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Schroeder dice sí, Evans dice no

Nina Kulikova
Redacción
martes, 27 de diciembre de 2005, 00:43 h (CET)
Al enterarse de que Donald Evans, ex secretario de Comercio de EE.UU., declinó el cargo de presidente en la mayor petrolera rusa Rosneft, los expertos locales suspiraron. Unos, con alivio; otros, con un sentimiento de lástima.

La noticia, comunicada por The Wall Street Journal y The Financial Times, pone fin a las especulaciones que la semana pasada ocuparon las páginas de los principales periódicos rusos e internacionales. El eventual nombramiento de Evans como presidente del Consejo de Directores en Rosneft auguraba para Rusia no pocas ventajas pero al mismo tiempo causaba bastantes recelos.

Para las autoridades rusas, la designación de Evans era una manera de demostrar la adhesión a los estándares occidentales en la gestión de Rosneft, la cual pretende salir dentro de poco al mercado de las ofertas públicas iniciales (IPO). Y a la larga, mejorar la reputación de esta petrolera, perjudicada después de que Rosneft adquiriera los activos de Yukos, y de Rusia en su conjunto, cuyas empresas necesitan proyectar una imagen de confianza a los socios extranjeros. El mero hecho de que un profesional tan calificado e influyente haya recibido esta oferta, es una prueba de que las compañías rusas empiezan a actuar conforme a los modelos occidentales, y quieren demostrar su creciente grado de transparencia.

Últimamente, Rusia está empeñada en afianzar las posiciones y la reputación de sus empresas energéticas participadas por el Estado. Una de las primeras medidas que debe contribuir a ello es la liberalización de los títulos de Gazprom, monopolio público del gas en que la participación extranjera podrá ascender del 20 al 50 por 100 menos una acción, gracias a las recientes enmiendas legislativas. Segundo, se ha iniciado la construcción del Gasoducto del Norte de Europa. El proyecto, que causó mucho alboroto, demuestra la capacidad de Gazprom de colaborar con éxito con las empresas occidentales. También cabría mencionar que Rusia pasa a exportar sus hidrocarburos a los países de la CEI a unos precios de mercado. Esa transición es dolorosa y ha provocado ya fuertes fricciones entre Moscú y Kíev, aunque a la larga ayuda a construir una relación más transparente y, por tanto, incrementar la eficiencia del monopolio del gas ruso. En cuanto al sector del petróleo, se contempla que Rosneft va a lanzar una IPO el próximo año, a raíz de lo cual esa empresa podrá salir al mercado internacional y reducir la participación del Estado en el capital social. La contratación de un ejecutivo extranjero que tenga vínculos en diversos países, podría facilitar esa tarea en grado notable.

De momento, hay un precedente único en esta materia, el del ex canciller alemán Gerhard Schroeder. Asumiendo la dirección del comité de accionistas en la North European Gas Pipeline Company, operadora del proyecto, Schroeder podrá contribuir a una solución eficiente de varios problemas inevitables, como la definición de la futura ruta del gasoducto, el eventual impacto medioambiental, etcétera.

El “sí” del antiguo canciller es un nuevo exponente de que Rusia se va integrando definitivamente en la economía global. Moscú ha entrado ya en la recta final de las negociaciones sobre su ingreso en la OMC. Después de la ronda de diciembre, quedan solamente cuatro países con los que Rusia tiene que firmar los respectivos acuerdos. El año 2005 ha marcado un récord de ofertas públicas iniciales lanzadas por empresas rusas. Accediendo al mercado global dominado por las multinacionales, las compañías de Rusia tienen que colocarse a la altura de las tendencias actuales: la expansión hacia el exterior plantea, lógicamente, la necesidad de pasar también a una plantilla multinacional de ejecutivos.

La invitación de Donald Evans a Rosneft dio origen a numerosas interrogantes. Dentro del sector privado de Rusia, la presencia de expertos independientes y ejecutivos extranjeros en los cargos de dirección es una práctica bastante frecuente después del vertiginoso proceso de privatizaciones a principios de los 90, y ha permitido mejorar la calidad de la gestión corporativa. Pero era la primera vez que la oferta venía de una empresa pública clave, y encima, a un ex funcionario de otro país.

¿Es posible que un antiguo funcionario público, quien ha dedicado gran parte de su carrera a los intereses del respectivo país, defienda ahora el beneficio de una entidad participada por otro Estado? El ex secretario de Comercio de EE.UU. es, seguramente, promotor de una o varias multinacionales de origen norteamericano. Una cosa es que un ex funcionario extranjero promueva los intereses de Rusia en Occidente o se empeñe en acaparar las inversiones, sin que éstas se traduzcan en una pérdida del control nacional sobre la empresa, y otra completamente distinta, que contribuya por fas o por nefas al traspaso de Rosneft a un dominio explícito o indirecto del capital foráneo.

Todo indica que las autoridades rusas ya no tienen semejantes recelos. En cualquier caso, Rusia ha demostrado que no tiene miedo de invitar a los ejecutivos de otros países a sus empresas públicas. Por lo cual es muy probable que se siga buscando a nuevos candidatos, y que dentro de algún tiempo aparezcan nuevos personajes célebres, aparte de Gerhard Schroeder, contratados por Rusia.

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Nina Kulikova es columnista de RIA Novosti.

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