosas, lo demás son accidentes históricos reversibles a corto plazo.

Solo en exiguas ocasiones ha habido ensayos de la derecha gobernante de mantener posiciones reformistas y centristas, participando en el juego político de acuerdos y desacuerdos, de negociaciones y de pactos, consustanciales a un sistema democrático, pero en todo caso esos intentos, el principal de ellos a dios gracias en la transición, han sido desde el gobierno, jamás desde la oposición.

Recordemos: gobernando han tenido la tentación en ocasiones (la transición con Suárez o la primera legislatura de Aznar) de racionalizar la vida política, y los ciudadanos bastante más inteligentes de lo que ellos especulan, se lo han premiado, entendiendo como mensaje de complacencia ese éxito electoral. Pero a su vez cuando vuelven a sus posiciones tradicionales (dimisión de Suárez, segunda legislatura de Aznar), pierden la centralidad y con ello el poder político y la misiva ciudadana es su retorno a las catacumbas.

Sin embargo desde la oposición nunca, prietas las filas inician una línea de actuación desde el no reconocimiento efectivo de la derrota (Gallardón y las elecciones generales del 93) hasta la confrontación inextinguible, caiga quien caiga en el camino. Desde el consenso hasta la convivencia, desde la unidad de España hasta la lucha antiterrorista, todo da igual, no existen límites para conseguir el objetivo , solo hay que movilizar a la derecha religiosa y económica y lanzar un frente común contra cualquier tipo de reformas que se diseñen. Es la política de la tierra quemada.

Pongamos un ejemplo ilustrativo, durante el gobierno de Felipe González organizaron sucesivas manifestaciones contra la llamada ley del aborto, la presentaron como la mayor de las catástrofes, un auténtico genocidio, pero durante los ocho años de Aznar no derogaron o modificaron la ley, lo que deja bien claro que no era un principio sino una excusa, ¡ah! y por cierto, la Conferencia Episcopal olvidó durante esos ocho años solicitarle la revocación al gobierno.

Reflexionemos: la situación actual no es más que un “váyase señor González” actualizado, pero la reacción de todos los progresistas debe ser el sostén de la política de modernización y reformas que plantea ZP, aunque no todos ni en todas estemos de acuerdo. Pero ante el inmovilismo a ultranza, el bloqueo a las instituciones, el ruido insoportable y el apocalipsis como mensaje, la respuesta más lúcida es blindar el progreso, blindar a Zapatero.

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Alfonso Goñi es economista y ex concejal del Ayuntamiento de Valencia.

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