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Un presidente llamado 'bobo'

Richard Yovera
Redacción
martes, 27 de diciembre de 2005, 00:49 h (CET)
A pesar de que Cuba trató de ayudar a los damnificados del huracán Katrina que azotó las costas de Estados Unidos, Bush rechazó dicha ayuda y también lo hizo, o lo intentó, con Venezuela e Irán.

Resulta que este presidente se ganó el apelativo de 'bobo' por boca del mismísimo Fidel Castro. El motivo: el gobierno estadounidense desea negarle el permiso a Cuba para participar en marzo en el clásico Mundial de Béisbol, a realizarse en Japón.

Parece que Estados Unidos quiere ser el 'scratch' del torneo y no tener rivales de peso, además de manifestar su oposición frente a Cuba. Hace años perdieron la custodia del balserito Elián, quien iba ser parte de un trofeo de guerra, y Castro lo ganó con todo derecho.

Ahora esta guerra indirecta es a nivel deportivo. Claro está que el señor Bush sigue cayendo en simpatía a nivel internacional y no sólo porque Cuba tiene buenos exponentes del deporte del bate, sino también porque EEUU quiere politizar el deporte mismo como politizó los videojuegos, los alimentos enlatados, sus industrias, su cinematografía, su cultura y mucho más.

Esto me hace recordar las olimpiadas de Berlín, allá por 1936, cuando los nazis expulsaban a quien fuera superior a Alemania, Austria o Finlandia. Según cuenta la leyenda, Hitler manipuló y mandó anular algunos partidos de fútbol y otras disciplinas en las que participaban sudamericanos. También se dice que muchos jugadores negros desaparecieron y algunos fueron encontrados muertos, entre ellos norteamericanos.

Hitler, por su parte, politizó las olimpiadas para hacer saber al mundo de la superioridad de la raza aria -muy absurdo, por supuesto- y nunca quiso reconocer que la raza negra era superior en fortaleza y resistencia en algunas competencias olímpicas, como posteriormente la historia se encargó de demostrar.

Si nos damos cuenta, parece que el actual gobierno de Bush pretende hacer lo mismo; es como si Berlín se repitiera en marzo.

Lo que aún no comprende el señor Bush es que este tipo de torneos se juegan por amor al deporte, representando a una nación y no a una ideología política. Al final los ganadores son los mismos jugadores y ellos serán los inmortalizados y no sus gobernantes.

El torneo comienza el 3 de marzo en Tokio y finaliza en San Diego, California. Esperaremos las próximas decisiones y lo que pueda repercutir luego, sabiendo Estados Unidos que un país comunista como Cuba tiene trascendencia en este deporte y que según las reglas de juego todos deberían participar sin discriminación por raza, color, sexo, y menos por razones políticas.

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