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Etiquetas:   Columna   -   Sección:   Opinión

Por la libertad de un pueblo

Jabier López de Armentia
Opinión
martes, 27 de diciembre de 2005, 00:43 h (CET)
Muchos dicen que ha llegado la hora de dar la cara y decir lo que llevamos dentro, de dejar salir los sentimientos y dejarnos llevar por lo que nuestro corazón nos guíe. Muchos dicen que la libertad está cerca, tan cerca que si levantas el rostro levemente hacia el cielo y miras allí donde las nubes se juntan con las montañas, la puedes llegar a ver, tan cerca que si levantas la arena del suelo y la agarras con fuerza puedes sentirla en tus manos, tan cerca que algún día podremos respirarla.

Creo humildemente que mis ojos, antes de partir a otra vida, podrán respirar esa libertad que tanto ansía mi pueblo. Esa libertad que cada aitona –abuelo en euskera- que muere sin respirarla, muere quedándole una tarea pendiente en la vida, la de ver a su tierra libre y en paz.

No dejemos que muera más gente con algo pendiente, luchemos todos por la libertad y la paz. “No es tan fácil”, me replican, “si lo intentas, tal vez lo consigas”, les respondo.

Bajo mi punto de vista, la solución se topa una y otra vez con la misma puerta inquebrantable, el diálogo. El diálogo, aquella llave maestra que abre todas las puertas. Puertas que jamás deberán ser cerradas otra vez. Sigo creyendo que es algo indispensable en la situación en que nos encontramos. Un diálogo abierto y plural, donde cada parte del conflicto se siente a exponer sus tésis y, lo más importante de todo, a escuchar las de sus compañeros de mesa. De esta manera no puedo garantizar la paz, pero sí puedo garantizar la solución a muchos problemas y pasos de gigante en poner punto y final al libro del conflicto, escrito con sangre y lágrimas, que ha marcado desde mi nacimiento hasta mis días y que no pienso dejar que marque mi muerte.

Tengo un deseo, al igual que muchos vascos: la convivencia en paz, vivir todos en paz. ¿Qué más puedes pedir a esta tierra? El día que tengamos esas dos premisas nuestros hijos podrán jugar en el parque, crecer discutiendo con sus amigos de política, no llevarán escoltas ni serán perseguidos por sus ideas. Podrán manifestar sus sentimientos con libertad y paz, sin presiones de estados lejanos que no consideren los suyos ni armas apuntando a la cabeza.

¿Por qué no luchamos todos juntos por nuestros hijos, por nuestros nietos? ¿Por qué no luchamos para que ellos vean un amanecer y no se tengan que preguntar, como hacemos nosotros todas las mañanas al levantar, cuándo veremos la libertad?.

Ya va siendo hora de reclamar nuestros derechos, nuestra libertad. Y por la misma razón, prometo dar hasta mí última gota de sangre, prometo quedarme mudo por dialogar, prometo luchar por mi tierra y por su libertad.

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